Dani García se rinde y la última cena del año

Tengo una amiga que siempre dice que vale más por lo que calla que por lo que habla. Y me apunto a esta expresión. Cuando escribía la semana pasada recriminando a Dani García su mala gestión y elogiando su bohemia, aunque se empeñe en hablar con las manos en los bolsillos, muchos se enfadaron. Pero sabía de antemano que iba a pasar. Este año, en vez de mirar desde el tendido, he revisado decenas de menús en los puntos más variados de Andalucía. Mi trabajo de investigación parte desde los hoteles de 4 o 5 estrellas que venden cotillón con cena y acaba en restaurantes varios

Dani García se rinde y la última cena del año
PABLO AMATEPREMIO NACIONAL DE GASTRONOMÍA A LA MEJOR LABOR PERIODÍSTICA

No le habrá hecho mucha gracia a la Guía Michelín el portazo que le han dado en la cara Dani García y su restaurante marbellí. Ya lo avisé en mi artículo la semana pasada. Si usted, amable e inteligente lector, leyó mi página del viernes pasado se percataría de mi crítica sobre mi querido amigo Dani García. Algunos lectores me dijeron que fui un tanto severo y los de siempre «que no me enteraba». Pero mi problema es que no puedo contar todo lo que sé, y menos con anterioridad a que ocurra. Pero como escribí, conozco bien a Dani García, marbellí que decidió volver a ofrecer hamburguesas, por mucho lujo que tengan -no olvidemos que hizo una campaña para McDonald's, contándome que le habían pagado una pasta grande-. Pero lo que más me molesta son los 'opinadores' que disertan y sentencian sobre un restaurante donde jamás han comido.

Mala suerte o compañías

Dani, creativo, buen orador -aunque lo haga con las manos en los bolsillos- es un nefasto empresario, como se ha venido comprobando. Y siento mucho su decisión, pero la respeto, porque conozco sus razones y motivos. No obstante, como comprenderán, no soy el tipo de crítico que cuenta los trapos sucios de los demás como si estuviese en ese vulgar programa de Sálvame. Cuando se tuvo que ir de Calima, en el Meliá Don Pepe, ya no me gustó cómo iban las cosas. Se abrió un rayo de luz al instalarse, el sitio jamás me gusto, pues parecía una placeta de un centro comercial, en el hotel Puente Romano, organizando desesperadamente encuentros con grandes cocineros mundiales. Sabía que eso costaba más que lo que se ingresaba. Fue una campaña publicitaria, muy cara.

No soportan la presión

Sólo diré en su defensa que han sido muchos los locales considerados top mundial que no han podido soportar la presión social. Por ejemplo Bocuse, a quien se le dieron a perpetuidad las 3 estrellas Michelin -asunto que jamás llegue a comprender- bajo la cacareada independencia de la 'guía roja'. Otros fueron Alain Senderens, junto al Madelaine, que rechazó las 3 estrellas y puso un menú con manteles sencillos y vino por copas. O el caso de otro querido amigo, Robuchon, que fue el mejor del mundo y puso un bar de tapas, con lujo, pero de raciones en la barra, cerrando su mítico Jasmin parisino. El penúltimo caso fue El Bulli: no le salían las cuentas y la cabeza pensante, Juli Soler, también se difumino en sus cometidos. De modo que seamos buenos y achaquemos este petardazo a los demás.

Menú o 'folletás'

La cena de Nochevieja en muchos negocios tiene 'más ruido que nueces'. Alucino con locales a filo de autovía que ofrecen a los pueblos colindantes fiestas cuyos menús venden por un precio alto, pero que si analizas entre tanta palabrería, resulta que el costo del plato es de 4 euros y se vende a 20, si bien hay que contar con el trabajo de los profesionales que tienen que dejar a los suyos para trabajar esa noche, además de los gastos de luz, cocina, vajilla, limpieza, etc. Pero hay menús de Nochevieja que me recuerdan un monólogo muy divertido. La carta ponía: «Presa de gallináceo atemperado acompañado de perlas de germinado en un crujiente equilibrio». Era sólo pollo con patatas.

Barra libre

¡Qué alegría, que alboroto, hay copas como una moto! La barra libre es un espejismo, ya sea en celebraciones, bodas, bautizos, o en los cotillones de Nochevieja. Pues por mucho que beba algún cliente, se equilibra totalmente a favor del negocio. Todo esto está inventado hace ya mucho tiempo, y cuando un menú para la última cena del año es muy barato, ojo con el 'garrafón'. Puede darse el caso -no digo que suceda- de que se rellenen ciertas marcas. En conocidas cadenas alimentarias ofrecen whiskys, rones, ginebras a menos de 5 euros la botella. Tengan cuidado con la ingesta de alcohol, y más si no se indica en el menú la marca de los vinos, cavas y licores.

Magnum o botellín

¿Recuerdan aquellas botellas de 37 cl de vino, que cuando comías solo en un restaurante eran la única solución para acompañar con vino? Por fin llegó el poder tomarlo por copas. Siempre tarde, con respecto al resto de los países. Recomiendo si son cuatro comprar y disfrutar botellas magnum -son dos botellas normales- por ejemplo de Viña Pomal o Chivite, entre otras.

¿Y la sidra?

Cuando hice un recorrido hace unas semanas por las bebidas espumosas para Nochevieja sólo usé las que se elaboran con uvas, y la sidra se hace con manzana. «Loco, pero no tonto». He viajado muchas veces a Villaviciosa -¿cual será su gentilicio? Debe tener su punto, ¿verdad?- y en concreto hasta he comido en El Gaitero. Esta famosa marca tiene varios tipos: desde el que no es dulce a la sidra tradicional, esa que toman los que se empeñan en brindar a los postres con espumosos, pero no le gusta el sabor brut del cava o champán.

Hoteles con leyenda

Se me ha ocurrido, al ser muchos los que celebran Nochevieja en algún hotel, realizar un breve paseo por los hoteles más míticos del mundo de vez en cuando. Y comenzamos con el mítico Hotel Palace de Madrid, dado que son muchas las personas que van a pasar la Nochevieja en Madrid, en variados hoteles según su peculio. Pero lo bonito es contar alguna leyenda histórica acontecida en este hotel. Por lo pronto, les contaré un secreto: durante muchos años desayuné en el despacho acristalado del jefe ejecutivo de cocina, mi querido Paco Rubio. Allí me servían con todo lujo de detalles: mantelería, vajilla, campanas para que no se enfriara, champán francés... Un desayuno esplendoroso. Algo que muy pocos pueden contar. O ninguno. Mientras, Paco tomaba el espectacular banquete matinal.

Personajes en el Palace

Sus huéspedes han sido y son siempre especiales. Y algunos famosos, como García Lorca, Unamuno, Einstein, Buñuel, Picasso, Dalí -que se alojaba en la suite 136 con su inseparable Gala-, Hemingway, Pavarotti, Borges, Zuloaga, Camba, Blasco Ibáñez, Marie Curie, Nijinsky, Diaghilev, Stravinsky, Kokoschka, los toreros Juan Belmonte, El Gallo y Manolete, Orson Wells, Rod Stewart... Una lista interminable. El Hotel Palace fue construido en el año 1912 en el solar del palacio de los duques de Medinaceli de la Carrera de San Jerónimo de Madrid, que había sido derribado en 1895, a instancias del rey Alfonso XIII, con el objetivo de dotar a la capital de un establecimiento hotelero digno de recibir a la alta sociedad. El Hotel Palace abrió sus puertas al público el 12 de octubre de 1912 con la presencia del presidente del Gobierno, José Canalejas. Tenía cuatrocientas habitaciones.

Inauguración real

D. Alfonso XIII y Dª Victoria Eugenia también asistieron a la inauguración, pero declinaron su presencia a los actos que debían celebrarse a continuación, debido al luto por el reciente fallecimiento de la infanta María Teresa a causa de complicaciones en el parto.

El acto fue amenizado por la Orquesta Sinfónica de Madrid y la tiple Elvira Hidalgo, ocupándose al completo los cuatro grandes salones de que disponía el hotel: Medinaceli, Neptuno, Cortes y Francés. En cuanto al menú que se sirvió, éste consistió en un consomé de ave, cigala con lenguado estilo Newburg con arroz pilaf, tournedó Masena, codorniz Souvarci con judías verdes al vapor, bomba Aida, café y mignardises.

Feliz 2019.

 

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