Una mujer observa una guía sobre Guadix escrita en japonés, en 2005. / TORCUATO FANDILA

DIMES Y DIRETES DE LOS SABORES

Establecimientos 'sauna', vuelos y guías por extranjeros

Desde hace años procuro durante el verano dejar sitio en las costas a los demás. O sea, que yo la playa en invierno. Si bien acudo por trabajo a distintos puntos de la geografía de esos mundos y aprecio la masificación, y eso que ya en agosto no se quedan las ciudades vacías. Veranear, para los que puedan, es un ejercicio notable de voluntad y físico. Con solo coger las bolsas de la compra ya hay deporte

PABLO AMATE

Hay cosas que son innatas al carácter granadino. Y muchas afectan al loado turista, que según qué cifras, cada día llegan más, generando puestos de trabajo y riquezas para algunos. Total, que la culpa la tienen siempre otros. No sé qué hubiese sido de nosotros si la «Alhambra iluminada» estuviese en otra ciudad.

Bares granadinos

Dos y media de la tarde. Campo del Príncipe, Granada. Temperatura: 35 grados. Sensación térmica: 42 Bares abiertos, casi todos menos cuatro, y el antiguo Faquilla en venta. Ninguno con el aire acondicionado puesto. Calor interior insoportable. Tienen pocos o ningún cliente. Los motores de los frigoríficos, congeladores, lavaplatos, cafetera y la propia cocina hacen el ambiente interior muy incómodo. Menos mal que recalo en El Molino, situado al principio de la calle que le da nombre. Su propietario paga más luz en verano, pero lo tiene lleno con gente relajada, y repitiendo consumiciones. Ricas sus originales croquetas de gambas al pil-pil (receta local, no vasca), la pipirrana de sus mejillones y las manitas de cerdo. Y tiene hasta el mosto de Nicolás, de bodega Los Neveros. Firma con más de 60 años de antigüedad.

¿Cómo vienen los turistas?

Me admiro, me asombro, me sublimo. Ya saben que me permito opinar sobre este tema, pues el turista come, mínimo, tres veces al día. Además de generar el PIB más alto de Andalucía. Confieso que no tengo la estadísticas de cuántos vuelos se suspenden, cancelan, anulan y los manda a tomar viento, casi siempre las mismas compañías, en el resto de España. Pero en Granada ya estamos acostumbrados a ser los más agraviados en casi todo. ¿Recuerdan los años que pasamos hasta que se abrió la autovía a la Costa, con aquellas caravanas de coches parados? Creo que las compañías, al menos dos, lo saben, y cuando van con algo de agobio, el baranda de turno de los aviones, por ejemplo Vueling (filial de Iberia, o Ryanair...), le dice al técnico de guardia: «Quita el vuelo a Granada. Estos tragan con todo…» Cada vez siento más vergüenza ajena ver a cientos de personas que quedan tiradas literalmente durmiendo en el suelo del aeropuerto. He llegado a pensar que se ha corrido la voz de que en Granada todo es posible: no hay tren desde hace años, la cola para comprar billetes de los autobuses es de «racionamiento». Y ahora son los aviones.

Volar es chungo

Recuerdo cuando montarse en un avión tenía algo especial. Si me apuran, hasta glamour. Los pasajeros dejaban pasar a las señoras, niños y mayores sin que lo ordenase una azafata de tierra con malas maneras, pues gana una miseria y se levanta a las cinco de la mañana, según turno. En el año 1978, en un vuelo a Mallorca, lleno de andaluces que hacían de camareros y de lo que encartase, una abuelilla se presentó con un cesto donde llevaba una gallina viva. N o hubo ningún problema. La gallina voló con su dueña, que la llevaba para guisarla a sus hijos, trabajadores en la hostelería balear. Yo iba en ese vuelo, y doy fe de que allí no se quejo nadie. Ni la gallina, que se creía que la llevaban de turismo... ¡«angelica»! A hora nos dice Facua, agencia no gubernativa en la que para tener asesoría y que defiendan tus intereses hay que pagar una cuota de socio, que los pasajeros trastocados tienen derecho a 250 o 400 euros de indemnización. Asunto que a las compañías aéreas le importa un bledo, pues disponen de una legión de leguleyos para marear la perdiz y nosotros al reclamar nos cuesta aún más dinero.

Timo vs vanidad

Si usted fue tan amable de leerme la semana pasada en este mismo espacio, le contaba sobre la falsificación que existe en el mundo del vino. Mi caso en Hong Kong fue una anécdota, pues no caí en la trampa, en comparación con la banda atrapada ahora por la Guardia Civil que vendía Vega Sicilia demasiado barato. Lo hacían desde el 2004, en Madrid, Málaga, etc. Ofertaban el Pingus o el señero Vega Sicilia, que valen de 1500 euros, con un vino dentro que no costaba ni 15 euros. Esto es el tocomocho del vino. Que por quererte aprovechar de una ganga o de la estulticia del vendedor, nos la pegan a nosotros. Siempre les recuerdo que deben comprar a proveedores y tiendas que sean serias y con garantías de seriedad y profesionalidad. En el mundo de la alimentación, pescados, carnes, aceites y demás cosas, hay mucho fraude camuflado y consentido. Y los «paganinis», o sea, nosotros, creemos que estamos comprando «gloria». Ayer vi en un conocido supermercado de cadena nacional un producto. Bien en grande ponía «pavo trufado» y en pequeñito indicaba «al aroma de la trufa». Solo con mirar el precio se da uno cuenta de que auténtico no podía ser. Pero siempre hay gente que pica.

Paripé irrellenable

«Señor, este tipo de tapón irrellenable solo lo ponemos a nuestro principal comprador: España«. Siento tener que contarlo. Pero no podría justificar mi testimonio y sentencia. Lo siento por los envidiosos. A lo que vamos: hace muchos años me preparé, estudié y aprendí para lograr el título de Master Blend en whisky. Por tanto, fui en reiteradas ocasiones a Escocia. Algunas con estancias de más de un mes seguido. Estudiaba en la Universidad de Edimburgo y los fines de semana aprendí a conducir por la izquierda. Si bien ya venía un poco sabido de años anteriores de haber vivido en Canterbury y Londres. Partía en una ocasión desde Aberdeen, famoso por su campo de golf, a la destilería de Cutty Shark, a no muchos kilómetros de la ciudad escocesa. Iba a realizar unas prácticas en dicha destilería. Al llegar vi la bandera de España ondeando junto a la escocesa y la británica. Pregunté si es que había un grupo de turistas españoles de visita. Y me dijeron que la habían puesto por mí. La verdad es que fue un detallazo. Total, que tras las prácticas de destilación pasamos a la embotelladora, donde en una gran partida tenían tapón irrellenable y otra aparte de gran volumen de botellas, sin él. Pregunté por qué y ya han leído la respuesta al principio. Por cierto es que el «irrellenable» se rellena fácilmente, como saben algunos negocios.

Guías por extranjeros

Me explico. No entiendo ni concibo que permitan las editoriales españolas editar y difundir una guía sobre España escrita por guiris, con peyorativos y veganos. El otro día hojeaba una, escrita por un par de anglosajones, y en el apartado dedicado a Andalucía, la describían con pueblos sucios y polvorientos. De mujeres desabridas vestidas de negro y una comida infernal, pues no existían restaurantes veganos. La cosa iba a más, pero no les quiero «calentar» los ánimos. El asunto es que esa guía está en el mercado. Y lo que ya clama al cielo es que en la publicación de una reiterada compañía aérea de bajo coste (según cuando) en una de sus paginas recomiendan visitar ciudades en un solo día. El artista que lo firmaba, también anglosajón, indicaba el siguiente horario para conocer Granada. A las 11 de la mañana ir de tapas. A las 13 comer. A las 15 subir paseando al Sacromonte. A las 17 ir a dar una vuelta a Sierra Nevada. A las 19 ir de tapas. Y a las 22 ir a un club de jazz. ¡Olé, olé y olé mi señorito! Pues lo mismo pasa con las recomendaciones de restaurantes, que escribe cualquiera, por gusto o necesidad, sin tener una mínima formación gastronómica. Otra cosa es que le guste comer y beber a reventar. Que grande es Internet. No sé qué haríamos sin él. Yo sigo usando diccionarios, pero caigo en redes más veces de la cuenta. Tengan cuidado con esos cuerpos y no se pongan malitos.