Cuando la gastronomía no es negocio

De vez en cuando, la vida da alegrías. Y tenía pendiente contarles que hay gente buena. La prensa tiene un ritmo, en ciertos temas no diarios, que cuando aconteció lo que cuento ya había 'entregado' mis textos. Por eso, hoy narro dos emotivos momentos que me reconcilian con la humanidad

Imagen de la comida de Albihar./IDEAL
Imagen de la comida de Albihar. / IDEAL
PABLO AMATEPREMIO NACIONAL DE GASTRONOMÍA A LA MEJOR LABOR PERIODÍSTICA

Aún quedan personas nobles por estas tierras. Y aunque las buenas noticias 'no venden', es de ley que les describa lo acontecido. ¿Saben que hay millones de personas en España que viven solas, aunque muchas tengan familia? Y existe aún gente que tiene su vida resuelta, pero saca tiempo de donde no lo hay para acompañar unas horas a estos mayores solitarios que, por variados motivos, pasan semanas sin que nadie les hable, sin poder ver a sus vecinos o familiares.

Albihar, gente buena

Yo no tenía idea que este grupo, totalmente desinteresado y entregado a cuidar a personas mayores, llevan más de veinte años haciendo el bien a cambio de solo recibir una sonrisa. Albihar, en silencio, sin protagonismo alguno, da cariño del verdadero a los mayores solos. El que ni se compra ni se vende. María Rosa Reinoso, coordinadora de voluntarios de dicha fundación, organiza una vez al año un encuentro culinario entre sus mayores a los que cuidan. Y no es un concurso, porque todas (en este caso mujeres) merecieron ganar. Catorce platos, muy diferentes, pero vencedores en los múltiples apartados.

Concurso de platos

Siempre he dicho que hay dos cosas que unen a la gente, «comer juntos y cantar a voces». Por eso, fue entrañable estar en la terraza con todas las señoras 'gourmet' que rebosaban alegría. Y muy cuidadas, como siempre por el personal, también femenino y encantadoramente guapos que conforman las empleadas que las cuidan. Solo hay un hombre, Ramón, que hace el mantenimiento, y también transmite cariño y respeto por los 'huéspedes' junto a ese equipo humano variado -monjas, laicos, benefactores- que cuida con paciencia y agrado a las mayores. Enhorabuena a todas.

El Refugio

Existe un oasis en el corazón de Granada. Lleva construido desde 1900 y pico y lo pagan los benefactores de su bolsillo, junto a lo que puedan aportar sus alojados. Lo dirige la Ilustre y Venerable Hermandad y Hospital de la Caridad y Refugio, fundada en la época de los Reyes Católicos, cuyas primeras constituciones datan de 1513. El centro fue hospital de mujeres hasta 1910 y, a partir de ahí, se convirtió en residencia. Su actual edificio, bella residencia, se está ampliando para acoger a más señoras que viven solas. Dicho centro, con una pátina antigua rodeada de amplio espacio y huerto, tiene dos dirigentes aparte de la comunidad de religiosas. Está Mª del Mar Olmedo, directora de Recursos Humanos y Encarnación Martínez, directora del centro.

Un día especial

Me lo contaba mi querido amigo el doctor Alfonso González Utrilla, vicehermano mayor de tan ilustre y venerable Hermandad, cuyos cuya titularidad, en muchos casos, va pasando de padres a hijos, teniendo estos que aportar desinteresadamente provisión económica para su mantenimiento. Es una loable actitud en nuestros tiempos. La muestra cocineril contó con la generosa contribución, como siempre de esta familia Mariscal Delicatessen, con su buen jamón y queso que a las ancianas les encantaron. Participó Carranza, y el otro gran apoyo fue la generosidad de nuestro querido Antonio Robles, presidente de Covirán. Y quiero contarle algo muy importante. El año pasado, Antonio Moya, dueño del Asador de Castilla, dio de su bolsillo una gran comida a todos los ancianos de su restaurante. Es un hombre bueno y cabal que no presume de nada. ¡Pues ni lo mencionaron los periódicos siquiera! ¡Grande Antonio y su familia! Gracias de parte de ellos. Y me apresuro a indicar que yo no estaba, y otras sí.

Gracias, voluntarios

Hoy la palabra voluntario puede hacer referencia hasta a quien va a una carrera a repartir agua o a ayudar en cualquier tipo de acontecimientos fiesteros. Los voluntarios a quienes hoy me refiero son apenas visibles. Hacen su labor, que brindan sin retribución alguna, y regalan algo hoy muy preciado: su tiempo. Y un gran factor añadido, que tampoco se compra con dinero: el cariño. Fíjense cómo son de discretas que no querían figurar. Y sólo me han permitido poner sus nombre propios, sin apellidos, muchos bien conocidos: Mimi, Carmen, María, Celia, Mª Victoria, Feli, Moni, Pili, Mariana, Joana, Alba, Carolina, Manolo, Lola, Mª Ángeles y alguna más.

Un colegio gourmet

La otra satisfacción, sin ánimo de lucro -algo insólito en estos días- fue volver al colegio que dirige Toñi Navarro y tiene un profesorado vocacional, entre ellos mi siempre admirada musicóloga Encarna Pastrana, que junto al resto de sus compañeros docentes inculca el sentido de la igualdad y el respeto a todos los demás. Y cada año hacen un ciclo para enseñar a comer bien a los alumnos. Creo que son los estudiantes que más saben de nutrición y sanas costumbres alimentarias. Da satisfacción charlar con ellos, muy atentos, con preguntas idóneas, y ni uno se distrae. Le gusta el tema y descubrir cosas nuevas para comer y vivir mejor. En ese colegio no he visto ni un niño con la grave pandemia de la obesidad mórbida infantil.

Entrañable ejemplo

Cada año, un grupo de alumnos se da un 'trabajazo' para hacer un póster donde cuentan mi vida, con dibujos geniales de mí. Ponen mucho de su tiempo y yo lo recibo como el mejor regalo del mundo. Sus conocimientos, gracias la entrega de los docentes, y desde el bedel hasta la cocinera, son notables. No es un trabajo nada fácil educar y enseñar a jóvenes de 7 a 10 años. Es una edad en la que, si no tienen buenos ejemplos, se van directos a lo malo, sin dudar. También valoré, y mucho, que algunas madres se vinieran a la charla y preguntaran sus dudas, con la de cosas que tienen que hacer. Poco a poco haremos que la mayoría de la gente joven, hoy, sean personas de bien mañana. Gracias, colegio Virgen de Fátima de Cenes de la Vega, por educar bien.

Mi tique, por favor

Cambio de tema, que tengo el teclado del ordenador chorreando de lágrimas. No hay manera. En la mayoría de los casos, muchos hosteleros no los dan y otras tantas, los clientes ni los piden. Y más tarde viene el crujir de dientes y los demás pensamientos: «¡Vaya clavada que nos han pegado!» ¿No crees que han cobrado de más? Si estas personas que se quejan a posteriori hubiesen pedido y/o cogido de la bandejita del cambio su tique y lo hubiesen revisado, no habría esta duda. Hay un absurdo pudor del que paga la cuenta, sea en un bar o restaurante, que no mira la cuenta. Todavía nos queda como un gen chulesco de soltar un billete o la tarjeta de crédito y exclamar en plan sobrado: «¡Cobra niño!» Aunque el camarero tenga más años que un palmar. Sean buenas personas...