DIMES Y DIRETES DE LOS SABORES

Humanitario, sillas ruido y mujeres

Ya saben que soy fiel a los amigos de verdad, y una vez más quiero recordar a una gran persona. El diseño de los restaurantes sigue olvidando la confortabilidad, cuando un cliente puede pasar tres horas sentado en su local

PABLO AMATE

No sé escribir obituarios. Ya lo hizo delicadamente Fernando Argüelles. Yo soy más de 'humanitarios' en los que recuerdo los buenos ratos de la persona querida que se nos fue. Y hoy, quiero contarles algo de Emilio el del Trasmallo, para aquellos que no lo han conocido. Escribía Ramón Gómez de la Serna, sobre una frase que se dice cuando fallece una buena persona: «¡ Siempre se van los mejores!» Y añadía: «Y hay que ver lo que duran las malas personas» Yo también lo creo. Y si había una persona trabajadora, generosa, con sensibilidad ciudadana, que cuando pedían su ayuda jamás daba la espalda, era él. Siempre el primero en ayudar, colaborar y regalar su trabajo y su dinero. Madridista hasta la medula, yo me reía mucho, cuando fue a ver a su equipo de fútbol, creo que a Italia. Por seguridad, les hicieron andar unos kilómetros, y Enrique no hacía más que preguntar a su querido amigo y socio, Manolo Carrascosa: «¡ Pero aquí no hay una cervecita pa' tanto trecho!» Hoy brindo por tu recuerdo, con un gin tonic, en lo que eras también maestro al prepararlos. Se te quiere.

Sillas incómodas

Cómo se nota que los dueños de los restaurantes y el resto de la plantilla de los restaurantes, se tiran horas y horas de pie. Y que decir de los camareros buenos de las barras. Comprendo que muchos dueños se dejen seducir por los cantos de sirena de ciertos interioristas que prefieren el diseño frente a la lógica placitud que requiere el estar sentado algunas horas en un restaurante. Son terribles las sillas de plástico, por muy bonitas que sean. Como haga calor, se te pega el 'culete' al asiento, algo insufrible. Tampoco controlan el respaldo, fundamental. Sólo un ejemplo: el diseño de los asientos de Volvo lo hace un traumatólogo. ¿Qué mejor conocedor de la más cómoda postura para nuestra espalda? Ir a comer y estar incómodo durante todo el yantar es un tormento insufrible.

Mucho ruido

Hay una normativa municipal que incumbe a los locales que tienen público y, sobre todo, a los que ponen música en la noche. Hay destacadas sentencias que han condenado severamente a establecimientos que abusaban de los decibelios, los cuales molestaban a los inquilinos colindantes. Pero yo me refiero al insufrible ruido que se produce cuando un comedor está lleno. Conozco un par de ellos en los que, en una mesa de cuatro, me resultó imposible escuchar a mi comensal de enfrente. Y la mesa no era de las grandes. Además, en estos casos se produce un efecto rebote y cada comensal sube su tono de voz para que les escuche el de enfrente. Este serio problema, siguen si solucionarlo muchos restaurantes. Y ante esta situación, decidí hace tiempo dejar de acudir a su local. Es tan desagradable comer allí que hay que ser muy masoquista y algo mastuerzo para soportar el suplicio del ruido. Yo me imagino a esos sufridos camareros, haciéndose entender entre ese bullicio y estridencia, por cual de una deplorable insonorización interior. En vez de tanto chisme raro, controle el ruido de su local y comprobará que no hay quien lo aguante.

Mujeres hosteleras

No me refiero a que sean solo las dueñas. Hago un amplio genérico, ahora que por fin estamos defendiendo el sacrificado trabajo de las féminas en muchos gremios. Pero en hostelería y hotelería –quizás porque lo conozco más– se producen casos de juzgado de guardia. Ya he criticado el duro trabajo de las camareras de piso en los hoteles, y me da la impresión de que poco o nada se ha mejorado. A veces, los contratos, si existen, son tan precarios y leoninos que poner en la calle a la señora que reclama dignidad y derecho resulta muy barato. Hay cola para ocupar su puesto. Hoy tampoco hay recato en dejar sola a una señorita al frente de una recepción la noche entera. Hasta cierto punto, me parece igualitario, pero que su sueldo sea el mismo que el de su compañero varón. Para ambos vaya mi solidaridad. No saben lo delicado que es pasar una noche despierta en un hotel sencillo. Nada de un cinco estrellas que goza de seguridad propia, me refiero a los hoteles de tres estrellas y cuatro, que dejan a cargo de la recepción a una señora sola para atender a quien llame a la puerta, aunque sean las cuatro de la madrugada.

Mujeres cocineras

Tampoco me refiero a las pocas cocineras famosas que existe en España. Aunque a Samantha Vallejo-Nágera la veo yo muy justita como chef, más bien lo hace muy bien dirigiendo su cátering y buscando diseños para hacer todos los anuncios publicitarios, de pingües beneficios para su peculio. Suerte que tiene, que no tiene que guisar para ganar, en su caso, mucho dinero. Mi recuerdo y homenaje va dirigido a esas esposas que se levantan aún de noche y junto a su marido se encaminan a su bar cafetería, en muchos de los barrios de España, para que a las siete de la mañana estén los cafés, churros y/o tostadas preparadas, para los otros trabajadores a los que no les ha dado tiempo ni a desayunar en casa. Estas señoras continúan su jornada, pues a partir de las once de la mañana hay que preparar las tapas. Sus tapas. Esas que gustan y disfrutan sus parroquianos y que le han dado fama y negocio a su local. Los parroquianos son amigos, conocen sus cuitas y discuten por lo que encarte, si bien 'la sangre nunca llega al río'. Su jornada, en muchas ocasiones, se prolonga, comiendo a salto de mata si además ofrecen menú de día. Ya al anochecer, y con suerte, se retira a su casa, para seguir trabajando.

Escuela del vino (VII)

La mayoría de las veces solo nos fijamos en la etiqueta principal, por conocida o por novedosa. En ella se tiene que poner también la capacidad. En ella se pone el nombre en grande. Si es de una Denominación de Origen que va a ayudar a venderse mejor, y a veces el tipo de uva, si esta es singular o prestigiosa. Pero si queremos saber más, y a veces la verdad de dicho vino, hay que mirar con detalle esa contraetiqueta a la que pocos prestan atención. Esta información le ayudará y aportará un valor distinto a beberlo, ya que tendrá un conocimiento más amplio de ello. A diferencia de la información de la etiqueta, en la contraetiqueta del vino podemos encontrar datos más técnicos, científicos o gastronómicos. En su contenido hallará información básica como la variedad de uva con que se elabora el vino, el año de cosecha, o el sello de denominación de origen. Pero también los hay que aplican mucha fantasía y poca documentación útil. Por lo pronto no se crean lo del maridaje que propone la bodega. Las hay que recomendarían su vino hasta con el café con leche.

Más datos

La contraetiqueta también puede incluir una pequeña nota de cata para que degustemos el vino. En una buena contraetiqueta no pueden faltar las indicaciones para servir el vino correctamente, indicando en ella la temperatura apropiada. La contraetiqueta también funciona como un sello de identidad que sirve como garantía para los consumidores, ya que indica su procedencia y la calidad del producto. En esta parte se suele poner el precinto de la Denominación de Origen. Si bien, hoy día podemos encontrar solo una añada, lo cual nos indica que no se acogen a la normativa que se creó en Rioja para ayudar al consumidor a comprender el vino y sus diferentes precios. Compren con vista…