Turismo de ferias, sueldos y puestos de trabajo

Turismo de ferias, sueldos y puestos de trabajo
EFE

Cómo estará la cosa que, en la Feria de Sevilla, mi amigo en su caseta nos puso whisky 'genérico'. No crean que es broma. El costo que tiene montar y mantener las casetas familiares pequeñas (por el 'qué dirán') aprieta hasta tal extremo que el humor sevillano hace de la necesidad guasa

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No sé si existe cómputo de lo que genera una feria, entre sueldos, productos que se compran y venden. Y por supuesto, lo bebido, dado que hay numerosas personas españolas y extranjeras que viajan a España a conocer y disfrutar sus fiestas populares. El inicio son las Cruces de Mayo, festividad que en muchos lugares para España es el cohete de salida a nivel nacional. Siempre sin olvidar las patronales de villas, anejos y pedanías.

Patios de Córdoba

Andalucía tiene centenares de festejos y romerías, pero sólo referiré las más significativas. Todo un mes duran 'los patios de Córdoba'. Es un periodo epicúreo de belleza visual en los callejones y placetas del barrio de la Judería cordobés. Combina con agrado el propicio diseño de su entramado urbano, patios de casas particulares, pletóricas de macetas y altivas tabernas y locales que rezuman la tradición de la Asociación de Plateros, cuyos beneficios al expender vinos de Montilla-Moriles se dirigían para ayudar a huérfanos de joyeros. Cuentan en las mismas fechas su cabalgante y 'la cata', una serie de casetas que venden vinos de la provincia patriciense.

La feria de Sevilla

Es una de las más famosas del mundo, publicitada y conocida por los cuatro continentes. El sevillano se vuelca en todos los sentidos en no faltar a su feria y montar su caseta. En su mayoría son privadas. Los hispalenses señalan con clarividencia y orgullo altanero que la caseta de feria de abril es una prolongación de su hogar, por tanto, solo entran los que quiere el dueño 'de la casa/caseta'. Esta norma se lleva a rajatabla y frustra a miles de visitantes que peregrinan por el Real, teniendo que recalar en alguna caseta pública, que nada tienen que ver con el ambiente de esas pequeñas casas de telas. Según sus propietarios, tienen ese derecho. Por tanto, vaya con amigos, pero de verdad, no de boquilla.

¿Beber fino, solo fino?

Hace 45 años, unos amigos fuimos por primera vez a la Feria de Sevilla. Éramos todos de Granada. Llegamos al Real, nos admiten en una caseta privada y pedimos unos cubalibres. El tiempo se paró entre los farolillos y los requiebros del baile por sevillanas. Muy serio y en su papel, el encargado de la barra nos miró de arriba abajo y sentenció con voz grave y potente para que casi todos oyeran el escarnio público: «Aquí en la Feria solo se bebe fino, nada de tonterías». Y allí nos vimos a las tres de la madrugada tomando ese vino, al que en Andalucía Oriental no estábamos acostumbrados. Hoy ya si se bebe de todo y a todas horas.

Feria del Caballo

Para mí, es la mejor feria de España. Personalidad propia, bellas casetas y todas abiertas al público jerezano y la humanidad, siempre que se acceda con educación y se consulte en la puerta si se puede pasar. Lo mismo ese día hay algún acto de los socios que la pagan y necesitan todo el espacio, pero normalmente se puede pasar. Si bien, no vayan a ir dos docenas juntos, se apropien del ambiente y algunos más alegres de la cuenta de 'la nota'. El tronío de Jerez se palpa en su paseo de coches de caballos, caballistas y casetas donde el fino de todo tipo de bodegas del marco de Jerez está presente, junto a ricas chacinas y jamones, ibéricos auténticos. No se le ocurra aparecer como obsequio con un jamón de raza blanca. Le auguro un mal trance.

Corpus de Granada

Siempre ha tenido su idiosincrasia, propia de los granadinos. Cuando estaba en el Salón y Paseo de la Bomba, eran famosas las casetas de la Policía Armada, Telefónica y algunas particulares, estas más al estilo de Sevilla. Pionera fue Los 17, que comenzaron a guisar sus socios. No a vender una comida más vulgar, dado que a las casetas se iba comido. Y se pedía sangría, una bolsa de maní u otra de patatas fritas. Eran verbenas, no feria andaluza. El Compadre, con sus conocimientos de Andalucía Occidental, comenzó con un apartado privado además de su caseta insignia, donde no paraban la música de sevillanas.

Corpus, hoy

La gente comenzó a probar el fino porque era muy andaluz, y algunas chicas a bailar sevillanas y cruzar las palmas. Y surgió la bicefalia. El centro, la crisis y más cosas, hicieron que la gente dejara de tener caseta propia y arrimarse a la del amigo. Otros optaron por pasear el casco antiguo de la ciudad. Hubo unos años en que el real granadino estaba lánguido. No había casetas ni dinero. Muchos optaron por irse a la playa y otros a tapear en los bares de siempre. Hoy la cosa parece haber mejorado en el real del Almanjáyar y con gente en la ciudad. Pero a Granada no se la hace andaluza en un siglo; o más.

Sanlúcar Marinera

Todo gira entorno al único vino femenino: la manzanilla. Como todas las ferias, mejor es tener algún amigo con contactos en la ciudad ferial. La cosa cambia, y mucho. Las casetas sanluqueñas son mucho más abiertas que la hermética Híspalis. Pero en algunas puede que indiquen, y llega a ser verdad, que están llenas. El mediodía yo lo he disfrutado mucho con mi amigo del alma Antonio Barbadillo, con su familia y la mía. Es un ambiente agradable por el tamaño de la feria y la amabilidad de sus caseteros. Por supuesto, se venden langostinos tigre, y todo el tipo de marisco de la zona. Y no faltan el pescaíto frito y las tortillitas de camarones, bien hechas. Feria familiar, con buen cartel taurino y mucho arte entre sus gentes.

Feria de Málaga

La más peculiar. Única que bebe vino blanco dulce, a litros en plena calle, bares y peñas. Se llama Cartojal y hace unos años obligaron a que las botellas fuesen de plástico -pues el consumo se hace a morro- en medio de la calle. Y con el vino templado. ¡Qué mérito! Pero llevan años y años con la feria del mediodía, donde la calle Larios y la plaza de la Constitución son el eje de las mujeres y hombres vestidos con sus trajes regionales mientras cantan verdiales. El pretérito baile y cante tiene un sonido redundado con un inaudito instrumento de cuerda y la pandereta que frenéticamente marca el ritmo. La noche se traslada a las casetas de las peñas en el extrarradio, en la carretera que va a Torremolinos.

La de Almería

De las grandes manifestaciones fiesteras andaluzas es singular, irrepetible y gastronómica. Acontece a final de agosto. Y no hay otra en España en que se coma tanto, pero sin perder el respeto y la atención a lo que sucede en la plaza, no como en Pamplona, donde le dan la espalda al albero mientras el torero se juega la vida. La feria de día transcurre en el corazón urbano de la capital, donde se puede tapear, hasta en una farmacia, como yo hice; y no aspirinas. La Plaza Vieja es epicentro. Ese día no sé si podrá entrar en el templo Casa Puga. Como siempre, al anochecer se traslada el bullicio, tras los toros, al real. Allí se puede ver amanecer, si encarta.

La flor de 'Graná'

Vaya una pista. Javier Plata, dueño de la ferretería -siempre llena- Santa Clara, del Zaidín, me cuenta del tapeo zaidinero con calidad. Nada de roscas de chóped. Vamos juntos a la calle Albuñol, a un paso de su negocio a invitarle a una cerveza. Por cierto, hay variedades como la maña Ámbar. Así como Estrella de Levante, normal y Punta del Este. Susana y su hermano Alejandro lo regentan. Tienen una amplia y segura terraza y bar pequeño, pero autentico. Javier y yo tomamos la tapa -se puede escoger de un amplio surtido y generoso tamaño- de manitas de cerdo. Susana las depila, una a una. Precio, ajustado sea la cerveza que sea.