«Hay que desprenderse de la pomposidad del vino»

Javier gestiona una de las tabernas más antiguas de la capital, la Taberna Granados. /Tatiana Merino
Javier gestiona una de las tabernas más antiguas de la capital, la Taberna Granados. / Tatiana Merino

Defensor del disfrute del vino y la formación, el padre de la sumillería granadina sigue dejando huella

Tatiana Merino
TATIANA MERINOGranada

Se le conoce como uno de los grandes pioneros en el mundo del vino de la provincia. Miembro fundador de la Asociación de Sumilleres de Andalucía y defensor de la popularización del sector, aglutina acólitos y fieles seguidores cuyo reconocimiento es prueba tangible de la gran labor que ha desarrollado durante más de cuarenta años.

–¿Cuándo decide adentrarse en el mundo del vino?

–Desde mis 16 años trabajaba en el mundo de la hostelería, pero fueron los cinco años que ejercí de barman en Ibiza los que me abrieron las puertas de este enriquecedor mundo, a principios de los años 90.

–¿Cómo nace la Asociación de Sumilleres de Andalucía?

–El proyecto llegó de la mano de Juan Muñoz Ramos, uno de los grandes profesionales que ha dado este país y que casualmente es natural de Campotéjar. Él fue quien contactó con Antonio Carrillo, Juan Carlos Moreno de La Casa de los Vinos y conmigo. Tres apasionados del vino, que ante tal propuesta sólo podíamos aceptar. Fue en el año 1986.

¿Cuál era el espíritu de aquella pionera asociación?

–La finalidad de la asociación es, y sigue siendo, promover la formación y acercar el mundo del vino a quien guste. Por ello, sigo siendo miembro, ahora con menos responsabilidades después de casi 20 años como presidente, ya era hora de dejar paso a las nuevas generaciones.

–¿Cuál ha sido su trayectoria laboral?

–Recorrí diferentes restaurantes y tabernas, pero durante muchos años he estado vinculado a la formación y el asesoramiento, de hecho nunca me he desvinculado. Durante una época estuve trabajando en distribución hasta que decidí rescatar la Taberna Granados, un local insignia de Granada que nace en 1922, y durante algunos años convivió como alpargatería y taberna. Tras jubilarse los hermanos Granados y pasar por varias manos, llegó a las mías. Reconozco que su historia evoca cierto romanticismo y he intentado, junto a mi hermana, mantener la esencia de la bodega primigenia.

–¿Cómo se encuentra el mundo del vino en Granada?

–El tema del vino tiene un futuro enorme y el público responde muy bien en cuanto le transmites que no es tan inaccesible como en ocasiones parece, por ciertas pomposidades que en los últimos años se han adherido al mundillo. Lo importante es llegar a aquellos que quieren disfrutar del vino, sin que se sientan cohibidos. No hace falta saber distinguir los matices secundarios en boca para disfrutar de una copa de vino.

–¿Cuál es su opinión sobre los vinos de la tierra?

–Los vinos de Granada, como en todo, hay mejores y peores. Pero las bodegas salen poco a ver qué se está haciendo fuera o cuáles son las tendencias. Nos renovamos muy poco y abandonamos la formación. Todo eso al final pasa factura. Los granadinos no conocen sus bodegas, ni sus vinos. Lo mejor de esta tierra es la multitud de climas y altitudes que aglutina, eso da vinos de una singularidad especial.

–¿A qué apuntan las tendencias vinícolas actuales?

–Se tiende a suavizar la presencia de madera. Aunque aporta complejidad y longevidad al vino, no deja de ser un 'postizo' que en ocasiones también camufla las propias virtudes y matices naturales.