La carne a la piedra, una de las especialidades de la casa. / RAMÓN L. PÉREZ

MESÓN ALEGRÍA

Alegría de carne asada

Un clásico en el que nunca te equivocas, en pleno corazón de Granada

JESÚS LENS

Para coger fuerzas y templar el cuerpo antes de que empiecen las representaciones en el Teatro Isabel la Católica o al terminar, para comentar al calor de una buena carne la obra vista o los solos de saxo y trompeta recién escuchados; el Mesón Alegría es lugar de paso… y parada obligada para aficionados, público, periodistas, técnicos y programadores culturales de Granada.

Estratégicamente repartidos por la peatonal calle Moras, los grandes barriles de madera oscura que hacen las veces de acogedora, generosa y expansiva mesa, llevan siendo mudos testigos de tertulias, conversaciones y encuentros de amigos desde 1995, cuando abrió sus puertas de negro hierro forjado uno de los mesones con más personalidad del centro de Granada.

De larga tradición hostelera y culinaria y tras haber trabajado los pescados, las tapas y las raciones, el matrimonio formado por Manuel Fernández y Carmen López, acompañados por sus hijas, Elena y Mari Carmen, se lanzaron a la aventura y decidieron ser pioneros en su tierra, abriendo el primer Asador de Granada.

Más de veinte años después, la familia Fernández López sigue al frente de un restaurante cuyos humeantes platos de carne no dejan de excitar la pituitaria de los viandantes, invitándoles, provocándoles a su paso. Carne que se asa en su propio jugo, poco a poco, en ardientes superficies refractarias, a gusto del comensal, para que cada quien le de el punto exacto a su entrecote o chuletón.

Mari Carmen lo tiene claro: el plato estrella de su carta es el cordero lechal de Burgos, asado al carbón de encina, como se viene haciendo en el Alegría desde 1995. Una exquisitez, una delicatessen que se deshace en la boca. Otro de sus clásicos es el soberbio y contundente chuletón de buey, asado a la piedra, bien jugoso.

La brasa nunca falla / R.L.P.

También a la brasa, el bacalao, que no solo de carne vive el habitual del Alegría. Para los amantes del verde, un plato con un cierto toque de riesgo: sus pimientos de Padrón, que unos pican y otros non. Y el tradicional remojón granaíno, combinación del salado del bacalao con la refrescante naranja, es otra de las exquisiteces de la carta del Alegría. Además, amplia variedad de ensaladas multicolores, de la Tropical a la Exótica, sin olvidar esos cogollos de lechuga con aceite y anchoas del Cantábrico.

Huevos rotos, valor seguro

Y, como bien dice Mari Carmen, imprescindibles sus famosos panes con salsa Alegría, que no pueden faltar ni de noche ni de día; enormes rebanadas de pan asado que ponen a prueba la fuerza de voluntad del más duro y acérrimo de los antipanistas.

El Mesón Alegría saca sus barriles a la calle todo el año, convirtiendo su terraza en una de las más animadas del Centro, aun en lo más crudo del crudo invierno granadino, cuando será necesario arrimarse a una buena estufa que caliente el cuerpo por fuera mientras se le templa por dentro a base de buen vino y mejor cerveza, siempre acompañados de generosas tapas de pollo en salsa, salchichas o ensaladilla rusa. Y sus embutidos. Ojo a sus embutidos.

En diferentes momentos del año, el Mesón Alegría organiza las tradicionales y extendidas catas de vinos, las menos habituales catas de aceites y unas muy sorprendentes catas de pan, convertidas en marca de fábrica.

Y tras su exitosa experiencia con cenas líricas, el último maridaje culinario- cultural que acogió el Mesón Alegría tuvo al vino y al flamenco como protagonistas: en una cata de caldos a los que la bodega había bautizado con el nombre de diferentes palos de flamenco, cada degustación fue acompañada por su interpretación musical correspondiente, dándole todo el sentido a la frase de Dante según la cuál, el vino siembra poesía en los corazones.