Antonio Medina y José Manuel García, en Másquevinos. / ALFREDO AGUILAR

Diez años brindando a los pies de la Catedral

Con una importante ampliación y una reforma de su cava, se adentran en la nueva década siendo mucho más que vinos

TATIANA MERINO

En un pequeño callejón de Zacatín se encuentra esta emblemática taberna que inició su andadura fiel a la idiosincrasia que marca las formas clásicas de taberna. Un servicio en el que la barra tenía el peso y los vinos el protagonismo absoluto. Poco a poco fue creciendo y abarcando nuevos retos, persiguiendo un espacio gastronómico más allá de los encurtidos, los aperitivos fríos o las latas gourmet. Y así, Antonio Medina y José Manuel García han hecho de su pequeño rincón en Tundidores, una parada conocida por turistas y granadinos.

Con más de 100 referencias en su carta de vinos, se diferencian sobre todo por ofrecer una variedad de más de 30 vinos por chateo, lo que facilita el consumo de excelentes sorbos para quienes disfrutan solos del vino, para aquellos que compartan plato sin coincidir en la elección del maridaje, para los bolsillos más ajustados o simplemente para las visitas cortas. Defensores del producto de la tierra no iba a ser menos en su selección de caldos, por lo que disfrutar de los vinos de Granada es sencillo en su carta.

El recorrido por vinos nacionales que es posible catar sin salir de su salón es valor reconocido por todos aquellos que aprecian los buenos caldos. Siempre atemperado según sus necesidades y cuidados con profesional mano, sus vinos dan siempre la mejor calidad en copa. Entre las últimas novedades, el servicio de descorche, con el que el comensal puede llevar su propia botella de vino y consumirla en el restaurante. Con un coste simbólico de siete euros, esta opción brinda la oportunidad de poder compartir una de esas botellas que nos regalaron tiempo atrás y no encontrábamos el momento de acompañar con una buena cena.

La importancia y el mimo hacia afrontado como una obra de arte, y así se puede apreciar en su nuevo salón de la primera planta. Un espacio íntimo y exclusivo que rompe ese entorno de taberna clásica, donde han querido cambiar por completo la estética de ese antiguo concepto. Su cocina es de corte tradicional. En ella los sabores mandan y los platos evocan recuerdos de nuestra infancia. Entre sus entradas, el buen jamón, las croquetas caseras o el tartar de kumato con melva de almadraba y anchoas, son algunas de las peticiones más habituales. Y es que tan sólo de sus croquetas podríamos hablar largo y tendido, de setas, jamón, espinacas… un poco de todo.

Sus huevos rotos con patatas de Güéjar Sierra, que ofrecen en diversas opciones, mantienen ese toque de cocina de abuelas que tanto se aprecia y agradece. Los amantes de la carne disfrutarán seguro con el chuletón de vaca gallega con Denominación de Origen, el guiso de rabo de toro, el codillo al horno, la suculenta carrillera o el cochifrito ibérico al estilo cordobés, que es conocido por toda su fiel clientela.

Y es que su jefa de cocina, Licdamia Meneses, conoce bien el paladar de todo aquel que cruza su tranco, pues desde aquel año 2008 en que abrieron por primera vez las puertas de Másquevinos, no ha cejado en su empeño por seguir creciendo junto a sus fogones. Sin dejar atrás las tapas que tan popular han hecho a la capital granadina, no desatienden la calidad ni los sabores propios de la provincia. Una taberna de ambiente familiar que, sin despegarse de ese mágico carisma, se presenta como una nueva opción combinando su renovada imagen con el nuevo espacio donde las reuniones de amigos, las cenas privadas o las catas guiadas encuentran su lugar natural.