Gastrobitácora
El ajoblanco de Ana: un lujo Entre Olivos
Damos rienda suelta a nuestra pasión por una de las sopas frías andaluzas por excelencia. ¡Incluye receta original!
Granada
Una vez más fusionamos dos páginas hermanas. Y es que, cuando mi querida Ana María Gutiérrez, de Cocinando Entre Olivos, cuyo Blog es imprescindible, me ... envió su receta de ajoblanco, empecé a babear. Así que decidí robársela, que se trata de uno de mis platos favorito de la vida. «En este caso, en lugar de la almendra tradicional, utilizamos la harina de habas secas que se elabora en Alhendín, un ingrediente humilde pero que le da a esta crema fría una textura finísima y un toque a tierra inconfundible», explica Ana. «Para rematarlo, un tartar rápido picando higos frescos y jamón serrano que consigue una mezcla de dulce y salado irresistible. Un plato con acento granadino que entra solo y bien frío».
Ingredientes: 2 o 3 dientes de ajo, 100 g de miga de pan asentado, 125 ml de aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas colmadas de harina de habas secas, sal y vinagre al gusto, 1 litro de agua (menos si se prefiere más denso), 6 higos frescos, 100 g de jamón serrano picado en taquitos pequeños y Aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: para preparar el ajoblanco, comenzamos poniendo la miga de pan en remojo con un poco de agua fría para que se ablande. En el vaso de la batidora echamos los ajos pelados (sin el germen central), la miga de pan escurrida, la harina de habas secas, el vinagre, una pizca de sal y el aceite de oliva virgen extra. Trituramos todo bien hasta obtener una pasta fina. A continuación, añadimos el agua poco a poco hasta lograr el espesor deseado. Rectificamos de sal si hace falta y lo guardamos en la nevera un par de horas, ya que debe servirse bien frío.
Por otro lado, preparamos la guarnición lavando los higos y retirándoles el rabito y la parte inferior. Los picamos a cuchillo en dados pequeños y los mezclamos en un bol junto con el jamón serrano picado, añadimos aceite de oliva virgen extra y mezclamos. Para servir, vertemos el ajoblanco helado en tazones o platos hondos y colocamos en el centro una buena cucharada del tartar de higos y jamón justo en el momento de llevar a la mesa.
Ajoblancos con cosas
El ajoblanco está cada vez más extendido y se toma en cuanto empieza el calor, que además de refrescar e hidratar, es una soberbia fuente de nutrientes para el organismo.
Recordemos que los ingredientes esenciales del ajoblanco son ajo, aceite de oliva, almendra y sal. Además de agua, por supuesto. También lleva pan y, según los gustos, un chorreón de vinagre. Además, se acompaña de trozos de fruta para darle un toque dulce y compensar sabores. Se trata, por tanto, de un plato más calórico que el gazpacho clásico, pero la cantidad de propiedades que atesora lo convierten en saludable al máximo.
Gracias a las almendras molidas, aporta ácidos grasos de los buenos, su dosis de fibra y minerales como potasio y magnesio. Tiene vitaminas B y E y, por todo ello, fortalece los huesos y protege la piel. Si le sumamos el aceite de oliva virgen extra y sus ácidos oleicos, este plato combate el colesterol malo e incrementa los niveles del bueno, además de ser enormemente cardiosaludable, protegiendo el corazón y favoreciendo la circulación sanguínea.
Como su propio nombre indica, el ajo es otro de los ingredientes esenciales de esta receta, por lo que seguimos cuidando el corazón y la circulación de la sangre, además de protegiendo el sistema inmunitario. La sal, siempre con moderación, aporta las dosis de sodio necesarias para el cuerpo y, dependiendo de la fruta que añadamos –uvas, melocotón, melón, manzana, cerezas…– hasta el postre nos lo podemos llevar puesto con un buen ajoblanco.
Además, podemos acompañarlo de diferentes elaboraciones… siempre que nos guste espeso, más tirando a una crema fría que a una sopa. Se le puede añadir pescados marinados, con los que el ajoblanco combina extraordinariamente. Por ejemplo, boquerones, jureles o sardinas. Con unos buenos mejillones también combina.