Manu Ferrón en la terraza de Los Diamantes II, en su nuevo emplazamiento. / RAMÓN L. PÉREZ

Una Alhambra con | Manu Ferrón, músico y escritor

«El arte y la cocina se definen por su punto de fragilidad»

Manu Ferrón se declara defensor acérrimo de la tapa de calidad y de los bares como espacios en los que se recibe la 'reverb' del trabajo de los artistas

JESÚS LENS Granada

El próximo viernes, 13 de mayo, Grupo de Expertos Solynieve abre los conciertos del ciclo Momentos Alhambra Distrito Sonoro. Será en la explanada del Palacio de Congresos, gratis y abierto a todo el mundo. Quedamos con el músico y escritor Manu Ferrón, miembro del Grupo, para hablar de música, bares, cafés, cerveza y creatividad en Los Diamantes II, que se ha trasladado a su nueva y espectacular ubicación, frente al Cuarto Real de Santo Domingo, en uno de los espacios más recogidos y con mayor encanto de Granada.

–¿Cómo se plantea el concierto?

–Con muchas ganas, tras dos cancelaciones por culpa de la pandemia y de un accidente de tráfico. ¡A la tercera va la vencida! Tenemos una especial motivación y que sea abierto al público es lo más parecido a normalizar la situación. Será la celebración de una triple vuelta a la vida.

–¿Habrá alguna sorpresa que nos pueda adelantar?

–Vamos a tocar por primera vez en directo una canción nueva, 'Una grieta', que tiene parte de crónica social, de esa denuncia que es nuestra marca de fábrica y un final esperanzador. Tenemos muchas ganas de reconectar con el público en general y el granadino en particular.

–¿Por qué nos hemos citado en Los Diamantes II?

–Los Diamantes es uno de los bares de mi vida. Mi primer recuerdo del bar es con mis pardres, tal vez un Jueves Santo, antes del Silencio, y siempre he vuelto. Desmiento a quienes decían que no se podía entrar. Con un poco de paciencia, siempre había sitio.

–¿Me desmiente que segundas partes nunca fueron buenas?

–Absolutamente. De hecho, este local es una evolución natural del original. Me encanta que tengan sesos, algo muy poco habitual. Hay locales que se definen por platos muy especiales y los pido siempre que voy, como el steak tartar de Altamura. Cuando salgo, me gusta comer cosas que no puedo preparar en casa, hechas con técnicas que no manejo.

–Es usted 'cocinicas'?

–Como dicen los flamencos, soy buen aficionado y me defiendo. A pesar de ser tragón y nada tiquismiquis, procuro no comer cualquier cosa. Me gusta comer bien y, si puede ser, bien y mucho. (Risas). Por ejemplo, en la Fuensanta, que santifica el producto de temporada con sus bodegones. No tiene cocina, pero cuando pido de comer, me da gloria bendita. ¡Su manera de entender la hostelería es puro compás flamenco! Allí, mi vena del vino se estimula y se satisface. Soy ignorante en esas lides, como me pasa con los aceites de oliva, y me dejo llevar por los amigos, exquisitos y sensibles, que siempre me sorprenden.

–¿Hablamos de la tapa?

–Soy un defensor acérrimo de una tapa no especulativa. Es una cortesía del anfitrión que no debe perderse jamás. Que en la tierra de la malafollá exista la tapa habla muy bien de su hospitalidad. Pero no debe ser exigida por el cliente, y mucho menos reclamar más cantidad, que detesto eso de 'comer con tres tapas'. El hostelero, por su parte, debe ratificar esa cortesía con buena calidad. Una rodaja fina de salchichón, que no arruina a nadie, pero que sea bueno.

–¿Qué valora usted en bares y restaurantes?

–El detalle. Un delantal blanco, el gesto al echar una cerveza, la autenticidad, la falta de impostura. Ese punto de fragilidad que define al arte y la gastronomía me coge pellizco, cuando se llega al punto justo, sin escatimar y sin pasarse. La maestría de sitios como el Bar FM, fuera del centro y los focos, o el desaparecido Gallo Rojo de la Chana.

–¿Qué papel desempeñan los bares en su vida creativa?

–Muy importante. La música que he hecho sería diferente sin ellos. Son punto de encuentro y filtro. Bares de día y bares de noche han generado y hasta degenerado aspectos relacionados con la música. (Risas). Allí se produce la 'reverb' del acto creativo: hablas, chequeas, comentas un libro, una película... Son pura comunicación.

–¿Es de escribir en cafés?

–Antes, mucho. En el Café delGato o en el Lisboa. Es básico pegar el oído y transcribir lo que se escucha. Soy muy ortodoxo respecto a la lengua escrita y heterodoxo con la hablada y trato de hacerlo notar. Espero recuperar esa tradición.

Menú degustación

  • Un ingrediente AOVE, sal, ajo y pimienta

  • Un plato de la infancia Arroz caldoso de mi madre

  • Una tapa para abrir boca Los sesos de Los Diamantes II

  • Una cocina internacional La nikei japo-peruana

  • Dulce favorito Las natillas caseras