Médico, catedrático de Fisiología y experto en Nutrición y Alimentación
En 2016 le dieron el premio Nobel al investigador japones Yoshinori Ohsumi que, al estudiar el efecto del ayuno en ratas, descubrió que el someter ... a los animales a programas de ayuno intermitente ejercía en su organismo un efecto muy saludable. Descubrió que cuando un organismo siente que no le llega suficiente energía, empieza a 'quemar' todo aquello que está defectuoso, en mal estado. Es como si nos quedamos sin calefacción en casa, hace frío y decidimos quemar en la chimenea una mesa coja y vieja que tengamos en el trastero. Esto se llama autofagia, término que viene del griego: «comerse a sí mismo». Es el proceso por el cual las células reciclan sus propios componentes dañados u obsoletos. Es literalmente el sistema de reciclaje y mantenimiento interno de nuestro cuerpo.
Se ha demostrado que la autofagia es un poderoso mecanismo que utiliza nuestro cuerpo para hacer limpieza de vez en cuando. Hoy día sabemos que estimular la autofagia en nuestro organismo se asocia a una reducción de padecer cáncer, Alzheimer, Parkinson, envejecimiento acelerado del organismo y desarrollo de enfermedades metabólicas.
La forma que tenemos de que nuestro organismo se ponga a ello y nos desembarace de toda la basurilla y de las células potencialmente dañinas es lo que se llama el ayuno intermitente.
Recientemente (enero 2026) se ha publicado el estudio más completo sobre este asunto. Se revisaron 99 estudios realizados sobre los efectos del ayuno intermitente que incluían a más de 6.000 sujetos obesos sometidos a todas las modalidades del ayuno intermitente. Y resultó que el más eficaz era el ayuno en días alternos. Se confirmó que el ayuno intermitente redujo más rápidamente el peso, la adiposidad, mejoró el perfil de los lípidos en sangre, mejoró las cifras de glucemia y redujo los marcadores inflamatorios. El efecto era más potente con un ayuno intermitente que con una dieta continuada. El patrón más utilizado, por su comodidad y por sus efectos saludables es el del ayuno nocturno.
Una de las propuestas más populares consiste en un ayuno intermitente más suave intercalando otro más severo. El día suave, podemos comer lo que queramos, cada cual según sus necesidades, entre la hora a la que nos despertemos y las cuatro de la tarde y hacia las nueve de la noche tomamos algo de fruta. A partir de ese momento no comemos nada hasta la mañana siguiente. El día más estricto, es similar al anterior, pero a partir de las cuatro de la tarde solo puede entrar agua en nuestro organismo. Hay gente que se queda solo en la modalidad suave, de lo que ya obtiene enormes beneficios para la salud. Los más atrevidos pueden seguir el programa completo o sus variantes. Por ejemplo, la fase más estricta, la de solo agua a partir de las cuatro de la tarde, pueden hacerla solo dos días a la semana.
Antes de abordar este tipo de ayuno debe consultar con su médico por si pudiera existir alguna incompatibilidad médica. No obstante, esta forma de comer es natural al organismo humano. Somos hijos del hambre, como ya indiqué hace años en mi libro 'El mono obeso'.
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