Una Alhambra con | Antonio Romera Manrique, dueño del Bar Cafetería Valencia 84 del Zaidín
«En los barrios, la gente sabe que bares como éste estamos para lo que necesite»
Bar Cafetería Valencia es un clásico bar de barrio de los de toda la vida. Abrió en 1984 y mantiene su esencia
Granada
Es un negocio familiar que ahora regenta solo Antonio. Su hermana Loli, esencial en el proyecto, se retiró hace unos meses.
–¿De dónde le ... viene al Bar Cafetería Valencia 84 su nombre?
–Es sencillo: el edificio es Valencia portal 3, y mis padres le pusieron ese nombre en 1984, cuando todo el entorno estaba rodeado de campo.
–¿Nos cuenta algo de su trayectoria?
–Mi padre, con su gran visión de futuro, siempre decía que era la zona de expansión de Granada y que se avanzaría mucho urbanísticamente. Comenzaron con un pequeño Café-Bar y fueron comprando el local que lindaba para ir mejorando el negocio, siempre con mucho esfuerzo y sacrificio. Soy, al igual que mi hermana Loli, de una generación a la que nos enseñaron a sacrificarse. No puedo quejarme, pero para llegar a la tranquilidad hay que pasar momentos muy duros. Primero, la pérdida de mi madre en 2015 y de mi padre en 2021, que nos pilló a los dos más de sorpresa. Fue una etapa muy difícil, siempre mostrando tu mejor cara porque el negocio se mantuvo abierto. Y ahí pasó de ser un negocio familiar a tener empleados, pero sin perder la esencia de familia y hacerles sentir muy cómodos sin obviar responsabilidades.
–¿Qué horario tiene?
–Tras la pandemia, pusimos un horario definido desde las 7:00 a las 20:30. Es una de las mejores decisiones en hostelería, porque antiguamente los bares en los barrios se sabía cuándo abrían, pero no cuando cerraban.
–¡Y los siete días de la semana!
–Me gusta abrir todos los días, lo reconozco, y vamos rotando y adaptándonos todos. La verdad que tengo gente muy 'apañá' conmigo trabajando y esa es la clave del éxito. ¡Gracias, Zahida, Cristina y Ángel! Dan aire fresco.
–¿Tiene muchos parroquianos?
– La verdad que sí. Yo crecí en este barrio y fui un niño que jugaba, pero a la vez estaba muy pegado al negocio y tengo muchos clientes de toda la vida que me siguen llamando Antoñito. Otros por desgracia se fueron. La verdad es que en un barrio somos muy importantes: la gente necesita ese aliento de conversación o de saber que estás para lo que necesites. Y más cuando la gente se hacer mayor.
–¿Y le queda tiempo libre?
–¡Sí, que hay vida más allá del bar! Intento hacer un poquito de deporte y salir al campo con la bici de montaña: desconexión de la urbe. Salir a correr también me gusta. Los jueves intento no fallar a mi cita con Aravenal, peña de fútbol 7 que echamos un rato con algunas leyendas del Granada CF, aunque lo mas largo es el tercer tiempo. (Risas). También me encanta salir de cervezas con amigos e intentamos coincidir mi mujer, Loli, y yo para echar una cerveza, cenar y tener nuestros momentos de pareja. Y me gusta ir a Golco, mi pueblo, y ver a mi tío Paco, el hermano de mi padre. Es reparador, que allí se para el tiempo.
–El jamón de Juviles, esencial, ¿no?
–¡Mucho! En los 90, mi padre comenzó a comprarle a Pepe en un pequeño secadero de Juviles. Hoy, ya sabéis de su expansión. Y sí. Hemos pasado de vender por piezas y algún bocadillo y tostadas, a ser uno de los puntos fuertes del negocio, la tostada de jamón al corte. Además, otras tostadas: atún, aguacate, queso gratinado, y cómo no, nuestra apuesta por un gran café. Nuestro proveedor, desde que abrimos, es Cafés Cali. Y los pasteles Robles de Santa Fe y también Vílchez. Somos un bar cafetería con recuerdos del pasado, manteniendo algunas tapas de siempre como la carne en salsa, los callos o el salmorejo, .
–¿Aporta estar cerca de Los Cármenes y del Palacio de Deportes?
–¡Mucho! Conciertos y eventos en el Palacio de Deportes primero. Luego vino el campo de fútbol y los ascensos nos dieron mucho a los negocios de Pintor Maldonado.
–¿Sufre con y por nuestros equipos?
–¡Mucho! Muchos nervios siempre.