Borrar
Inauguración del primer supermercado de Madrid, el 18 de diciembre de 1958 M. Santos Yubero /ARCM
Bienvenido, místersupermercado
Gastrohistorias

Bienvenido, místersupermercado

Después de varias pruebas el primer establecimiento en España se inauguró en San Sebastián en agosto de 1958

Ana Vega Pérez de Arlucea

Jueves, 4 de julio 2024, 23:53

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Americanos, vienen a España guapos y sanos... ¡Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío! Ole Virginia y Michigan y viva Texas que no está mal, no está mal. Os recibimos, americanos con alegría...». Así cantaba Lolita Sevilla en 'Bienvenido, míster Marshall' (1953) dirigida por Berlanga y cinco años después, el jueves 7 de agosto de 1958, la donostiarra María del Carmen Ramos de Usandizaga debió de pensar también en aquellos americanos que venían a hacer nuestros sueños realidad. Y esta vez de verdad, no como en la película.

Doña Maricarmen tuvo el honor de cortar la cinta inaugural y de ser la primera clienta del supermercado Número Uno, abierto con mucha pompa, circunstancia, ministros y obispo en los bajos del viejo Gran Kursaal de San Sebastián. Aunque previamente ya se habían hecho pruebas instalando pequeños autoservicios en un mercado de Madrid y otro de Barcelona, el súper de la capital guipuzcoana fue el primero oficial y por eso recibió no solo el aburrido nombre de 'Número Uno', sino una amplísima cobertura en prensa.

Recuerden que la 'Operación Supermercado' se había puesto en marcha más o menos secretamente en 1956 como una estrategia destinada a modernizar el comercio y distribución de alimentos, dinamizar la economía y hacer entrar al país de sopetón –carrito de la compra mediante– en el siglo XX.

Alberto Ullastres Calvo, ministro de Comercio e impulsor del plan, llevaba meses preparando el terreno sobre cómo funcionarían aquellas tiendas importadas de Estados Unidos. El 2 de junio de 1958 inauguró en Barcelona la XXVI Feria Oficial e Internacional de Muestras y aprovechó que estaba allí la plana mayor de los empresarios para dar un discurso en el que metió una larga cuña dedicada a quejarse de lo mal que funcionaban las tiendas tradicionales de comestibles.

Imagino que todos los presentes se sorprendieron cuando el ministro admitió que en España había un gran problema de abastecimiento en cuanto a calidad, cantidad y variedad de alimentos. No era habitual que el Gobierno reconociera dificultades y menos aún una mala gestión, pero Ullastres habló del déficit de producción nacional, de la dificultad de las importaciones y de que las soluciones para abaratar los precios o mejorar la distribución no habían funcionado. Es más, declaró que los remedios intervencionistas habían conducido «muchas veces al acaparamiento, a la retirada de productos del mercado o al mercado negro».

Los intermediarios

Según dijo, el verdadero obstáculo eran los intermediarios y el sistema de tiendas minoristas, que contribuían a que el precio final para el consumidor duplicara o triplicara al coste de producción. Eso sigue ocurriendo hoy en día, pero en 1958 el ministro y su equipo estaban seguros de que ese sobrecoste se reduciría centralizando el abastecimiento, eliminando intermediarios comerciales e implantando el autoservicio.

Para ello se recurriría a la intervención estatal pero de forma temporal, esperando que los empresarios privados vieran enseguida las bondades del formato supermercaderil y las copiaran usando su propio dinero. «En definitiva», dijo Ullastres, «os estoy hablando de lo que nosotros en el ministerio conocemos con el nombre de 'operación Supermercado'».

El plan gubernamental era ambicioso: comprendía desde la producción del alimento hasta su venta al por menor. Igual de la famosa operación solo nos hemos fijado hasta ahora en el producto final (las relucientes tiendas, las inauguraciones con bendición obispal o la novedosa posibilidad de comprar de todo en un único comercio) pero en realidad implicó un tremendo esfuerzo colectivo.

La idea era abrir grandes establecimientos con muchos pasillos, estanterías y frigoríficos y, a la vez, tener con qué llenarlas. La Comisaría de Abastecimientos y Transportes fue la encargada de supervisar un plan del Gobierno que abarcaría tanto la modernización de la industria alimentaria como el almacenamiento, distribución y gestión de existencias, intentando racionalizar todo el proceso desde el momento de la producción hasta el de compra.

No es casualidad que la estrella del test que en 1957 se montó en Madrid (en el mercado Barceló) fuese una carnicería-charcutería: carnes anteriormente descartadas o vendidas como de tercera y cuarta categoría se reaprovecharon en productos procesados (salchichas, carne picada, etc.) gracias a la refrigeración o a nueva maquinaria. La congelación a gran escala y la elaboración de conservas permitirían guardar alimentos de temporada y sacarlos al mercado más adelante o cuando hubiera escasez de ellos.

«Lo que nosotros hemos emprendido», avisaba el ministro Alberto Ullastres, «ha sido una industrialización del pescado, de la carne y de las legumbres para llegar a este resultado: una mayor suma de alimentos que ofrecer al consumo y una mayor garantía en cuanto a sanidad, calidad y peso que se harán realidad en los supermercados».

En aquel verano de 1958 todas las fases de la operación estaban preparadas para entrar en acción, pero se eligió comenzar en el norte de España supuestamente por ser la región que mayor número de veraneantes recibía. Se especuló con Bilbao, Gijón o La Coruña, pero al final la elegida fue San Sebastián, donde (¡qué casualidad!) veraneaba Franco.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios