Ilustración botánica de Euphorbia y logotipo de Tabay, en un anuncio de 1946.

Gastrohistorias

El chicle 'made in' Canarias

A mediados del siglo XX se popularizó en España una singular goma de mascar hecha con la savia de una planta isleña, la tabaiba

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

A mediados del siglo XX se popularizó en España una singular goma de mascar hecha con la savia de una planta isleña, la tabaiba

Se vende leche de tabaiba dulce, en pasta y líquida». «Compro tabaiba dulce siempre que sea muy blanca y muy limpia». «Vendo resina de tabayba dulce en bruto». «Dispongo de látex tabaiba dulce en savia y panes, soliciten información». Si cogen ustedes un periódico canario publicado entre 1947 y 1950 es muy probable que en la sección de anuncios por palabras encuentren reclamos parecidos. En Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y especialmente en Fuerteventura hacía furor el comercio de un producto singular, prácticamente desconocido fuera del archipiélago y que sin embargo se enviaba en grandes cantidades desde Canarias hacia Barcelona.

La razón la encontramos en otro anuncio bastante menos críptico, publicado en el diario 'La Vanguardia' en febrero de 1953. «Tengo disponible goma tabayba para fabricación de chicles», decía. La goma de mascar llevaba más de 30 años triunfando en España, pero salvo honrosas y frustradas excepciones (como La Victoria en Madrid o Chicledominó, de Valencia) el mercado había estado siempre copado por marcas extranjeras. El chicle Adams, el más conocido a principios del siglo XX, gozaba del prestigio que entonces daba ser un producto estadounidense y de la publicidad que le proporcionaba el cine. En casi todas las películas de Hollywood aparecía algún personaje –preferentemente joven y rebelde– masticando sin cesar aquella goma yanqui que, sin que los espectadores españoles lo sospecharan siquiera, procedía realmente de las selvas del Yucatán.

Hará un par de años que conté aquí tanto la historia del chicle como los curiosos acontecimientos que llevaron al tzictli azteca a convertirse en un símbolo cultural de EE UU, pero da la casualidad de que hablé recientemente del mismo tema en la radio y gracias a ello encontré un nuevo y chicloso filón. Aneyma León, periodista canaria y redactora del programa 'Julia en la Onda', me contó que antiguamente los niños de las islas solían hacer su propio chicle con la savia de una planta autóctona llamada tabaiba. Buscando información sobre el asunto encontré un amplísimo estudio publicado en 2014 en el anuario del Instituto de Estudios Canarios bajo el título de 'El chicle de látex de tabaiba dulce'. En él el médico tinerfeño Fabián Hernández Romero cuenta que la leche de tabaiba fue mascada por los guanches desde tiempos inmemoriales y que además fue la materia prima del primer chicle 'made in España'.

Remedio contra la sed

La tabaiba o tabayba dulce (Euphorbia balsamifera) es una planta presente en todas las islas Canarias. Al igual que los cardones o dragos que la suelen acompañar, la tabaiba hace frente a las altas temperaturas y la aridez del suelo gracias a su capacidad para almacenar agua en tallos y hojas. De su carnoso tronco se puede extraer un líquido blanco que a lo largo de la historia ha tenido diversos usos, desde antídoto contra los efectos tóxicos de otro látex natural, el del cardón, hasta adhesivo para sellar toneles o pegamento de quita y pon para cerrar momentáneamente las ubres de las cabras lactantes.

Los antiguos guanches utilizaban la leche de tabaiba como remedio contra la sed y bálsamo para la piel, pero sin duda su función más relevante era la de limpiar los dientes. Del mismo modo que los aztecas elaboraban su chicle con savia de zapote, los indígenas canarios dejaban secar el látex de tabaiba dulce para conseguir una pasta gomosa que se podía mascar alegremente durante horas sin que perdiera volumen.

El historiador portugués Gaspar Frutuoso (1522-1591) ya reparó en esta costumbre al escribir 'Saudades da Terra', una descripción de las islas del Atlántico Norte en la que indicó que de la savia de tabaiba «se hace visco o liga, el cual es blanco como masa de pan de trigo, y algunas personas se ponen esta masa en la boca porque dicen es buena para limpiar los dientes». Por su parte el ilustrado tinerfeño José Viera y Clavijo apuntó en sus 'Noticias de la historia general de las Islas de Canaria' (1772) que aquella leche vegetal era «tan dulce que después de cuajada y reducida a una pasta gelatinosa la suelen mascar los paisanos».

El potencial comercial de este producto pasó desapercibido hasta 1912, año en que el semanario 'Las Canarias' informó sobre la posible apertura en El Hierro de una fábrica que utilizaría tabaiba autóctona para producir caucho.

Apuesta personal del periodista y político Ricardo Ruiz Benítez de Lugo, esta iniciativa acabó fracasando pero quizás fuera la inspiración de otro emprendedor isleño. En 1945 el grancanario Augusto Hernández Rodríguez (1903-1960) patentó un procedimiento para la fabricación de chicles «usando como materia prima de goma la obtenida del látex de la planta euforbia balsamífera». También registró la marca comercial Tabay, nombre con el que saldrían al año siguiente al mercado los primeros chicles hechos en España y a base de producto 100% nacional. Hernández se asoció con una empresa barcelonesa, Compañía Hispanoamericana de Alimentación S.A., para fabricar aquellas pastillas de sabor a menta que durante los años 40 y 50 refrescaron bocas, patrocinaron un equipo ciclista y dieron de comer a tantos campesinos canarios.