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Los vinos de Los Luises, siempre con buenas sorpresas, y sus sugerentes Secretos de pestiño. J. L.
Cine, vino, tabernas de barrio y quesos artesanales
Gastrobitácora

Cine, vino, tabernas de barrio y quesos artesanales

Irse al bar al salir del cine para comentar la película recién vista es una de esas costumbres que te reconcilia con los placeres sencillos, pero esenciales, de la vida

Jesús Lens

Viernes, 3 de mayo 2024, 00:04

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Cuando terminó la proyección de 'Civil War' estaba tocado. Necesitaba reordenar las ideas. Al salir de los cines del Serrallo me gusta ir a Sancho Casual Burger para probar la hamburguesa del mes, que siempre es una agradable sorpresa. Pero esta vez necesitaba algo más de tiempo antes de comentar la película, así que tiramos para abajo y fuimos caminando a Los Luises, un sitio fetén.

Me encanta que haya tabernas como Los Luises fuera del centro. ¿Glosarán las inmobiliarias sus bondades cuando traten de convencer a un potencial cliente para comprar un piso en los alrededores? Yo, desde luego, lo usaría como argumento de venta. Si se habla de los colegios, las zonas verdes, los equipamientos deportivos, las comunicaciones, paradas de metro o bus y aparcamientos, ¿no habría que destacar los buenos bares del entorno como elemento diferencial?

Me acuerdo ahora de un amigo al que encontraba tristón y alicaído justo antes de su mudanza. Nos había estado dando la murga –por no decir la brasa, lisa y llanamente– yo qué sé cuantísimo tiempo con las maravillas del adosado que se había comprado en una urbanización del área metropolitana, piscina incluida. Pero cuando llegó el momento de irse, parecía deprimido. Lo achacamos a los recuerdos personales atesorados en el piso que dejaba, pero qué va. La cosa era más prosaica. O más romántica, según se mire: se había venido abajo cuando se despidió de los parroquianos del bar de debajo de casa. Del bar de la esquina. Del garito de toda la vida donde, como decían en Cheers, todos conocen y te saludan por tu nombre de pila y saben cuál es tu sitio favorito de la barra. Aunque había quedado en volver, le sonó al 'quedamos como amigos' tras una ruptura amorosa.

Tabernas como Los Luises deberían revalorizar el precio de las viviendas de alrededor y sus vecinos tendrían que visitarlas con una devoción entre lo místico y lo terrenal, así se lo digo.

Al llegar, pedimos unas manzanillas. Ocupamos nuestra mesa alta favorita, que justo se había quedado vacía, y pasamos al tinto. En estas situaciones, más que dejarme aconsejar por el sumiller de la casa, me pongo directamente en sus manos y dejo que decida por mí. El nuevo crack de la casa, joven pero sobradísimamente preparado, nos sugirió un tinto de Toro que había abierto ese mismo día y que, efectivamente, era un lujo. Se trataba de un Vía Cent de Bodegas Viñas del Cenit, un 100% tempranillo de Zamora. Y nos advirtió, eso sí y para que luego no hubiera malos entendidos, el precio de la copa. Máxima transparencia y confianza, como debe ser.

Aprovechamos para pedir las clásicas carrilleras, uno de los platos de taberna que más me gusta, con sus patatas fritas, pero de verdad. A las patatas, me refiero. Y ese bocado sorprendente y original al máximo: el secreto de pestiño. No les digo más, que para eso es un secreto, pero háganse un favor y vayan a probarlo.

Ya más tranquilos y relajados, tuvimos tiempo de hablar de la película. Y de otras muchas cosas. Que no hay como un buen vino para conseguir que fluyan los pensamientos y las palabras.

Aunque ya les he hablado en la apertura de hoy largo y extenso de Terrae, el congreso gastronómico organizado por la división gastronómica de Vocento en Gran Canaria, no me resisto a hacer un último apunte: los quesos artesanos de la tierra. Me fascinó el cariño que les ponen en todos los ámbitos, empezando por los restaurantes y terminando por el mismísimo avión, que Binter los sirve en su menú aéreo.

En un congreso gastronómico se disfruta de cocina de autor, claro. Varios de los cocineros rurales que participaron en Terrae dieron lo mejor de sí mismos, también, a los fogones. Cuatro cracks de Gran Canaria nos enamoraron con su menú en la fantástica Casa Romántica de Víctor Lugo, empezando por el chef residente, Aridani Alonso; junto a José Luis Espino, de Restaurante Bevir; Abraham Ortega, de Restaurante Tabaida y Matteo Pierazzoli, de Restaurante Ceniza.

En Hacienda La Rekompensa, Jennise Ferrari y Borja Marrero, de los restaurantes granacanarios Qué Leche! y Muxgo respectivamente, cocinaron junto a Vicent Guimerá, de Antic Molí de Tarragona y Maria Solivellas, de Ca Na Toneta de Mallorca. Y el cántabro Nacho Solana, que se marcó un solo descomunal en La Pizarra.

Pero también hubo ocasión de disfrutar de la cocina tradicional de Canarias en La tasca de Juan Pedro, empezando por sus quesos artesanales, como les decía, que tuve la suerte de maridar con una Milno de Cervezas Alhambra. Y es que allá donde vayas, nuestra cervecera de cabecera ha puesto una pica en Flandes. Ropavieja, gofio, cabra, más queso artesanal en forma de tarta, papaya… Un puro deleite.

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