El cocinero agricultor de Granada que es feliz entre habas y alcachofas
Una cocina de proximidad y tradicional. Tiene claro que la gente acude a un restaurante para disfrutar y contar con la mejor materia prima resulta clave para conseguir su objetivo
ALBERTO FLORES
Hablar de Diego Higueras, propietario y chef de La Cantina de Diego, restaurante de Monachil, es hacerlo de una persona que se mueve entre ... el huerto y la cocina como pez en el agua. Es su hĆ”bitat natural y basta con un bocado de cualquiera de sus elaboraciones para darse cuenta de que es un autĆ©ntico maestro de sus productos. Ā«DefinirĆa mi cocina como de proximidad, asequible y sostenible. Siempre respeto los productos y la tradición pero sin separarme de las nuevas tecnologĆasĀ», asegura Diego, que tiene claro para ser feliz tiene que estar frente a los fogones porque Ā«lo que me gusta es cocinarĀ».
Su restaurante acumula mĆ”s de dos dĆ©cadas de vida, 21 aƱos concretamente, y desde sus inicios ha conseguido establecerse como uno de los rincones fijos a visitar por todos los amantes de la buena gastronomĆa. En Monachil, al lado del rĆo, en un lugar que permite respirar tranquilidad y pureza, mismas sensaciones que se tienen al atravesar las puertas de su establecimiento. Ā«Monachil lo tiene todo: tranquilidad, el campo que tanto me gusta, cercanĆa con Granada⦠Es maravillosoĀ», asegura con orgullo el monachileƱo.
De magisterio a los fogones
Aunque al escucharlo hablar da la sensación de que lleva absolutamente cada dĆa de su vida enfrascado entre recetas y sartenes, su relación con la cocina no ser convirtió en una realidad hasta bastante tarde, ya casado y con hijos. Ā«Casi por inercia me dediquĆ© al magisterio pero en un momento determinado me di cuenta de que lo que realmente me apetecĆa era cocinar, que es lo que mĆ”s me gustaĀ», cuenta Diego, que hasta los 38 aƱos no se decidió a dar el giro que su vida necesitaba y dejar el magisterio para dedicarse a su vocación. Ā«En esta vida tienes que dejarte llevar por lo que te apasionaĀ».
El cambio en su vida fue bastante grande y no hubiera sido posible sin el apoyo de MarĆa JosĆ©, su mujer. Ā«TenĆamos un huerto pegado al rĆo y decidimos montar una terraza de veranoĀ», un proyecto que llevaron a cabo durante tres aƱos. Sin embargo, el cuerpo le pedĆa mĆ”s. Ā«Lo que querĆa saber realmente era si podĆa seguir despuĆ©s de una experiencia de este tipo y decidimos construir el restauranteĀ», confiesa Diego. Desde entonces, 21 aƱos de Ć©xitos que le han permitido convertirse en todo un referente no solo en su pueblo, sino en la gastronomĆa granadina. Su forma de entender la cocina ha permanecido invariable desde sus inicios ya que su objetivo siempre ha sido el mismo: estar satisfecho con lo que hace. Ā«No montĆ© el restaurante para hacerme rico sino porque es lo que me apasiona, cocinar es lo que mĆ”s me gusta. Que la gente pueda conocerme a travĆ©s de mis platosĀ».
La huerta de Diego
Otra de las cosas que tampoco ha cambiado es su amor por su huerta, su otra gran pasión. Ā«Si algĆŗn dĆa tuviera que dejar la cocina serĆa agricultor, sin ninguna dudaĀ», asegura el cocinero. Gran parte de su cocina, por no decir toda, se basa en productos locales como la alcachofa o el haba. Ā«AquĆ tenemos productos de muchĆsima calidad e intentamos que la gente reconozca lo que tenemos de nuestra tierra. Cada vez se apuesta mĆ”s por los productos de Granada y es algo lleno de beneficiosĀ», explica Diego, que comenta que suele ser bastante habitual que cocine con productos que Ā«por la maƱana estaban todavĆa en la mataĀ».
AdemĆ”s de visitar su huerto, le gusta elegir cada uno de los productos que entran en su cocina, algo que deberĆa hacer cualquier cocinero segĆŗn su criterio. Ā«Voy a comprar todos los dĆas menos el domingo y el de descanso. Ir al frutero, al pescadero o al carnicero y encontrarte productos maravillosos que, aunque no los tenga en carta, acabo aƱadiĆ©ndolos como sugerenciaĀ». Algo que se refleja en su carta, siempre sujeta a cambios y con una gran cantidad de sugerencias. Ā«Apostamos por una materia prima de calidad, un cocinado que no transforme mucho, una buena presentación y dar un gran servicioĀ», ofrece como claves. Ese Ćŗltimo aspecto, el del servicio, es uno a los que mĆ”s importancia da ya que Ā«la gente no viene a alimentarse, viene a disfrutar. Y eso se consigue con una buena comida y un trato agradableĀ».
Reconoce que aunque su vocación por la cocina surge en el entorno familiar, principalmente por su madre y su abuela, se considera bastante autodidacta. Desde el pasado mes de marzo de 2020 ha elaborado alrededor de 100 nuevos platos. Ā«La pandemia me ha dado la posibilidad de trabajar mĆ”s en mi cocina. Hemos estado parados mĆ”s de cuatro meses pero yo estaba cada dĆa a las nueve de la maƱana en mi restaurante para buscar elaboraciones nuevasĀ». Considera que el coronavirus tambiĆ©n ha traĆdo algunos protocolos que han llegado para quedarse como la recepción al cliente o la desinfección. Pero no es ajeno a los efectos negativos: Ā«la hostelerĆa estĆ” sufriendo el olvido de las administraciones, no se a que esperan para ayudarĀ».
Sobre el futuro, tiene claro que la gastronomĆa esta en uno de sus mejores momentos. Ā«Hay gente muy joven con un empuje brutal, con mucha preparación. Van a hacer que la gastronomĆa de Granada repunteĀ». Mientras que en su caso particular, su Ćŗnica aspiración es la de Ā«intentar mejorarĀ» y Ā«seguir disfrutando en la cocinaĀ», que es su gran pasión.