Cómo comer para evitar un cáncer

El desarrollo de uno de cada tres tumores podría evitarse con dieta sana y ejercicio. Ahora se sabe que comer menos ayuda más que controlar al detalle lo que se zampa

FERMÍN APEZTEGUIA

La dieta puede ser una de nuestras mejores medicinas. No la única, por supuesto. Fíese siempre de su médico y confíe en los tratamientos que le aconseje, que no queremos que lo que traemos hoy a esta alacena de la salud pueden servir para justificar lo injustificable. Ni la dieta mediterránea ni ninguna otra le curarán un cáncer. Eso está claro, pero cada vez existe una mayor evidencia científica de que una alimentación sana y equilibrada, acompañada de la dosis necesaria de ejercicio, reducen de manera significativa el riesgo de sufrir una enfermedad tumoral. Ahora, una nueva investigación –de momento en roedores– ha vuelto a poner sobre la mesa la capacidad de protección de la salud que ofrece una dieta de restricción calórica. Ya sabe, hay que comer menos y practicar más ejercicio.

«La dieta no cura, pero sí es un buen factor de protección para prevenir tumores», afirma la especialista Paula Jiménez Fonseca, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). La ciencia ya sabía que el abuso de alimentos con pocos nutrientes, ricos en azúcares y bajos en fibra, así como el consumo descontrolado de carne roja, favorecen la aparición de enfermedades oncológicas. Este nuevo trabajo comparó los efectos que provocaba en roedores una dieta cetogénica frente a otra de control calórico.

¡Vaya palabros! Un régimen cetogénico es aquel que se basa en una alimentación baja en hidratos de carbono y rica en grasas saludables. Las dietas hipocalóricas consisten en consumir menos de todo. El objetivo es meterse en el cuerpo menos calorías que las que quema nuestro cuerpo, a través del desgaste diario y el ejercicio.

Más en mujeres que en hombres

Ambas fórmulas buscan rebajar la ingesta de azúcar, que es el alimento preferido por los tumores para crecer y desarrollarse. Los investigadores comprobaron que sólo la dieta restringida permite controlar el desarrollo de las grasas en el organismo, que es lo que –según dicen– favorece el crecimiento tumoral. Es decir, que parece más sano comer menos que vigilar con detalle cada cosa que se zampa. Es, como digo, una investigación temprana, aún en ratones, que sólo indica solo una tendencia y necesita, por tanto, aún de más estudio.

La ciencia estima que entre un 30% y un 40% de los tumores en hombres y hasta un 60% de los que se dan en mujeres están relacionados con la alimentación. Lo que comemos supone, en consecuencia, la segunda causa prevenible del cáncer, sólo por detrás del tabaco, según recuerda en un informe elaborado para la SEOM la profesora de la Facultad de Medicina de la UPV/EHU Carmen Pérez Rodrigo, presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

La evidencia en la relación dieta-cáncer varía no sólo en cada individuo, sino en el tipo de tumor que se sufra.

–De boca, faringe y esófago. Alcohol y tabaco generan el 75% de los casos.

–Estómago. Provocado por una bacteria, se cree que la dieta podría modificar su desarrollo. Lo favorecerían las carnes y los productos en salazón.

–Colon y recto. Hasta el 80%de los casos se atribuyen a la dieta. Exceso de peso y consumo de alcohol disparan el riesgo.

–Hígado. Debe controlarse el consumo de alcohol, pero no es la única causa.

–Páncreas. Quizás sobrepeso y obesidad y bajo consumo de verduras lo favorezcan, pero no hay datos consistentes.

–Pulmón. Huya del tabaco. Protegen las frutas y verduras con betacarotenos (zanahoria, calabaza, calabacín, melón...).

–Mama. Es un tumor de actividad hormonal. Quizás determinados alimentos incidan en su activación.

Hay mucha incertidumbre, pero comer