Destinos con sabor

Comer en el Vaticano es posible

PABLO AMATE

Así fue, y así lo cuento. Nada irreverente. Yantar en el Vaticano, tiene mucho de divino y terrenal. Que mejor mixtura para alivio de peregrinos y adláteres.

Acceder a la «tavola calda» o «ristorante» no es concepto en el país Vaticano. Lo que no es óbice de comer mal. La auténtica cocina italiana y mediterránea está presente, aunque muchos turistas no lo sepan. Volvió abrir los Museos Vaticanos. Donde largas galerías son plenas en obras de arte de todo tipo. Son Patrimonio de la Humanidad. Y me enorgullezco de que una custodia labrada por las manos del orfebre granadino Fernando Amate, mi padre, este allí expuesta. Regalo de un obispado al Papa Juan Pablo II.

¿Dónde están?

El recorrido por las inmensas galerías, si va en un grupo es aborregado. Quieren que vea todo rápido y sacarlos a comer a los restaurantes alrededor del Vaticano, que el guía tiene concertado para su comisión. Su calidad industrial es ínfima, engañados en calidad y precio. En cambio, una «birra alla spina» en uno de los jardines de las interminables galerías vaticanas, es «divina». Su concepto se basa en «dar alimento al caminante y agua al sediento» Asunto que se agradece mucho, si hubo madrugón para entrar en las Galerías Vaticanas.

Oasis interior

Inimaginable forma de descubrir estos sencillos, que no modestos rincones gastronómicos palatales. Esfera inusitada y paradisiaca. Carece de publicidad, interior o exterior. Es distinta, singular y paradisiaca. Disfrutar los jardines interiores y colindantes a los «Museos Vaticanos». Grandes que imaginar pudiéramos, con un «capuchino» en la mano tomando el sol y sintiendo la pátina de la historia. Todo dentro del perímetro y fronteras de la «ciudad eterna», terrenal, pero no menos epicúrea.

Todo soles y estrellas

Ni figura, ni se le espera en las guías gastronómicas, al uso. Pero reboza de estos elementos celestiales. Es una gloria, cuando llevas horas desde la «prima colaccione» y ahíto de arte de todo tipo en sus fastuosos espacios. Entonces, si está «iniciado», sabrá que puerta conduce a uno de los jardines recónditos del Vaticano. Ya no tan secreto, dado que lo narro y describo. Como indicaba, su diseño no es sofisticado, actual y practico. Alivio de peregrinos y turistas, que han sabido merecer este oasis. Al salir de la Capilla Sixtina, sorpréndase.

A su gusto

Hay otro lugar: Caffettería Il Forno, en el corazón de los museos. Propone coherente cuatro tipos de cocina italiana: ensaladas, pizzas romanas (no confundir con otras regiones) y pasta. Al salir a la plaza de San Pedro, agobia los cientos de horteras restaurantes, con genero industrial, que venden de todo. Incluida esa pitanza, que llaman comida típica italiana. Allí caen los «guiris» como moscas y salen con «clavadas» en su factura. Cobran al cliente hasta por usar los servicios.