Alberto Dieste, propietario de Mucha Miga, en una de las mesas de su cafetería. / IDEAL

Con nombre propio

El comercial que apuesta por los desayunos exquisitos en Granada

Nacido en Galicia pero con alma granadina, Alberto Dieste es propietario de Mucha Miga, un lugar especializado en bollería y pan

ALBERTO FLORES

Siempre se ha dicho que la comida más importante del día es el desayuno, aquella que tiene como objetivo llenarnos de energía para hacer frente al resto de la jornada. Sin embargo, para muchas personas es mucho más que eso, hasta el punto de convertirse en todo un ritual para cambiarle la cara a la mañana. Sobre todo en esos días que nos podemos permitir un desayuno más largo y vamos a la calle en busca de un lugar en el que sentarnos tranquilos a disfrutar de un buen café con una tostada recién hecha. Y ese precisamente es el objetivo de Mucha Miga, una cafetería de Granada ubicada en la calle Poeta Manuel de Góngora en la que trabajan cada día para ofrecer los productos de la más alta calidad a sus clientes.

«El consumidor es cada vez más exigente y demanda productos mejores. Muchas variedades de pan, distintos tipos de leche, elaboraciones sin gluten… Intentamos cuidarlo todo al máximo siempre y ofrecer la mejor atención posible», explica Alberto Dieste, propietario de la céntrica cafetería. Un negocio y un sector que le cautivan pese a que apenas lleva unos años en él. Nacido en la Puebla del Caramiñal, un pequeño pueblo de La Coruña, Alberto llegó a Granada hace más de una década. «No había estado nunca aquí y me vine por trabajo», explica el hostelero, que reconoce que tras 14 años en el sur ya toma como suyas las costumbres de Granada. «Es una ciudad que siempre tiene ambiente y turismo, además del tamaño justo, ni grande ni pequeña, que hace que se viva muy cómodo», hasta el punto de sentirse ya como un granadino más.

«El primer año siempre es de aprender y de más gastos, mientras que el segundo todo suele ir mejor»

Alberto Dieste

Propietario de Mucha Miga

Trabaja como comercial en el sector de la alimentación, que fue lo que le hizo venir a Granada. Pero desde 2019 compagina esa actividad, su trabajo principal, con su sueño: Mucha Miga. «Un cliente me propuso entrar en un negocio que iba a abrir de hostelería. Sin embargo, a los pocos meses tuvo que abandonar y me quedé yo solo». Poco a poco, ese negocio que comenzó su andadura en marzo de ese año tomaba forma. La idea la tenía muy clara: montar una cafetería pero con un toque diferente. «Por aquel entonces viajaba mucho y veía cómo en otras ciudades funcionaba mucho el concepto de bakery coffee, un lugar con mucha variedad de panes y bollería. Me atraía la idea porque aquí ese modelo estaba todavía por explotar», explica. Molletes, barras rústicas, pan integral, de semillas, realizados con masa madre… Una gran cantidad de tipos diferentes de pan que hacen cada día. «Lo que nos hace distintos es que estamos horneando pan durante todo el día para que la gente se tome la tostada recién hecha de verdad». Además del pan, que es de excelente calidad, también destacan los Rodolfos, unos pequeños cruasanes de mantequilla bañados con diferentes tipos de chocolate que se han convertido en el producto más icónico de Mucha Miga.

Pero, pese a que a día de hoy ya se hayan logrado asentar, los comienzos siempre son difíciles. «El primer año siempre es de aprender y de más gastos, mientras que el segundo todo suele ir mejor». A no ser que, como le sucedió a Alberto, llegase la pandemia del coronavirus para echar todo por tierra. «Todo era incertidumbre. A veces pensaba que lo mejor era cerrar y en otros momentos veía algo de esperanza. Era casi como jugar a una tragaperras, poner dinero todo el rato sin saber si vas a recuperarlo o tendrás que seguir así mucho tiempo». Una situación que afortunadamente ha cambiado durante los últimos meses: «desde principios de verano el cambio es muy grande y todo empieza a funcionar otra vez». Una vuelta a la normalidad que para Mucha Miga prácticamente es como una reapertura. «Para mí es como volver a abrir, la gente empieza a conocernos y después de tanto tiempo con restricciones todo está funcionando muy bien», algo que sucede, en gran medida, por el trato que ofrecen cada día a sus clientes. Como clave para un establecimiento como el suyo, Alberto apunta a que «el cariño es lo más importante». «La gente no va a la cafetería porque tenga hambre, sino para desconectar de sus tareas del día a día y charlar», y para eso lo mejor es «que te traten como en casa».

La bollería más solidaria

Con motivo del puente del Pilar, Alberto Dieste decidió donar todas las ganancias del fin de semana por la venta de los Rodolfos, sus cruasanes más famosos, a los afectados por el volcán de La Palma. Una iniciativa solidaria con la que sus clientes se volcaron:se vendieron más de 1.000 Rodolfos y se recaudaron 766 euros en total. «La verdad es que fue un éxito rotundo, todos sabían de la donación que íbamos a hacer y vendimos un montón», explica el empresario, contento por la cantidad recaudada para ayudar a los habitantes de la isla que tan mal lo están pasando.