Enrique Bonet cuenta la dimensión gastronómica de su cómic 'La araña del olvido'. / ramón l. pérez

Una Alhambra con Enrique Bonet | Guionista y dibujante

«La comida es muy complicada de dibujar»

Dibujante y guionista, el autor de 'La araña del olvido' es un gastronónomo tradicional al que le gusta el pescado frito y tramar proyectos creativos en los bares

JESÚS LENS Granada

Quedamos en El Coso para hablar de tebeos, exposiciones y gastronomía. Enrique Bonet tiene ahora mismo en cartel una exposición muy especial en el Cuarto Real de SantoDomingo, dedicada a su cómic 'La araña del olvido', publicado por Astiberri, un long seller que no se termina nunca. Se puede visitar hasta el próximo día 11 de diciembre. El cómic cuenta la investigación de Agustín Penón sobre la muerte de Federico García Lorca en los años 50. Y por ahí arrancamos esta charla.

–¿Qué papel desempeñan los bares en ese cómic?

–Muy importante y desde el mismo principio. Cuando Agustín llega a Granada, casi sin comerlo ni beberlo, se encuentra en mitad de una cena en homenaje a José Rosales, 'Pepiniqui', en la antigua Alcaicería, local que ya no existe.

–¿Cómo se documentó para hacer una representación tan fiel de las tabernas de la época?

–Tirando de la hemeroteca de los años 50. Sobre todo de una revista, Granada Gráfica. Ahí descubrí que prácticamente todas las semanas se celebraban ese tipo de cenas homenaje a algún personaje de la sociedad granadina. Los homenajeados siempre eran hombres, en los homenajes solo participaban hombres y lo tradicional era acabar en un prostíbulo.

–Hay otro local muy importante en esa historia...

–Sí. El Zeluán donde Penón consiguió encontrar al quien siempre se ha considerado que enterró el cadáver de Lorca. Manuel Castilla, conocido como Manolillo el Comunista, trabajaba allí de camarero. Estaba enSan Juan de Dios, cerró hace unos años y ahora hay otro negocio de hostelería, Menanes Gastrobar.

–¿Le gustaban tanto las guindas en aguardiente a Lorca?

–¡Le volvían loco! Fue una de esas cosas que Penón descubrió durante su investigación y yo lo uso como recurso dramático. Al poco de llegar a Granada y probarlas, a Agustín no le gustan nada. Le parecen muy fuertes. Justo antes de irse, en su última visita a Emilia Llanos, las come ya con deleite. Ahí muestro su proceso de 'granadinización'.

–¿Y la metáfora sobre los huesos de Lorca?

–Invito al lector y al espectador a la exposición a que la vea y saque su propias conclusiones. Está al principio del tebeo y uso los despojos que quedan en un plato igualmente como recurso narrativo y visual.

–¿Algo gastro en su último recopilatorio, publicado por Karras?

–Remito a 'Apolonio Martirio, vendedor a domicilio', y su aventura de los tomatoides biónicos...

–Trabaja usted en otro proyecto sobre las Misiones Pedagógicas...

–¡Es uno de esos proyectos que surgen en los bares! Fue en La Clausura, tras salir de Subterránea Cómics. Estaba con Joaquín López Cruces y conJosé Luis Munuera tomando unas cañas. Joaquín quería dibujar, pero no tenía claro qué. Y yo tenía un guion, pero no avanzaba con el dibujo. Fue 'Munu' quien nos miró con cara de «¿Pero vosotros os estáis escuchando»? (Risas).

–¿Cómo se llamará y en qué punto está?

–Barajamos varios títulos, pero creo que el definitivo será 'Sueños de barro'. Lo publicaremos en Astiberri a finales del 2023.

–Parte transcurre en La Alpujarra. ¿Guiños gastronómicos?

–Hay un episodio con leche de cabra que... ¡hasta ahí puedo contar! (Risas desaforadas que nos hacen temer lo peor. O sea, lo mejor).

–¿Cómo es dibujar comida?

–Complicado. Durante años trabajé para una editorial educativa sueca que publicaba libros con ilustraciones para aprender español. Ahí la gastronomía es importante. Y no te haces una idea de lo difícil que es diferenciar fresas, moras, arándanos y guindas a través de una ilustración. ¡Era más fácil aprender su nombre en sueco que dibujarlas! (Risas).

–¿Algún cómic gastronómico?

–El clásico 'El gourmet solitario' japonés y uno de Quino, el padre de Mafalda: 'La buena mesa', un monográfico de comidas y restaurantes. Aunque no sé si será fácilmente localizable. Y uno delirante: 'Pesadillas de cenas indigestas' de Winsor McCay, uno de los pioneros del lenguaje del cómic que después hizo 'Little Nemo'. El protagonista se empeña en cenar queso fundido y, claro... (Risas).

Menú Degustación

  • Un ingrediente. El perejil

  • Un plato de la infancia. El cocido de mi madre

  • Una tapa para abrir boca. Ensaladilla rusa

  • Una cocina internacional. China

  • Dulce favorito. Maritoñi