Los Sam Sorianos de Memento Mori, sobre una de las singulares piezas sobre las que se sirve la comida. / j. l.

Gastrobitácora

Cuando la comida te entra por el ojo

Memento Mori es el local de moda en Granada. Su abigarrada decoración kitsch llama tanto la atención que deslumbra. La comida está en sintonía con el espacio

JESÚS LENS Granada

Todo el mundo habla de Memento Mori. Las fotos y los vídeos con detalles de su interior rulan por los grupos de guasap y la frase «ahí tenemos que ir» es una de las más escuchadas del verano. Fui el pasado sábado a mediodía y llegué diez minutos tarde. Había salido de casa solo con las gafas de sol y volví para coger las de ver. Porque en Memento Mori, además de a beber y comer, se va a ver, mirar y admirar. Y a hacer fotos. Para compartirlas, mejor antes que después.

No merece la pena describirlo con palabras. ¿Cómo les explico que del techo, rugosamente blanco, como si fuera una capa de nieve virgen de varios centímetros de espesor recién caída al cielo, cuelgan un carrusel invertido o un gran globo multicolor? ¿Qué les cuento del pasillo que, camino del WC, está decorado con cientos de viñetas de cómics de todos los tiempos? De hecho, les recomiendo que, para hacerse los selfis, se paren a la vuelta del excusado, no vayan a entretenerse con los tebeos y terminen pasando un mal rato si se cuela alguien. ¿Y de los trozos de muralla que, musealizados, están en la planta de abajo?

Multicolor. Así es Memento Mori. Alegre, luminoso y divertido. Además, el tono de voz de los comensales es tan bajo, se habla tan pausado, que da gusto comer. Máxima atención a la banda sonora: sonó el 'L.A. Woman' de The Doors y me dio un subidón total. Pero ojo, que el continente no nos despiste del contenido. Antes de deleitarse con los mil y un detalles decorativos conviene echarle un ojo a la carta para pedir la comanda.

Como no podía ser de otro modo, la propuesta gastronómica del establecimiento es multicultural, híbrida y mestiza, con platos de todo el mundo en osadas combinaciones. No pudimos probar la cochinita pibil, lo que está muy bien porque así tenemos excusa para volver. Optamos por un carpaccio de carne de ternera con suave toque de foie y queso crema de origen manchego que estaba de lujo.

También pedimos los Sam Sorianos: torreznos al estilo de Soria con mejillones, salsa tártara y jalapeños. En los últimos meses, es la segunda vez que he comido esta sorprendente combinación de carne 'grasosa' coronada con los mejillones en escabeche. La anterior fue en Negro Carbón y es un auténtico hallazgo.

También disfrutamos de un falso risotto de puntalette meloso con pato, champiñón portobello y katsuobushi, presentado en el interior de una simpática cerámica con forma de pato. Lo más curioso es que las virutas del aderezo nipón, cuando se sirven sobre un plato caliente, empiezan a moverse como si bailaran y simulan las plumas del pato en vuelo. Como les digo, no hay nada dejado al azar en Memento Mori.

Cuando íbamos a pedir alguno de los singulares combinados de la casa, vimos que se nos había hecho tarde. ¡Dita sea con la cita de las cuatro! (Nota mental: no ir allí con bullas). Yo me debatía entre el cóctel que se sirve en un recipiente con el careto de Pennywise o el que va dentro de la casa voladora de 'Up'. Y sin perder de vista al 'Michael Jordan', una osada combinación de whisky, Baileys, coco y licor de almendra que tiene toda la pinta de propulsarte hasta el infinito y más allá. Para la próxima.

Mención aparte al esmerado y profesional servicio de sala, atento y rápido como centellas. Desde que te sientas a la mesa pasan cosas, más allá de espectáculo visual. Pasan rápido y pasan bien. Dentro de nada lo conocerá todo quisque. Si quieren darle una sorpresa a alguien, llévenle a Memento Mori: por mucho que lo hayan visto en fotos y vídeos, la experiencia en vivo es mucho más divertida y se come y se bebe de vicio.