Destinos con sabor

Condumios fiesteros

PABLO AMATE

Vuelven las celebraciones y múltiples actos con público, de todo tipo. Deportivos, musicales, taurinos, teatrales, musicales, etc. Y con ellos, sus yantares y conduchos.

De calamares

Suele atribuirse a Madrid y sus bares de Atocha la paternidad y casticismo del bocadillo de calamares fritos. Los hay también en la Plaza Mayor y alrededores, bares de barrio. Distritos de siempre como La Latina, Chamberí, Carabanchel o Paseo de la Florida. Con este folclorismo gastronómico se silencia el señero bocadillo de igual ingrediente que se vende a miles en la Plaza Real de Barcelona, en algunas 'granjas' y 'bodegas' de la Barceloneta. Todos fritos en rancios aceites, jamas de oliva.

Bocadillos de fútbol

No me gusta la expresión 'bocata'. Soy muy morigerado con las palabras. Pero si hay algo inherente a ir al fútbol era la imagen de madres y esposas haciendo el bocadillo para sus vástagos y/o marido. Inmensos bollos de pan, rellenos de cualquier goyeria: lomo plancha, tortilla francesa o de patatas, embutidos. Algo que no se habla, pero existen gloriosos bocadillos que lleva la afición a los partidos de balompié. Sea merienda o cena. Viendo al Granada C.F. a más de uno se le atragantó.

Merienda torera

El asunto tiene polémica. Hay cosos taurinos que ni tomar puedes almendritas fritas. En la Maestranza sevillana, puede ser escarnio publico si lo hace en una corrida. Si bien en el hotel Alfonso XIII de la capital hispalense ponían, al menos en las suites, una elegante bolsa con media botella de Tío Pepe y dos catavinos. De picar nada. Ya saben que los 'toreristas' flamencos no comen. Hay gran confrontación en este asunto. Sin llegar a los extremos de Pamplona o Almería, el coso granadino es correcto ejemplo de la merienda en el tercer toro.

Pan y música

Por muy forofo de conciertos al aire libre; o quizás por ello, son muchos los aficionados que tienen clara presciencia del hambre que se puede pasar durante un 'finde' de música al aire libre. Las grandes galas al raso se caracterizan por acampadas de jóvenes y no tanto, cargados con avituallamiento de todo tipo. Para evitar las clavadas dentro del recinto, que no suelen ser palimpsesto que se borra en el recuerdo. Las neveras portátiles son emblema.

Festivales con hambre

Los viví durante muchos años. Dado el horario de inicio del festival internacional de Granada, y los hábitos antepasados de cenar a las 22 horas, hacían pasar hambre a los aficionados. De ahí el éxito del ambigú. La Duquesa de Montellano y su hija Rocío no faltaban ningún año a la cita de la música y danza granadina. Gracias a Luis Oruezábal –Chikito– logré nos diera la cena antes de acceder al Festival. Cuídense.