El refectorio

Costilla coreana, de 'Garbo'

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Costilla coreana, de 'Garbo'

Lo más pecaminoso que se puede hacer hoy es meter los dedos en la pringue de una costilla bien cocinada y sacarle los huesos poco ... a poco. Para que salgan sin resistencia. Despacito. Ay. Como si se jugase a una Jenga a vida o muerte. Hace poco pude hacerlo y me sentí 'up in the air', como Georgina en el Bugatti. Porque no era una costilla más: había pasado media jornada española (cinco horas) rindiéndose al calor del horno.

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