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Eliz Smis habla sobre creatividad y gastronomía en el interior de Taberna Prado Negro Ramón L. Pérez
Una Alhambra con... Eliz Smis | Diseñadora de alta costura y sumiller

«Ni en cuatro vidas se puede saber todo sobre el vino y la cerveza»

Belga de nacimiento y ciudadana del mundo por formación, Eliz Smis es una enamorada del vino y de la vida que se define, sobre todo, como creativa

Jesús Lens

Granada

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Jueves, 4 de julio 2024, 23:53

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Pocas veces el concepto de asalto ha tenido tanto sentido. Estábamos en la Taberna Prado Negro, en el corazón del Parque Natural de Huétor, trabajando en un reportaje sobre su cocina y su bodega, cuando Miguel Ángel nos dijo que ese día tenían a una clienta muy especial, amiga de la casa. Una diseñadora de alta costura belga que ama el vino con pasión. Nos la presentó, conversamos con ella unos minutos y no tardamos en convenir que tenía mucho que contar.

–¿Viene mucho a Prado Negro?

–¡Mucho! Siempre que puedo.Es uno de mis sitios favoritos de la provincia. Me encanta la cocina de Pau y la atención de Miguel Ángel, exquisita con todo el mundo, además de los extraordinarios maridajes que propone.

–¿Recuerda su primera vez en la Taberna Prado Negro?

–¡Claro! Un día queríamos ir a ElRefugio de Guadix, otro de mis Top de Granada, pero cerraban para venir precisamente a Prado Negro. «¡Veníos!», nos dijeron. Llegamos a las 2 de la tarde y nos fuimos a las 12 de la noche. Con eso está todo dicho. (Risas).

–¿Completamos un Top 3?

–La Tana. Me encanta el mundo del vino. ¿Se nota? (Risas). En estos tres establecimientos o en otros que también están entre mis favoritos, como Casa Enrique o La Brujidera, se puede probar vinos de Granada, de España y de todo el mundo. Es un privilegio.

–Además, le gusta caminar por el Parque de Huétor...

–¡Mucho! Siempre me ha gustado andar y ya lo conocía de antes. Mi pueblo de nacimiento también es muy montañoso. Lo que más me gusta del Parque de Huétor es las muchas posibilidades que ofrece, de senderos más fáciles a otros técnicamente más complicados. Y lo que cambian los paisajes a lo largo del año. En otoño, con los rojos, es impresionante. El verano es muy fresco, que hay mucha agua. Y en invierno, cuando nieva... Ideal para amantes de la naturaleza.

–¿Cómo nació su pasión por el vino?

–En nuestra casa de Gor, mi padre siempre ha hecho vino para consumo propio y le salía muy bien. Cuando empecé a probar otros vinos en los sitios que decía antes me picó el gusanillo y quise aprender para profesionalizar ese trabajo casero. Hice el Máster en Sumillería,Enología y Gestión de bodegas, aprendí mucho y ahí sigo, estudiando y formándome, que este mundo no se termina nunca. Ni en cuatro vidas lo puedes aprender todo sobre el vino y la cerveza.

–Viniendo de Bélgica, ¿qué le parecen las cervezas españolas?

–Pienso que se está haciendo un gran trabajo. Reconozco que hasta hace unos años, en comparación con Bélgica o Alemania, el panorama era un poco monótono, pero desde hace cuatro o cinco años las cosas se están moviendo mucho y no hay marca de cerveza grande que no experimente y haga cosas nuevas y diferentes, mirando a otras culturas cerveceras. Me parece esencial como sociedad, que sigamos investigando y experimentando, aprendiendo de otros para mejorar. Es la forma de seguir creciendo.

–¿Hablamos de su faceta como diseñadora de alta costura?

–Siempre he sido muy creativa. Es mi pasión: crear. Y lo he canalizado a través de la alta costura, especializándome en vestidos de novia absolutamente personalizados. Para uno de los días más especiales en la vida de una persona, es esencial que tenga un vestido acorde a su forma de ser, a su cuerpo y, también, a su forma de celebrar, que ahí hay mucha innovación. Que mis clientas sean felices con lo que llevan.Establezco un vínculo muy especial con ellas, que hablamos y nos vemos mucho, en el taller o en su domicilio. Suelo dedicar un año a cada vestido y hasta febrero de 2025 estoy a tope.

–¿Cómo es vivir en una cueva en Guadix?

–Maravilloso. Temperatura constante a 22 grados. No tenemos que cambiar la ropa de invierno y de verano. Con el cambio climático, es un privilegio.

–¿Hablamos de su vida nómada entre los 6 y los 13 años?

–Eso, mejor con mi madre, con otra cerveza, que tiene mucho que contar. (Sonrisa de complicidad entre hija y madre, testigo de la conversación. ¡Le tomamos la palabra!).

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