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Ángel Garrido, el cocinero del restaurante Alarique del hotel Puerta de las Granadas, desayuna con vistas a la Alhambra Pepe Marín
Los desayunos más espectaculares de Granada: churros, tostadas, zumos y cafés

Los desayunos más espectaculares de Granada: churros, tostadas, zumos y cafés

Médicos y nutricionistas ponen su acento en la que debería ser la comida más importante del día. Hacemos un repaso por diferentes modalidades de desayuno, según el día, la hora y el tiempo

Jesús Lens

Granada

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Viernes, 12 de abril 2024, 00:10

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Diez de la mañana. Sin prisas, nos servimos unos huevos revueltos y unas tiras de beicon crujiente. Unas 'beans', tostadas de tomate y aguacate, cruasanes, dónuts y un buen vaso de zumo de naranja o piña. Cogemos el ascensor y nos acomodamos en alguna de las terrazas de Alarique, el restaurante del hotel Puerta de las Granadas, en plena Cuesta de Gomérez.

Podemos elegir entre dos vistas diferentes de nuestra ciudad. Ambas igual de impresionantes. A un lado, la Alhambra. Al otro, la Granada renacentista con sus tejados y torres. El sol calienta, pero aún no quema. Dejamos el tiempo pasar entre el sonido de las campanas de las iglesias y el runrún de la gente que pasa por la calle. Al terminar, si tenemos tiempo, podemos convertirnos en viajeros en nuestra propia ciudad y tirar hacia arriba, cruzar ese auténtico portal espacio-temporal que es la Puerta de las Granadas para deambular por los bosques alhambreños.

La otra opción es encaminarnos hacia abajo, camino de Plaza Nueva, para seguir con nuestro quehacer diario. En cualquiera de los casos habremos disfrutado de un momento único y especial, de esos que le dan sentido y contenido al día. Porque una jornada que comienza con un buen desayuno ya tiene mucho ganado.

El desayuno invita a establecer rituales que lo conviertan en especial, único y doblemente exquisito

'Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo', reza la sabiduría popular. Y razón no le falta, aunque haya otra gente que pasa un kilo y se basta y se sobra con un café 'sorbío' antes de salir de casa y otro a media mañana, tomado rápido y de cualquier manera.

Personalmente, me encanta el desayuno. Con el paso del tiempo he ido creando toda una arquitectura a su alrededor; casi, casi un ritual. Elijo las cafeterías de acuerdo al tiempo disponible y en cada una de ellas pido algo diferente y siempre lo mismo. O no. En el Valencia, por ejemplo, media tostada de aceite y jamón, impepinablemente. Antonio, el dueño, alpujarreño de El Golco, corta a mano sus maravillosos perniles de Juviles y la grasa del tocinillo se funde al calor del pan tostado con rico aceite de oliva. Podría alimentarme nada más que de esas tostadas y pasar horas y horas de goce y disfrute allí.

En Laredo's me tengo que sentar fuera, en la terraza, para no sucumbir a la tentación de los churros. Álex me incitó a probar la media de guacamole con atún y me he hecho adicto. Y para El Rincón de Gregorio me dejo un capricho esporádico en forma de suizo con mantequilla (y jamón de york) levemente pasado por la plancha.

Todo esto, cuando no salgo de 'mi' Zaidín. Si tengo que ir al centro, dos cafeterías me sirven como punto de fuga. En La Imparcial, donde tienen exquisitos cafés de especialidad, me entrego al sibaritismo, la calma y el sosiego. Me encanta la música que suena a través de los altavoces y la decoración, a la que no le falta un perejil y en la que los libros desempeñan un papel esencial. Sus pequeñas e íntimas mesas circulares, el espacio para que los niños puedan leer cuentos y pintar y dibujar a sus anchas...

Granada permite disfrutar de desayunos con vistas maravillosas o en establecimientos centenarios

Siempre pido el café que tengan ese mes como 'de la casa'. Ahora, por ejemplo, sirven un exquisito Arábica, variedad Yellow Bourbon que viene de la región de Cerrado-Campos Altos, en Brasil. Y media tostada en pan de semillas de aguacate, tomate, aceite y jamón serrano en taquitos. Algún día me atreveré con la tostada de zurrapa de lomo o con alguna con huevo, a pique de echarme un lamparón y tener que volver a casa para cambiarme de ropa.

Cerca del Puente Romano, en esa frontera imaginaria que conecta las diversas Granadas, hay otra terraza donde suelo parar camino del centro. Creo que oficialmente se llama Adventage, pero para mí es la churrería de Góngora de toda la vida. Eso sí: los churros, sólo en fin de semana o fiesta de guardar. Como el desayuno en Flamboyant, uno de los clásicos de Granada que forma parte de mi vida desde mi más tierna infancia. Cuando mi madre traía pasteles de Flamboyant siempre era una fiesta. Ahora es sinónimo de desayuno tranquilo, relajado, familiar y pausado, con tiempo y prensa por delante.

Pero si hablamos de churros (y de chocolate, un binomio imbatible), el efecto Pavlov me conduce directamente a ese Gran Café Bib-Rambla donde el tiempo adquiere una nueva dimensión y transcurre más despacio, transportados a otro siglo menos caótico y vertiginoso. Es lo que tienen los cafés centenarios: el poso, el paso del tiempo dejan su huella y le imprimen carácter al establecimiento.

Y si tengo prisa y no me quiero entretener, pero tampoco quiero renunciar al placer pecaminoso y hedonista de un chocolate ardiente con churros crujientes, el take away de la vecina Churrería Alhambra me saca del paso.

Desayunar como si estuviéramos de viaje

«En nuestros desayunos tenemos hasta ocho variedades de fruta, algunas cortadas, como la piña, y otras en piezas. Ofrecemos tablas de quesos, cinco modalidades de embutidos y tomates asados», explica Ángel Garrido, cocinero de Alarique. Además, productos como las famosas 'beans', esas judías blancas con una exquisita salsa de tomate dulce, «y salchichas, huevos fritos o revueltos y beicon. ¡O el sandwich club, también!». Amplia selección de cafés, tés y otras infusiones; mermeladas, zumos y batidos de frutas. Y los dulces, por supuesto. «Tenemos churros y diversas modalidades de bollería como cruasanes y dónuts. Tostadas variadas, gofres… una variedad amplísima para disfrutar de los mejores desayunos», concluye Ángel.

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