Del 'doggy bags' a 'llevar a casa'
Si puede y quiere. Por este orden. No deje de pedir-comprar, sea para recoger o para que se lo lleven a su casa, a sus restoranes de confianza y gusto
Pablo Amate
Hubo un tiempo en que daba vergüenza solicitar a un restaurante que llevase ciertos platos al domicilio particular. Era de mal tono que una familia con posibles no dispusiera de cocinera. O que la dueƱa de la casa no tuviese el servicio domĆ©stico idóneo para ser capaces de realizar un convite en el propio hogar. Al establecimiento conocido en la ciudad se iba para ciertas celebraciones. De forma esporĆ”dica. Las conmemoraciones familiares se compartĆan en casa. Si los anfitriones disponĆan de una morada amplia, impensable era que la comunión de los hijos fuese fuera.
Mi primer 'doggy bags'
Me atenazaba saber quĆ© era eso. Al estar en tierras anglosajonas, resultaba allĆ normal referirse al 'doggy bags' en comidas entre amigos. Ya saben; la excusa para llevar su comida sobrante āo noā a casa. Cierto que en EspaƱa, al final de las pitanzas en asadores del norte o castellanos, quienes tenĆan perros solicitaban huesos sobrantes de chuletones. Bien distinto a dejarse medio plato sin comer y pedir el 'doggy bags', comida para el perro. Por eso, como soy de la doctrina tomasiana del tocar para creer, lo hice nada menos que en Chicago. Junto al lago Michigan y la sede del 'Chicago Tribune'. UrgĆa saber cómo funcionaba 'eso'. Y me dispuse a requerirlo en mi siguiente comida.
El experimento
TenĆa un almuerzo previsto en un buen restaurante de la fabulosa capital de la arquitectura. HabĆa ido a pronunciar una conferencia en el Instituto Cervantes, ubicado en las seƱeras Torres del Agua, gran rascacielos donde ver el lago oceĆ”nico, por su tamaƱo infinito. Por ello, excusĆ© no comer mĆ”s, reservĆ”ndome para la jornada de trabajo que me esperaba por la tarde. A medio plato, hice una seƱa al camarero, indicando sutilmente que deseaba un 'doggy bags', como el que pide la especialidad de la casa. Sin perturbarse, el 'waiter' retiró mi plato de la mesa.
Como de toda la vida
En unos minutos, discreto, me indicó al oĆdo que tenĆa la bolsita colgada en el respaldo de mi silla, que, por casualidad, permitĆa engancharla. Cuando salĆ a la calle, investiguĆ© cómo estaba preparado el resto de mi condumio. En una fiambrera āquĆ© antiguoā de plĆ”stico de un solo uso, perfecta. AllĆ estaba dignamente la comida, servilletas de papel y un par de cubiertos de plĆ”stico. Estaba claro que sabĆan que no tenĆa perro. Desde 2016 Francia obliga a los grandes restaurantes a poner a disposición de los clientes que lo deseen 'doggy bags' para llevar las sobras a casa.
'Take away' para llevar
A las pocas semanas del inicio de la cuarentena comenzó a funcionar el 'delivery' vĆa aplicaciones de entrega. Algunos bares y restaurantes empezaron con el formato 'take away' (para llevar) en su radio de cercanĆa. Ahora se publicó el decreto que habilita oficialmente esa prĆ”ctica. 12 mayo 2020. Este cartelito comenzó a verse, al menos para mĆ, en zonas turĆsticas de Torremolinos, Fuengirola, en Marbella menos y en Estepona. Ya lo saben todos. Significa comida para llevar. Modalidad que permitĆa comprar para trasladar a casa o al campo, etc. En Granada, la primera modalidad que hubo fue el asador de pollos Bodegas Granadinas. Sus efluvios eran canto de sirena para los transeĆŗntes. VenĆan riadas de personas de pueblos cercanos para comer en sus mesas, que las habĆa. Los clientes que elegĆan llevarlo a su domicilio corrĆan mucho peligro. El caldito del asado se derramaba por la poca estanqueidad de los envases de la Ć©poca. Y mĆ”s de uno llegaba con los pantalones empapados con el caldo y el pollo 'sequito' en su cajeta.
ConfĆo que no cierren
Estos establecimientos, de los que ya hay muchos, espero que sigan abiertos con sus medidas de seguridad. Bastantes, ademĆ”s de los pollos, guisan otros platos del dĆa. Recetas tradicionales que le solucionan a muchas personas de toda Ćndole el comer caliente. Me explico. SegĆŗn una reveladora estadĆstica, que no la hizo el CIS, un total de 4.732.400 personas vivĆan solas en EspaƱa en el aƱo 2018, segĆŗn la Encuesta Continua de Hogares (ECH) correspondiente al pasado ejercicio. Muchas personas, no solo ancianos, cuyas edades oscilan entre los 30 y los 85 aƱos para quienes estos platos preparados y de precio ajustado van muy bien.
Comer caliente
Una persona sola, hombre o mujer, si desea un cocido, fabada, potaje, manitas de cerdo, etc., no tiene ganas de cocinar para Ć©l solo una ración. Ni tiempo, y muchas otras veces, ni Ć”nimos. La soledad puede resultar muy dura. Sobre todo en las condiciones sociales impuestas por nuestra culpa. SĆ, somos nosotros. Una persona sola no tiene que ser un ermitaƱo. Queda con las amistades, va de viaje, excursiones, comidas en diferentes lugares. Reuniones en los hogares del pensionista. Mil cosas mĆ”s. Pero ahora no se puede. ĀæDónde sentarse? ĀæY con quiĆ©n? Se estima que para 2035 serĆ”n 5,7 millones los hogares con una sola persona.
Ayude a la hostelerĆa
Los primeros que iniciaron el hĆ”bito de llevar comida a domicilio fueron las pizzerĆas, hamburguesas, chinos y mexicanos. ConocĆ en el extranjero las zonas habilitadas en el propio trabajo con un microondas para recalentar los alimentos, dado que todos los dĆas, por el tipo de comida o por economĆa, no se puede comer en restaurantes. Y ahora que estĆ”n todos cerrados, consulten con sus preferidos guisanderos. Pregunten si mantienen la cocina abierta y el servicio disponible: recoger o llevar a casa. AsĆ contribuirĆ” a solapar la caĆda de ingresos que sufren nuestros queridos bares, restaurantes y hoteles.
Terrazas, a pagar
A quien corresponda. Son muy oportunos. Tanto el Ayuntamiento como los encargados de haber negociado con quien corresponda, que esa puƱalada trapera duele aĆŗn mĆ”s en el momento en que pasaron los recibos. A un par de dĆas de los temidos cierres, que no se pensaba que fuese total. No han dejado que las terrazas se mantengan. Y lo comprendo. El sĆ”bado di un paseo. Mesas de amigos, familiares y allegados. SegĆŗn la hora, las habĆa llenas, de amigos, niƱos y mascotas, todos sin mascarilla reĆan, comĆan y bebĆan, sin precaución ninguna. El lunes 9, con lĆ”grimas, me decĆa un amigo hostelero: tengo 6 mesas, que se llenan de una a cuatro personas, con suerte. Y me llega la factura de tres mil y pico euros del Ayuntamiento. Ā”Si estuvimos cerrados y no tengo restaurante... quĆ© calamidad!