Saltar al contenido

Gastrobitácora

Elogio del territorio gastronómico

Vivir para comer (y leer). Hay muchos motivos para ir a La Alpujarra. Comer bien platos únicos puede ser uno. De todo ello se habló en Discover-Eat

Regala esta noticia
Taller de pan artesanal en el restaurante Molino de Alcuneza durante el congreso Discover-Eat
Jesús Lens

Hace unos días, una conversación con Antonio Romera en el Bar Cafetería Valencia del Zaidín al calor de unas cervezas Alhambra bien fresquitas, me inspiró ... un columna que titulé '¡Vámonos a Las Alpujarras!'. Sobre la parte gastronómica, una pregunta con malafollá: ¿hay vida más allá del famoso plato alpujarreño? Y la respuesta: «Entre mis preferidos: unas gachas de pimentón, ahora en verano. Mi casa parecía una fiesta con mis padres, mi abuelo, mi hermana Loli y yo: cuando se preparaban se disfrutaba desde el minuto uno. Y las otras de ajo quemado en invierno. Sin desmerecer unas buenas migas o un potaje de cardos o hinojos». No me digan que no dan ganas de hacer el petate y tirar para allá. De hecho, ya hemos quedado él y otro alpujarreño ilustre, José Miguel Magín, en organizar un viaje pronto.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Elogio del territorio gastronómico

[]

Elogio del territorio gastronómico