Gastrobitácora
Emoción gastro: bocadillos y viñetas
Con la cocina y los concursos culinarios como telón de fondo, 'Ulises y Cyrano' es uno de los grandes cómics del año
Granada
Les recomendamos su lectura hace semanas. Por si no nos hicieron caso y para endulzar el final del verano, que va llegando; y la 'vuelta ... al cole', que también está aquí, volvemos a hablar de un cómic gastronómico que empieza a aparecer en las listas con lo mejor del año de los especialistas en el noveno arte.
Cuando vi la portada del cómic de Cristau, Dorison y Servain que ha publicado Norma Editorial en España, titulado 'Ulises y Cyrano', pensé que sería algo clásico y mitológico, aprovechando el tirón 'odiseico' de la película de Christopher Nolan, les decía. Pero no. Fue por no fijarme bien, que Cyrano luce un flamante gorro de cocinero mientras pesca, con Ulises tumbado a la bartola.
Fue empezar a hojearlo y darme cuenta de que era un cómic muy, pero que muy gastronómico, ya desde las dedicatorias: «A mi madre, que me ha transmitido el amor por la cocina y por Borgoña. Con todo mi amor», firma el guionista Antoine Cristau. Y desde la primera página, en la que 'asistimos' a la final de un concurso de cocina que traerá cola. Mucha cola. 'Un cómic cocinado a fuego lento y con el sabor de las historias que dejan huella', lo define la propia editorial. ¡Y lo firmamos! 'Un guiso de imágenes reconfortantes repleto de amor, aprendizaje y honestidad con los propios sentimientos', continúa. Y seguimos firmándolo.
Por desgranarles algo más del argumento, diremos que el protagonista, Ulises Ducerf, es un joven algo díscolo y distraído que está destinado desde la cuna a dirigir la empresa cementera de su familia, en París. Una herencia que puede ser envenenada y que obliga a su padre a trasladarlo de forma repentina a la localidad de Les Maranges, en plena Borgoña, decisión que amenaza con cambiar su destino. Y es que allí entrará en contacto con Cyrano, ese chef aparentemente rudo y temperamental al que conocimos al comienzo de la historia.
No les digo más, pero seguro que alguien adivina lo que ocurre cuando se cruzan sus caminos. O lo que puede ocurrir. Cyrano ha abandonado la cocina y Ulises se encuentra desubicado y sin saber qué se espera de él, que no da pie con bola en las clases a las que le ha apuntado su padre para que aprenda contabilidad y administración de empresas.
Cyrano se debate entre la innovación y el 'siempre lo hemos hecho así' en cocina. De hecho, los concursos culinarios tienen importancia en la trama
Y es que si estamos en la Borgoña francesa... ¿qué quieren que les diga? 'Ulises y Cyrano' es, por encima de todo, un cómic precioso, tanto por lo que cuenta por cómo lo cuenta. Emocionante a raudales. Y es que los guionistas juegan magistralmente las bazas de lo previsible con los giros en la trama, sorprendiendo siempre. Y, sobre todo, dotan de humanidad y profundidad a todos los personajes, de los protagonistas, los citados Ulises y Cyrano; a los más secundarios y supuestamente anecdóticos. ¡Todos al servicio de la trama, pero disfrutando de su propia personalidad! Hasta llegar a un final que a mí me hizo saltar las lágrimas. Y sí, es cierto que estoy muy emocional, pero no es menos cierto que estamos ante un cómic maravilloso que te hace amar más aún el noveno arte... y el mundo de la gastronomía. Aunque hay momentos en los que...
Lo dejo aquí, que no quiero arruinarles la sorpresa. Déjense sorprender por un libro excepcional y regálenlo a quienes amen tanto la lectura como la buena cocina y el arte en viñetas y bocadillos.
Verán como la vuelta a la rutina resulta más llevadera y menos pesadita. Porque una buena lectura siempre resulta muy provechosa. En este caso, además, asistimos a las dudas y zozobras de Cyrano, también: ¿por qué hacer cosas distintas a las que siempre se han hecho? ¿Por qué cambiar? ¿Para qué tanta innovación y tanta gaita? ¿Están reñidas la innovación y la tradición? De todo eso también nos habla un cómic portentoso con infinidad de capas de lectura. A los gastro–aficionados, les encantará. Y a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.