El enigma de las cartas

Ha llegado la hora de las cartas digitales en el sector de la restauración. Renovarse o morir.

JESÚS LENS Granada

La primera vez que fui a comer al restaurante de Álvaro Arriaga tenía decidido probar su menú degustación, por lo que le dije al metre que no me dejara la carta, que no me hacía falta: ya había visto en la web sus platos y no tenía nada que decidir. Estaba entregado al superior criterio del chef.

Recuerdo que, unos minutos después, vino el propio Álvaro y me insistió en que cogiera la carta. Lo entendí en cuanto la tuve en mis manos. Era una gozada. Una obra de arte en sí misma. El papel, la tipografía, las cubiertas… ¡Cuánta clase y elegancia! Era un sugestivo anticipo de lo que estaba por venir.

Entonces me acordé de la carta más descacharrante que jamás leí. La encontré en un restaurante de Lima y la descripción de cada plato incluía un microrrelato protagonizado por los diferentes ingredientes que lo componían. ¡Puro realismo gastronomágico! Pregunté si era posible comprar un ejemplar de aquella carta, como el que pregunta por volumen ilustrado en una librería. Pero no estaban a la venta. Las que sí estaban a disposición de los clientes eran las páginas impresas en folios y grapadas.

Le cogí tanto cariño al tema de las cartas que han acabado siendo un fetiche para mí. Me gusta manosearlas y repasarlas, de principio a fin, nada más sentarme a la mesa. De ahí que uno de los libros más preciados de mi biblioteca sea 'Menu Design In America', publicado por la editorial Taschen. Se trata de un recorrido histórico por cientos de cartas de bares, diner's y restaurantes de los Estados Unidos. Otro día les hablo de él con detenimiento, que me estoy desviando del objeto de esta Gastrobitácora.

El hecho es que, en el proceso de desescalada, las cartas de bares y restaurantes como objeto físico han pasado a mejor vida. Y ello obliga al sector de la hostelería, una vez más, a ser original y creativo a la hora de adaptarse a la nueva situación.

Hay quienes han vuelto a la pizarra y a la escritura artística a la hora de anunciar sus platos estrella y las especialidades del día. Pero junto a la vena artística, hay que apostar por la tecnología. De ahí que se haya producido una auténtica explosión de posibilidades y alternativas digitales. La mayoría de ellas pasan por la implementación de un QR que, a través del móvil del cliente, te lleva a un PDF con la carta del local. Es una solución sencilla, cómoda y útil.

Sin embargo, también se han lanzado dos herramienta mucho más potentes. La primera es Gastronomarketing, que posibilita el diseño de las cartas, la generación del QR con logotipo para imprimir y poner en las mesas de cada negocio y un diseño de carta personalizado.

La otra es Lakartade: desde el teléfono móvil, tablet u ordenador, permite cambiar los platos, las fotos y hasta incorporar vídeos a la carta, generando un código QR exclusivo a través del cual los clientes conocerán toda la oferta del negocio y visualizar al instante los platos, sus descripciones, las fotografías y los vídeos.

Con estas aplicaciones se pueden cambiar los platos de la carta cuantas veces sea necesario y presentar la oferta gastronómica en varios idiomas. El cliente no necesita tener App específica alguna en su móvil y de esta manera, la carta pasa a ser un objeto virtual dinámico, vivo, atractivo y en permanente estado de adaptación y transformación. Como la vida misma.

Estas nuevas herramientas permiten a los dueños de bares, restaurantes y cafeterías mantener su carta actualizada al instante, de forma cómoda y sencilla, sin depender de proveedores de servicios o de terceras personas.

Una carta abierta que permite modificar los precios, incluir platos de temporada, alternar los menús del día, añadir las recomendaciones diarias de acuerdo a las compras realizadas en el mercado y, llegado el caso, eliminar los productos que se vayan terminando en cada momento.

Agilidad, interacción, diseño atractivo y utilidad para el cliente. Ya que toca reinventarse y adaptarse, mejor aspirar a la excelencia.