Pablo Aguilar, en la terraza de Bheaven, cuenta cómo fue su adaptación gastronómica a Japón. / pepe marín

Una Alhambra con | Pablo Aguilar, jugador de baloncesto

«Soy feliz comiendo con vistas a la Alhambra»

Pablo Aguilar lleva tres años jugando al baloncesto en Japón. Nos habla de su gastronomía y de lo que más le gusta comer cuando vuelve a casa en verano

JESÚS LENS Granada

Quedamos en Bheaven, la terraza del hotel Barceló Carmen, con unas impresionantes vistas a Granada, Alhambra incluida. La última vez que nos vimos fue en la presentación del libro de nuestro común amigo José Manuel Puertas. Y antes, en las camillas de rehabilitación de Fisiosalud Élite, por lo que es un gustazo quedar para tomar una cerveza. PabloAguilar está en casa de vacaciones y no tardará en volver a Japón, en cuya liga juega profesionalmente al baloncesto. Conoció el país nipón en su viaje de bodas y se quedó prendado. «Aquí tengo yo que jugar al menos un año», pensó. Y ya encara su cuarta temporada allí.

–¿Le costó la adaptación culinaria a la cultura japonesa?

–¡Para nada! (Risas). Me encanta la comida japonesa. Antes de instalarme en Japón la había probado en restaurantes como Aisushi, y allí he descubierto una cocina riquísima y muy variada. Me gusta probarlo todo y siempre que tenemos días libres, mi mujer y yo salimos a descubrir sitios nuevos.

–¿Los busca refinados?

–Para nada. Cuanto más añejo sea, cuanto más auténtico, feo y viejo parezca; mucho mejor. Me encantan los izakaya y salimos a la aventura, disfruto de la Street Food y, como tengo buena boca, prácticamente me gusta todo. También hemos ido a restaurantes con estrella Michelin, uno de sushi y dos de ramen, que es la comida japonesa que más me gusta, con diferencia. En Japón, la especialización es máxima y hay numerosos bares y restaurantes que solo preparan un tipo de producto, plato o receta.

–¿Algún plato que le haya generado rechazo?

–Por decir algo, el natto. Es un alimento a base de soja fermentada, como unas judías pequeñas a las que le cuelga algo viscoso. Pero nada más.

–¿Qué tal las barras de sushi?

–Un espectáculo. Pero eso sí, en las que se cocina en directo, de cara al comensal, son caras. Sin embargo, los restaurantes populares, esos en los que la comida gira, son realmente baratos y muy buenos. También me gustan otras gastronomías orientales como la tailandesa, y las barbacoas especializadas en pinchitos de pollo, que cocinan todas su partes.

–¿Y el atún, venerado en Japón?

–Me encanta. De hecho, este año celebramos el título de Copa con un ronqueo de un atún que se hizo en pleno pabellón y en el que participó todo el equipo. Toda una experiencia.

–¿Y el sake y la cerveza?

–El sake me gusta mucho y he aprendido a diferenciar distintos tipos y referencias. Me he traído algunos y lo comparto con los amigos que vienen a casa. Es un mundo muy amplio y variado, como el del vino. Las cervezas están bien, pero no son la Alhambra. (Risas).

–¿Echa de menos la comida española enJapón?

–Para nada. (Risas) Confieso que no. La comida japonesa es excepcional y no me harto nunca de probar.Eso sí, mi mujer,Estela Royo, hace una tortilla de patatas espectacular. También hacemos lentejas alguna vez, pero no salen ni parecidas. Si acaso, añoro el jamón serrano, que se puede encontrar allí, pero a precio de oro. Como los vinos españoles. Estoy pensando crear una cuenta de Instagram especial para mostrar los platos de la gastronomía japonesa. Se aceptan sugerencias para el nombre. (Risas).

–¿Qué fue lo primero que comió al volver a Granada este año?

–¡El gazpacho de mi madre! (Risas). Como siempre vuelvo en verano, me pongo al día con el gazpacho, el jamón y la tortilla de patatas. Además, mis suegros son ganaderos en Zaragoza y el solomillo de sus terneras es el mejor que he comido nunca. Y no es peloteo.

–¿Bajará a la playa este verano?

–Soy poco de arena, más de chiringuito. Pero sobre todo, soy de mirar a la Alhambra. Soy feliz viendo el monumento nazarí mientras como o me tomo una cerveza. Como será la cosa que pedí la mano de mi mujer en Juan Ranas, celebramos la preboda en Abén Humeya, nos casamos en Santa María de la Alhambra y lo celebramos en el Carmen de los Mártires. Durante los meses en que estuve lesionado en la mano, sin poder jugar, iba a rehabilitación y luego paseaba por el Albaicín y pasaba horas mirando a la Alhambra y a Sierra Nevada.

Menú degustación

  • Un ingrediente La cebolla

  • Un plato de la infancia Arroz a la cubana

  • Una tapa para abrir boca Carne en salsa con patatas

  • Una cocina internacional India y mexicana

  • Dulce favorito Las palmeras