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Granada
S e da en verano y, dependiendo de la planta de la que nace y del clima, también en otoño. Pero su lujurioso y flameante ... color rojo es propio del estío. Hablamos de uno de esos frutos llamados precisamente rojos cuyo aspecto, vívido y reventón, parece decirnos «¡Cómeme!».
La frambuesa le coge la vez a la cereza y, junto con su prima hermana la fresa, las moras y los arándanos; enriquece el muesli del desayuno y los yogures con más aspecto de sanos y repletos de propiedades. Pero, sobre todo, es un placer comerlas solas. Y a puñados.
Desde el punto de vista nutricional, su intenso color rojo ya nos indica que las frambuesas son un poderoso antioxidante a las que no les tiembla el pulso a la hora de vérselas con los temibles radicales libres que nos hacen envejecer antes de tiempo. No aportan muchos hidratos de carbono ni proteínas, eso es verdad, por lo que no resultan particularmente energéticas. Por contra, atesoran mucha vitamina C y resultan aliadas del sistema inmunológico, contribuyendo a que nos encontremos mejor.
Para mujeres embarazadas, las frambuesas son especialmente recomendables por la cantidad de ácido fólico que aportan, sin olvidar la fibra. De ahí su presencia en tantos desayunos. Y es que en verano, al salir de casa, hay organismos que no llevan bien el cambio de dieta y de entorno. Además, aportan minerales como hierro, magnesio y fósforo, lo que hace de este fruto rojo un buen aliado contra la hipertensión, fortaleciendo el sistema circulatorio en su conjunto y ayudando a generar glóbulos rojos.
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