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Ana María Gutiérrez, Odile Fernández y José Miguel Magín brindan con el gazpacho solidario. j. l.
Un gazpacho muy solidario en Mecina Bombarón
Gastrobitácora

Un gazpacho muy solidario en Mecina Bombarón

Hay platos que, por su simbolismo, además de contar historias, contener Historia y congregar a toda una Academia detrás, ayudan a mejorar la vida de las personas que peor lo están pasando

Jesús Lens

Granada

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Viernes, 26 de abril 2024, 00:14

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Se lo he contado otras veces: cuando José Miguel Magín me dice ven, lo dejo todo y tiro para donde él me diga. El sábado pasado, por ejemplo. Lo tenía reservado desde hacía semanas, cuando el jefe de cocina del hotel Saray y del gastrobar Qübba me dijo que no hiciera planes para ese día, que nos íbamos al pueblo. El pueblo es Mecina Bombarón, claro, al que ya siento un poco mío.

Quedamos a las 8 am con nuestra inseparable Ana María Gutiérrez, también y tan bien conocida como Ana 'Entreolivos'. Somos como los tres mosqueteros: todos para uno y uno para todos; siempre juntos en estos viajes gastronómicos por nuestra provincia.

Hicimos parada y fonda en Lanjarón, en la popular Venta el Buñuelo. Nos comimos un par buñuelos tradicionales con azúcar, sencillicos, y otro con su queso de cabra y cebolla caramelizada. Que apenas pasaran las 9 de la mañana tampoco era para tanto. Eso y el café, claro.

Antes de dejar el coche junto a la biblio–cabina de teléfonos de Mecina Bombarón recorrimos los alrededores del municipio de Alpujarra de la Sierra, que también incluye a El Golco, Yegen y Montenegro, todos ellos unidos, además de por carretera, por caminos y senderos que recuerdo haber pateado años ha. ¡Ay, la Alpujarra, mi Alpujarra!

Les confieso que eran las doce del mediodía y todavía no sabía qué pintaba en Mecina Bombarón. ¡Las cosas de mi Magín! Pero algo intuía, que tanto él como Ana María llevaban los mandiles de la Academia del Gazpacho Andaluz de la que son miembros fundadores. Y precisamente por eso se separaron nuestros caminos: mientras ellos se iban a montar el 'chiringuito', yo me perdí entre la gente, siguiendo la fastuosa celebración del Día del Libro en una localidad que se ha convertido en pueblo-libro en sí misma.

Tras un paseo teatralizado por diferentes espacios del pueblo, con intervenciones de hasta 50 vecinas y vecinos que representaban fragmentos de obras como el Quijote, Alicia en el país de las maravillas, Mary Poppins o La vida en sueño; la celebración del Día del Libro terminó en el Salón Cultural, lleno hasta la bandera. En su escenario se siguieron sucediendo interpretaciones musicales y recitados literarios mientras artesanos de La Alpujarra mostraban y vendían sus productos. Por ejemplo, unos soberbios roscos fritos con azúcar y un sugerente licor de membrillo que se vinieron para Granada.

Al otro lado del Salón, la parte gastronómica. Una larga barra y platos tradicionales para disfrutar un exquisito arroz, migas con su morcilla y chorizo, quesos artesanos de la comarca y jamones alpujarreños, entre otras viandas. Y, por supuesto, el rincón dedicado al gazpacho.

José Miguel Magín, cariñosamente conocido como Miguelillo el de Benigno y mecinero de pro, preparó un soberbio gazpacho tradicional con sus tomates, pimientos, pepinos, ajos, AOVE, pan… Como ingredientes extra, llevaba fruta de la pasión y una espuma del agua del propio tomate, aderezado con jamón serrano deshidratado. Era curioso que alguna gente, al ver la espuma, se alarmara pensando que era nata.

La particularidad del gazpacho, más allá de lo extremadamente bueno que estaba, es que se vendía a 3 euros y todo lo recaudado fue para la Fundación UAPO, Unidad de Apoyo a Pacientes Oncológicos. Junto a Magín y Ana María Gutiérrez, la mejor comercial del gazpacho posible; estaba la doctora Odile Fernández, abanderada de una entidad que proporciona a las personas enfermas de cáncer un tratamiento integral gratuito con un equipo de educadores físicos, fisioterapeutas, nutricionistas y psicólogos, junto con el personal de administración y servicios. Al final de la velada, casi 500 euros recaudados con fines sociales y altruistas.

Aproveché el trajín del mediodía para perderme por las calles del pueblo–libro, ya a mi aire, y fotografiar con el móvil los mil y un detalles literarios que adornan cada rincón. Una decoración sutil y elegante. Me bajé a lo hondo y, mirando a El Golco, apuré mi tercio de Alhambra Especial y un platazo de arroz junto a uno de los hermosos alojamientos rurales que hay en la localidad. ¡Qué chute de oxígeno y vitalidad me pega siempre La Alpujarra!

Para una próxima visita me dejo el probar los bares de Mecina, que nos esperaba la Feria del Libro en Granada, amenazaba tormenta y teníamos que llegar a la Fuente de las Batallas a tiempo sí o también. Pero esa es ya otra historia.

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