'Las gotas de Dios' o la conexión a través del vino
Es una serie exquisita para paladear con delectación. La descubrí gracias aa un amigo en una cálida comida bien regada en Asador de la Reina y me ha acompañado durante un mes
La primera cita la tuvimos que aplazar por cuestiones de agenda. Mi amigo Amador Carmona y yo habíamos quedado en ir a visitar a 'Cangrejo' ... a su Asador de la Reina de La Zubia. Queríamos darle un abrazote a ese tipazo que es Sergio Lara y ponernos 'moraos' de carne, pero el hombre propone y la vertiginosa actualidad dispone.
A la segunda sí fue la vencida y por fin nos plantamos allí, hará un mes más o menos, en ese espacio prodigioso, lo más cerca que tenemos a un auténtico caserío vasco en Granada, con su gran parrilla abierta y sus varios hornos.
Antes de hablar de la comida, hablemos de la propia conversación. Porque uno de los placeres de salir a comer fuera con un amigo al que no ves tanto como te gustaría es precisamente tener la ocasión de charlar largo y tendido, con libertad. Y como Amador es un tipo entusiasta y curioso por naturaleza, fuimos saltando de festivales de música y culturas varias a libros y literatura negro-criminal, al deporte y a nuestro Covirán de baloncesto, al que llevamos y sentimos en el alma.
Hablamos de esta Granada nuestra, claro y, como no podía ser de otra manera, en cuanto las soberbias mollejas que son una de la marca de la casa de Asador de la Reina hicieron su aparición en la mesa, pasamos a hablar de gastronomía, de buenas viandas y vinos. Entonces, la pregunta: «Oye, Jesús, habrás visto la primera temporada de la serie 'Las gotas de Dios', ¿verdad? Que ya está a punto de estrenarse la segunda».
Pero no. Ni la había visto ni la tenía en el radar. Ahora ya sí, claro. La he paladeado lentamente y con delectación, todos y cada uno de sus episodios. A los de la primera temporada me refiero. Que la segunda la guardo como oro en paño. Y sí. Va de vino. Pero también nos habla, y cómo lo hace, de otras muchas cosas.
Les hago un somero resumen del argumento. El mundo del vino llora la muerte de Alexandre Léger, un reputado enólogo con guía propia y atesorador de una increíble bodega personal con 87.000 referencias. ¡Una herencia de lo más jugosa por la que tendrán que competir su hija Camille, muy distanciada de su padre desde hace años por razones que ya conoceremos, y un joven japonés, Issei, el protegido de Alexandre, que llevaba buena parte de su vida instalado en Tokio.
Una serie con cuerpo
«Es una serie que nos muestra que estamos en continuo proceso de aprendizaje y supervivencia. Nos enseña que tenemos muchas habilidades innatas que tenemos que desarrollar», me comenta Amador. ¡Y tanto que sí! Porque 'Las gotas de Dios' no es una serie sobre vinos, sino con el vino como hilo del que tiran los personajes para conocerse, descubrirse y disfrutarse.
En uno de los episodios más emocionantes podemos escuchar este diálogo: «El vino nunca se debe beber a solas. ¿Sabes por qué? Cuando se comparte, se crea una conexión. Un vínculo». Y es que los protagonistas de la serie hablan de uvas, añadas y terruños. De denominaciones de origen, altitud, taninos, aromas y demás. Pero, sobre todo, hablan de la vida.
En Asador de la Reina, para compartir una exquisita pierna de cordero que roímos casi hasta el tuétano, Maite nos sugirió que, en vez de un tinto potente con mucho cuerpo y madera, que sería lo supuestamente adecuado, probáramos con un espumoso más fresco y ligero. ¡Y qué acierto, oigan!
Al despedirnos, Amador y yo quedamos en que había que repetir. ¡El vino hablará por nosotros, que ya hay conexión y vínculo! Volverá a ser en Asador de la Reina o, quizá, en la muy ilustrada La Taberna del Kafka. O en Bodega Merus. O en Asador Curro. O en el recién abierto Trescero. O en Masae. O en Arri, la taska vaska de Álvaro Arriaga. O en Camino de la Huerta de Alomartes. Por todos esos sitios he ido recomendando la serie y a todos estoy loco por volver. O por ir por primera vez.
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