Pocos alimentos presentan un color verde tan atractivamente natural, brillante y luminoso. El guisante, chiquito pero matón, que entre finales de marzo, abril y principios ... de mayo está de plena temporada para consumirlo fresco, de la huerta a la mesa, aunque lo tengamos todo el año a nuestra disposición, debidamente congelado.
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Empecemos por decir que estas pequeñas semillas tan redonditas, siempre protegidas por su vaina, son legumbres. Es posible que nos despiste su intenso color verde y que las tengamos por verdura, pero pertenecen a la familia de las lentejas o los garbanzos y forman parte importante de la dieta mediterránea como importante fuente de nutrientes.
Entre las propiedades más destacadas de los guisantes, arrancamos por la parte calórica, ahora que se acerca la Semana Santa y, con la primavera, empezamos a quitarnos capas de encima: hablamos de una legumbre menos calórica que sus hermanas mayores, que apenas aporta 80 kcal por cada 100 gramos, un exiguo 0,4% de grasas y nada de colesterol. Además, es rico en agua y en fibra, por lo que conviene sumarlo al batallón de los aliados en los regímenes de adelgazamiento al favorecer el tránsito intestinal.
100 gramos de guisantes suman un 5,3% de proteínas, por lo que son buenos amigos de los músculos. De hecho, de acuerdo con la Fundación Española de Nutrición, una ración media de guisantes equivale a la proteína de un huevo entero. Y a todo eso hay que sumarle el potasio, por lo que contribuye a un buen funcionamiento del sistema nervioso y el importante aporte de vitaminas.
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Para empezar, un buen plato de guisantes con jamón. Pero este producto ofrece mil y una posibilidades a la hora de cocinar, desde sopas reconfortantes (o refrescantes, si la hacemos fría en verano) a sabrosas cremas que, además, aportan color a los platos en forma de guarnición. Atención al hummus de guisante, que su origen más lejano está en Oriente Medio. Y no olvidemos el sencillo crujir del guisante al morderlo, uno de esos placeres sencillos de la vida. El toque semidulce que le aporta a una ensaladilla, por ejemplo, resulta sabrosísimo.
El guisante fue uno de los bocados predilectos del Luis XIV, el Rey Sol, que lo puso de moda en la corte, pero se consume desde hace 8000 años. El emperador romano Heliogábalo los hacía servir cocidos y mezclados con granos de oro, lo que hablaría bien a las claras del valor que se les concedía. Y recordemos que Hans Christian Andersen escribió unos de sus famosos cuentos, 'El guisante y la princesa', en el que la diminuta legumbre situada bajo un colchón tenía todo el protagonismo.
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Se le conoce como 'el caviar vegetal', una exquisitez que resulta tan sabrosa como cara. En primavera, es producto de lujo en los restaurantes. Se recoge a mano en el momento preciso y resulta sabroso, dulce y muy delicado.
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