Javier Bozalongo repasa una herencia culinaria compartida entre Tarragona y La Rioja. / ramón l. pérez

Una Alhambra con Javier Bozalongo | Escritor y editor

«Me gusta saber lo que como, la comida reconocible»

Javier Bozalongo, dulcero confeso, echa de menos la cocina catalana. Le gusta el pescado bien frito, el gintónic sin florituras y tomar notas en los bares

JESÚS LENS Granada

Llega cargado de libros. Aunque ahora parezca mentira, hace una semana todavía íbamos con abrigo por la noche. Recién recogido en la imprenta, me pasa 'Malvadeces', de Miguel Puga, que presentaremos este domingo en la Feria del Libro. Además, un ejemplar de 'Granada a vuelapluma', de Alfonso Salazar y uno de poesía de su propia cosecha, 'Nombrar la herida'. Todos ellos están publicados por Sonámbulos Ediciones. Hemos quedado en La Gaditana y no tardamos en meternos en harina.

–¿Por qué hemos quedado aquí?

–Porque estamos en nuestro barrio, el Zaidín, y me gusta mucho cómo fríen el pescado. Vengo a menudo.

–¿Le gusta el pescado frito?

–Sí. Soy de Tarragona y el pescado forma parte de mi vida. No hay tapa que me guste más que unos calamares a la romana. Me encanta cómo lo fríen en La Esquinita de Javi. Por mi barrio, voy a la pizzería Don Giovanni y también me gustan Los Cazadores de Pinos Genil y Álvaro Arriaga.

–¿Se puede probar la cocina catalana en Granada?

–Apenas. Y la echo de menos. Antes, en Los Patos, había un director catalán. Hacíamos un ciclo de poesía, invitábamos al autor a cenar y el cocinero preparaba platos catalanes, como la escalibada.

–¿Qué destacaría de esa cocina?

–La pastelería, que es muy especial. Podríamos decir que cada santo tiene su propio pastel. ¡Uno por día! Soy muy dulcero, quizá por herencia paterna.

–Una parte de catalán, ¿y la otra?

–De La Rioja. De Calahorra, sin el 'La' que la haría granadina. Tengo primos bodegueros y cuando voy me gusta traerme algunas botellas. Me gustan los claretes del año que se venden sin etiqueta, a precio de cooperativa. También el Primi Luis Gurpegui de Muga o la bodega SanAdrián, que aunque es de Navarra, sigue siendo Rioja. Me gusta que cada vez haya más cultura vinícola. Mis hijas, cuando vienen a casa, hay veces en que piden descorchar una botella. Eso sí, hay que tener cuidado con los precios.

–¿Ha escrito alguna vez algo en relación a la gastronomía?

–Una vez, una pequeña venganza literaria. Una amiga se quejaba de que su marido le había regalado uno de esos robots. ¡Más tiempo en la cocina! Escribí un relato en el que la mujer envenenaba a su marido con una mousse de limón que llevaba un ingrediente especial. (Risas).

–Y ya está en la calle 'Malvadeces', el libro de Miguel Puga, MagoMigue, del que me habló hace unos meses en otra de estas conversaciones...

–Es un libro muy divertido que lleva como subtítulo 'El arte de volver a hace diabluras'. Contiene trucos y juegos de magia sencillos para disfrutar con los amigos mientras se toman una cerveza, en la barra del bar. Un libro para pasarlo y hacerlo pasar bien.

–Y lo nuevo de Alfonso Salazar...

–En 'Granada a vuelapluma', ha escrito una 'Guía sin pretensiones para pasear por la ciudad', como reza el subtítulo, e incluye visitas a Los Italianos, al Gran-Café Bib Rambla o a la romería de San Cecilio, con sus salaíllas.

–¿Ha publicado Sonámbulos algún libro de temática gastronómica?

–No. Es un género con sus propias especificidades. Mira los de Arguiñano, que todas las Navidades son superventas. En casa tengo, y uso, el clásico de recetas de Simone Ortega. Antes, llamaba a mi madre y ella me daba las recetas por teléfono, con esa forma tan particular que tienen las madres de explicar cómo hacer los platos. Alubias al estilo riojano, pimientos del piquillo rellenos, leche frita, los canelones al estilo catalán, sin tomate...

–¿Escribe en bares y cafeterías?

–Tomo notas y apuntes y pego la oreja a las conversaciones ajenas. Me gustan las historias de la gente. Luego escribo en casa.

–¿Es osado, cuando viaja?

–Me gustan la comida peruana y los asados argentinos. La mexicana, si es muy picante, no me cae bien. Los platos orientales me tiran menos.Me gusta saber lo que como, reconocer los ingredientes.

–¿Y el trago largo?

–El gintónic, pero el tradicional, sin ensaladas dentro. En vaso ancho. Porque, como decía Ángel González, si es alto y discutes, terminas tirándolo. (Risas). Me gustan los del Asador Curro.

Menú degustación

  • Un ingrediente Huevos y patatas

  • Un plato de la infancia Patatas a la reina

  • Una tapa para abrir boca Calamares a la romana

  • Una cocina internacional Italiana

  • Dulce favorito Piña con crema catalana