La hidratación, más allá del agua

La hidratación, más allá del agua

En verano, mantenernos hidratados es una obligación. Echémosle una mano al agua para darle al cuerpo la cantidad de líquidos que demanda

JESÚS LENS

Julio y agosto. Verano. Olas de calor. Récords de temperatura. 40 grados. Alertas rojas, naranjas y amarillas. Recomendaciones de las autoridades sanitarias: tirar por la sombra... y mantenernos lo más hidratados posible, bebiendo líquidos antes de tener sed. Agua, principalmente, como nos recordaba Fermín Apezteguia en estas mismas páginas, a comienzos de julio. 'Ni la copita de vino cardiosaludable, ni la típica cerveza con limón; los días de más altas temperaturas el cuerpo solo agradece el agua'.

Y, sin embargo, el agua podría no ser suficiente. Sobre todo, para la gente a la que le cuesta beberla, que haberla, hayla. O a los olvidadizos que, a media tarde, nos acordamos de que debíamos llevar ya 15 vasos de agua ingerida y nos amorramos a la botella de Lanjarón como un recién nacido al pecho de su madre.

Consejo para las personas más refractarias al agua, bebida a la que se podría acusar de aburrida, pelma o cansina: añádanle frutas, hierbas o flores. Como si fuera un gintónic de autor. O entréguense al té frío, helado a poder ser, una bebida muy habitual en los países de ascendencia anglosajona. Y recuerden que el agua con gas es una bebida muy socorrida y especialmente refrescante. Llegado el caso, si se encuentra de farra y no tiene ganas de beber alcohol... ni de dar explicaciones; un vaso de agua con gas con hielo y limón da el pego como combinado.

Alimentos que hidratan

Bebamos agua, sin duda. Pero ayudemos al cuerpo a mantenerse hidratado, también, a través de los alimentos. Los gazpachos, por ejemplo. Y los ajoblancos y demás sopas frías. Su componente principal es el agua y, sobre todo en el caso del gazpacho, apenas tiene calorías. El plato estrella del verano, además de estar buenísimo, es muy recomendable para la salud. Busquen recetas para hacer sopa de melón. O la muy sugerente y provocativa sopa de pepino, yogur y menta. Apuesten por la crema de calabacín o, si les gusta la cocina japonesa, trabajen el ramen frío de verano. Comer platos de provenientes de otras culturas, además, es una forma diferente de viajar... sin necesidad de movernos del sitio.

Obligatorio recordar, también, esas frutas de alta capacidad hidratante, las que se hacen jugo en la boca, con el melón y la sandía como otras de las estrellas veraniegas por antonomasia. Más exótica es la papaya y deberíamos hacer todo lo posible por reivindicar la limonada, siempre que nos gusten los sabores ácidos y no la carguemos de azúcar. Con respecto al resto de zumos o jugos, tal y como les llaman en diferentes países sudamericanos, un recordatorio: no los carguen de leche ni les añadan los llamados 'toppings', salvo que sean de la propia fruta. Se trata de ayudar al cuerpo a mantenerse fresco, no de adquirir reservas de grasa como si fuésemos osos a punto de encerrarnos a hibernar.

En Levante es muy habitual la horchata. Recomendable que sea hecha con chufa de Valencia, que tiene su propia denominación de origen, para que resulte realmente sana y natural además de refrescante. Por ahí se venden otras horchatas, pero no son lo mismo.

Ensaladas verdes

Y nos queda el recurso a las ensaladas, siempre que tengan más cantidad de vegetales que de otros ingredientes. Ensaladas, sobre todo, de hoja verde, que son las verduras más hidratantes. Por su alto contenido en agua, además de las consabidas lechugas, son especialmente recomendables el tomate, el calabacín, la calabaza y el apio.

El cuerpo humano está compuesto por un 70 % agua y, en los tórridos meses de verano, es necesario ser especialmente cuidadosos con su hidratación. Sobre todo, porque los españoles tendemos a beber menos agua de la aconsejable, como han resaltado informes de la Cátedra Internacional de Estudios Avanzados en Hidratación.

Y, por si alguien se lo estuviera planteando, una mala noticia: los refrescos no son buenos aliados para mantener el cuerpo hidratado: sus altas concentraciones de azúcar los convierten en bombas de calorías y hacen que sea peor el remedio que la enfermedad.

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