Anotnio Moya en su restaurante, el Asador de Castilla. / Ideal

Con nombre propio | Antonio Moya

El hostelero que apuesta por la tradición familiar en el Asador de Castilla

El gerente del negocio continúa un camino que iniciaron sus padres hace 30 años

ALBERTO FLORES

Elegir un camino a nivel profesional no siempre resulta fácil. Hay muchos factores que entran en juego y conseguir aunar vocación y trabajo suele resultar complicado. Sobre todo para quienes continúan el legado de sus padres a través de un negocio, que no siempre resulta del agrado de los hijos. Pero ese no es el caso de Antonio Moya, gerente del Asador de Castilla, sino todo lo contrario. Porque él ha tenido la suerte de encontrar su pasión y, a la vez, continuar el camino de sus padres, que dirigen el Real Asador de Castilla desde hace tres décadas. «Para mi tanto mi vocación como la herencia familiar tienen el mismo peso. Esto es lo que me gusta y tengo la suerte de poder continuar con el trabajo que han realizado mis padres», cuenta Antonio, que no solo se limita a las tareas típicas de la gerencia. Si tiene que entrar en cocina, lo hace. Y si hay que ayudar en la sala, también. Sus días comienzan temprano, momento en el que va a comprar productos para el restaurante junto a su padre, que le echa una mano aunque ya esté jubilado.

Y desde entonces no para. «Compruebo que los asados estén correctamente, me encargo de la operativa del restaurante, la contabilidad, atiendo a los clientes, controlo la cocina y la sala… Y así hasta que cerramos». Algo que no le pesa en exceso ya que, como cuenta, la hostelería es su vocación. De hecho, comenzó a dedicarse a ella muy pronto, prácticamente con 16 años trabajando de camarero en el restaurante de sus padres los fines de semana. «Al principio lo hacía por obligación, aunque poco a poco me fui dando cuenta de que era lo que me gustaba», explica Antonio.

Decidió estudiar Turismo para explorar otras opciones profesionales. Pero eso no le alejó de la hostelería. «Muchos veranos iba a Londres para aprender inglés y trabajaba en restaurantes para conseguir algo de dinero». Al finalizar su etapa universitaria se marchó de Granada: primero con destino a Suiza y después a Barcelona para trabajar en diferentes hoteles realizando diversos trabajos de comercial y en el departamento de recepción, entre otros. «Intentaba probar otras ramas que no fueran las trabajadas con mi familia», argumenta el hostelero granadino.

Tras varios años lejos de Granada decidió regresar a casa. Y no había mejor hogar que el Real Asador de Castilla, donde estuvo trabajando durante cinco años hasta emprender su propio camino: abrir su propio restaurante. «Queríamos un proyecto que nos permitiera ampliar un poco y que fuera más grande que el Real Asador de Castilla. Aquí tenemos terraza, zona de tapeo, mesas para comer… Es un lugar que nos ofrece más opciones». Pero eso no significa que las señas de identidad marcadas por su familia cambiaran, ni mucho menos. Seguían ofreciendo una cocina castellana y de mercado, «con la misma línea de siempre». Aunque, eso sí, añadiendo algunas variaciones en la carta para atraer también a un público más joven. Y lo cierto es que su apuesta no pudo salir mejor, asentándose se manera rápida en la Plaza de los Campos en Granada y ganándose el cariño de su clientela.

Durante este 2022, concretamente en el mes de julio, el restaurante cumplirá 10 años. «Es una gran satisfacción alcanzar esa cifra porque en la hostelería no te puedes dormir y hay que estar al pie del cañón día a día», algo que hace siempre mientras sigue la línea de sus padres y apuesta por producto de la máxima calidad y una cocina cuidada al detalle. De esos 10 años de vida, prácticamente los dos últimos han estado marcados por la pandemia del coronavirus, que ha sido «una incertidumbre total». «Íbamos lanzados y todo se frenó. Ha sido como empezar de cero», explica Antonio, que espera que la recuperación total pueda llegar pronto.

Sobre si se atreve a pensar en el futuro debido a la pandemia, cuenta que es bastante complicado. «Esta situación nos ha demostrado que cuando pensamos que ha terminado llega una nueva ola. Solo podemos intentar superar el día a día». Sin embargo, eso no le impide soñar a largo plazo: «Lo que más me gustaría sería mantener la línea con la que llevamos 30 años trabajando y poder seguir el camino de mis padres hasta que yo me jubile».

Una propuesta gastronómica «muy completa»

Para Antonio Moya la carta del Asador de Castilla es bastante completa. De hecho, cuenta que siempre disponen de pescados frescos y una gran variedad de productos diferentes. Sin embargo, al destacar algunos platos por encima de los demás no tiene duda:«Si tuviera que elegir me quedaría con el asado de cordero o el cochinillo, que son la especialidad de la casa». Platos icónicos de su restaurante con los que llevan triunfando décadas y que son todo un manjar para disfrutar en Granada capital.