Una allhambra con... Miguel Ángel Santamarina | Periodista y escritor
«La impunidad es uno de los grandes temas de mi novela»
Tras varios libros de no ficción acaba de dar el salto a la novela con 'La hora de los monstruos', en Ediciones B
Granada
Quedamos para hablar de libros. Miguel Ángel Santamarina ha debutado en la novela con un thriller en el que el periodismo no siempre sale bien parado...
–¿Qué cuenta en su novela?
–Hablo de desapariciones. La de unos jóvenes y también la de otros personajes que quieren ausentarse de unas vidas que no les satisfacen. La trama es la de un thriller: hay que buscar a unos chicos y el que se encarga de hacerlo es un periodista, un hombre honesto, cuya vida privada se está desmoronando y se aferra a este caso como un salvavidas. A partir de ahí surgen muchas subtramas –es una novela coral–, como el tratamiento que dan a los casos de desapariciones en algunos medios de comunicación, la telebasura. La novela está ambientada en 2012, en plena crisis económica, un momento en el que se decidió salvar a los bancos y condenar a varias generaciones de jóvenes a vivir peor que sus padres, y también a muchos de éstos a vivir de forma miserable sus últimos años laborales. Ese concepto de 'juventud robada' también está de fondo en mi historia.
–¿Qué opina de determinados programas de TV muy sensacionalistas?
–Es algo que surgió en los noventa: todo valía con tal de conseguir audiencia. Desgraciadamente sigue ocurriendo. Dicen que les importa el sufrimiento de las familias, pero sólo quieren aumentar la cuota de pantalla. No es menos reprobable lo que hacemos los que consumimos este tipo de programas; de una forma u otra, todos los hemos visto. Ahora con los móviles es todavía peor. No hay que irse a un caso de secuestro o asesinato: le hacen bullying a una muchacha y ves la grabación en TikTok. De esa manera revictimizamos a la niña y convertimos a sus acosadores en personas populares.
–¿Sigue habiendo monstruos escondidos debajo de la cama?
–Sí. Eso de que el ser humano es bueno por naturaleza es una trola muy grande. Luchamos contra nuestro instinto –la mayoría–, pero hay personas que por causas genéticas o ambientales (la educación que han recibido y/o el entorno en el que se han educado) se convierten en unos monstruos. El problema es que cada vez se muestran de una forma más natural; no tienen miedo a ser señalados. Ese es uno de los grandes temas de mi novela: la impunidad.
–¿Qué tal el salto a la novela?
–Algo natural. No me ha costado cambiar de registro. La literatura siempre está presente en cualquiera de mis textos; es la que mejor rellena los huecos y la que explica de una forma más nítida lo incomprensible. Sí que he de reconocer que la estructura de una novela es mucho más exigente que la de una obra de no ficción. Una novela es como un perfume: si cambias una esencia o su cantidad sin valorar su afectación en el conjunto, deja de oler bien sin que te hayas dado cuenta.
–¿Nos habla de sus libros de historia?
–Durante unos cuantos años escribí una sección de 'Efemérides de la historia' en Zenda. Cuando hablé con Penguin para pasarlo a papel, decidimos que el primer libro de esta colección tenía que ser sobre la Segunda Guerra Mundial: es el gran hecho histórico por todas sus repercusiones y por la devastación que supuso. El segundo tomo estaba claro que tenía que ser de nuestra Guerra Civil, de la que se han cumplido noventa años de su comienzo. En ambas obras hablo de los grandes acontecimientos, pero me centro sobre todo en la microhistoria, en las vivencias de las personas fuera de foco. Esos personajes son los que mejor explican los conflictos y sus repercusiones en la población. Todo esto lo hago mezclando divulgación histórica, crónica periodística y literatura. Y lo más importante, sin adjetivos; los lectores son los que deben formar sus opiniones a través de las interrogantes que planteo. Siempre busco las dudas, y evito las certezas.