Una Alhambra con | Antonio M. Lallena >Rojo, catedrático de Física atómica, molecular, nuclear y escritor
«La inquietud nos ronda y lo seguirá haciendo en el futuro»
Catedrático de Física atómica, nuclear y molecular, Antonio Lallena Rojo nos inquieta con sus cuentos
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Granada
Quedamos en Taberna Las Copas con Antonio y con Pepe Villoslada, ese auténtico catalizador; y nos emplazamos para seguir charlando próximamente.
–¿Por qué, 'Cuentos ... inquietantes'?
–Al principio el título era 'Cuentos', pero tras leerlos, mi amigo Pepe Villoslada sugirió que, como mínimo, había que añadir lo de 'inquietantes'. Pero ya había otro libro con ese título. Después de varias vueltas llegamos al definitivo '7 Inquietantes cuentos cotidianos'.
–¿Qué cuentan?
–Son siete cuentos independientes que narran historias de personas normales y corrientes que se ven inmersas en una circunstancia imposible e inverosímil que les condiciona, de una u otra manera, la vida. El nexo de unión entre los relatos es esa ocurrencia completamente irreal, diferente en cada caso, pero que hace que, en todos ellos, sueños y fantasías se conciten para perturbar la cotidiana existencia de los personajes.
–¿Ha tardado mucho en escribirlos?
–Es el trabajo de muchos años. Agradezco a Pepe Villoslada su confianza y que me animara a publicarlos. Y a Miguel Sánchez Peinado, el editor, fundamental para que el libro haya visto finalmente la luz en 'Alminar Libros', (Ediciones Miguel Sánchez).
–¿Qué nos debe inquietar más, el presente o el futuro?
–En cuanto a inquietudes se refiere, mucho me temo que, en los tiempos que corren y en los que vendrán, vamos a tener razones suficientes para que la inquietud la tengamos rondando alrededor sin pausa. El deterioro de la convivencia, al que venimos asistiendo, unas veces, como meros espectadores y, otras, quiero pensar que las menos, como participantes activos, me preocupa. Ojalá seamos capaces de adoptar una actitud crítica hacia los que parecen interesados en que todo se vaya complicando cada día más y los podamos aislar, sacándolos de las esferas de decisión que tanto nos afectan (aunque muchas veces nos hagan creer que nos son ajenas).
–¿Es importante divulgar la ciencia?
–La divulgación científica es, en mi opinión, fundamental en cualquier sociedad que pretenda evolucionar a mejor. No sólo permite competir de manera eficiente con los numerosos bulos que las condiciones de comunicación actuales facilitan (por cierto, sin que nadie parezca interesado en poner los límites lógicos que deberían existir), sino que contribuye a la cultura de los ciudadanos. Porque la ciencia, mal que pueda pesar a algunos, es cultura y, de igual manera que podemos considerar 'inculto' a aquél que no conoce 'El Quijote' o 'La Gioconda', ignorando quiénes son sus autores, Cervantes y Da Vinci; también lo es (y así debería ser entendido en la sociedad) quién no sabe qué es una célula ni cómo es su funcionamiento básico, o desconoce cómo es la estructura de la materia y cuál es la base de, por ejemplo, los procesos nucleares que permiten la generación de energía de fisión y de fusión. Quienes trabajamos en ciencia en el sistema público (universidades, centros de investigación, etc.) tenemos la obligación moral de divulgar lo que hacemos, de transmitir a la sociedad, que es la que nos paga por hacer nuestro trabajo, sus peculiaridades y cuáles son los resultados de esa investigación.
–¿Reivindicamos la tercera cultura que fusiona ciencias, artes y letras?
–Desde hace mucho tiempo mantengo que, en este nuestro país y en muchos otros, puede que en todos, la cultura es, como decía antes, un bien profundamente asimétrico. Aquí la cultura sólo incluye las clásicas siete bellas artes (literatura, pintura, escultura, arquitectura, danza, música, cine), haciendo legos funcionales en muchos otros aspectos a las gentes que, por muy distintas razones, rechazan de plano cultivar la ciencia, aunque sólo sea a nivel básico. Da igual cómo se llame siempre que nos empapemos de ella.