Destinos con sabor

El jamón de Navidad

PABLO AMATE

Recuerdo que era hasta habitual ver al padre de familia a mediados de noviembre con un jamón al hombro. Llevar un pernil en esas fechas al hogar, en ciertas familias, era símbolo de felicidad y regocijo. Se compraban dulces propios: mantecados, turrones y toda la gama de dulcería, la mayoría de origen morisco, asumidas a fiestas cristianas y regodeos. Otro ritual humano y afable fue el dejar a los guardias municipales del tráfico diferentes y hasta generosos regalos de distintas empresas, colectivos y particulares. No era raro que le obsequiaran con pavos vivos, en pleno casco urbano. O cajas de sidra o vino, no causando rubor el ofrecer bebidas alcohólicas a guardias urbanos. También podía caer un jamón o una paletilla.

Vamos al jamón

Que no al turrón. Eso otro día. Dadas las siniestras circunstancias, que se van apreciando, a causa de esa maldita invasión a Ucrania con el horror que apreciamos en vidas humanas, destrucción de ciudades. Todo ha subido. Y dirán ¿y que tiene que ver eso con el jamón? Mucho. Todo. Ya lo viven en sus carnes la subida de carburantes, gas, luz eléctrica, etc. Y ha tenido que ser una guerra la que nos abra los ojos. Ucrania sí es, o era, el granero de Europa. Y al bloquearse los puertos por los filibusteros rusos, a los cerdos (ahora me refiero al porcino) se les ha encarecido el pienso muchísimo. Y para más daño, no llueve y tampoco pueden pastar en las granjas que dispongan montanera.

Tres grandes diferencias

Por tanto para estas navidades va haber pocos jamones, mucha falsificación, y todos muy caros. Un autentico jamón de cerdo ibérico puro, criado en el campo (una camada, madre y cuatro cochinillos, necesita un mínimo de una hectárea por camada) es costoso. Pero como no cae el agua suficiente para que haya bellotas y pastos, se les tiene que ayudar en su alimentación con piensos elaborados. Ahí es donde surge un primer fraude. Para distinguir un ibérico verídico, tiene que ser estrecho y alargado y llevar una etiqueta pequeña, de plástico negra total. El color de la pezuña puede cambiar.

El pata negra

Hace unos años, en una venta castiza de la provincia de Huelva entró un hombre mayor con toda su prole. Se fue para el dueño del local, que estaba sirviendo tras la barra. Y para que todo el mundo lo oyera gritó: «¡Eres un cabrón con pintas a rayas!». (Sic). El personal giramos la cabeza al personaje, el cual ya con la atención de todos , exclamo de nuevo: «¿Será H. de P. que le pinta la pezuñas a los marranos con Kanfor para decir que son pata negra?». Esto es auténtico. Por tanto, nunca hay duros a 4 pesetas, y menos en estos tiempos. Cuídense.