Juan Morón en el centro junto a David y Pilar Peña, propietarios del Bar Aliatar. / i. c.

Con nombre propio Juan Morón: 56 años detrás de la barra del Aliatar

El pasado domingo recibió el sincero homenaje de sus clientes, de sus jefes y, por supuesto, de su familia. Ahora ha decidido disfrutar de su merecida jubilación

MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ PARDO

Pocas personas pueden contar que en toda su vida laboral han tenido un solo empleador, es el caso de Juan Morón. Con trece años y medio entró como aprendiz en el Bar Aliatar y el pasado domingo se jubiló después de 56 años de trabajo con la familia Peña. «He sido un empleado público de la hostelería, en pocas empresas privadas se respeta tanto a un trabajador, me siento muy afortunado, me han tratado como familia» comenta este hombre que transmite bondad y cuyas manos reflejan los años de cocina. Habla con emoción de su trabajo y con cariño de sus jefes. «Me va a costar acostumbrarme, aunque estaba prejubilado desde los 65 años, yo he seguido yendo los domingos a abrir el bar, todavía tengo las llaves. El día 11 de diciembre cumplí 70 años y he decidido parar» nos dice Juan en una cafetería de Huétor Vega, su lugar de residencia. Pero en realidad él es de otro Huétor, de Huétor Tajar.

Su familia se trasladó a Granada en busca de trabajo cuando Juan tenía 13 años y en aquel momento su padre les encontró a él y a su hermano Inocencio un puesto de aprendices en el Bar Aliatar. «Al principio fregaba y limpiaba, después pasé a la barra y en los últimos años he estado en la cocina». Rápidamente pasa a enumerar los bocadillos que más le pedían: de habas, de ensaladilla, san francisco, montijano… «a la gente joven de hoy en día les gustan más los que llevan carne». Habla una persona que conoce como nadie los gustos de sus clientes, «a muchos, cuando entraban por la puerta, ya directamente les preparaba su pedido». Por la barra del Aliatar han pasado varias generaciones, «muchos clientes me cuentan que ya venían con sus padres y hoy traen a sus nietos». Este negocio fue fundado en el año 1947 por Salvador Peña Palacios. El primer local se ubicaba en la calle Recogidas y en 1957 se trasladaron a la calle San Sebastián, junto a la plaza del Carmen, donde Juan ha pasado toda su vida.

También cuentan con un local en la calle San Antón y otro de reciente apertura en La Caleta. «Yo siempre he estado en el mismo lugar, empecé con Don Salvador, después con sus hijos Salvador y Paco y ahora con sus nietos». Es estos 56 años, Juan se casó con su mujer Juana y han tenido 4 hijos: María, Juan, Ignacio y Jesús. Una vida fraguada a base de esfuerzo y tesón, «yo solo he faltado a mi trabajo en dos ocasiones, una vez cuando me rompí la clavícula y otra vez el tobillo en una caída de la moto, que es mi mano derecha: siempre me he movido en ella».

Mucho ha cambiado Granada en estas cinco décadas, pero hay algo que permanece, el sabor de los bocadillos del Aliatar, una seña de identidad de esta ciudad que durante años, muchos años, ha elaborado Juán Morón.

Anécdotas de su dilatada trayectoria en la hostelería

A lo largo de estos años ha atendido a miles y miles de personas, incluso a algunos personajes famosos, como actores norteamericanos que grababan películas en el Mini Hollywood de Almería y en su visita a Granada pasaban por el Aliatar a disfrutar de sus bocadillos; a infinidad de turistas que llegaban de todos los rincones del mundo con su guía Trotamundos en la mano y, sobre todo, a generaciones de granadinos: «recuerdo a mucha gente que venía de médicos o papeles y tenía que esperar el Corto Loja o el autobús para sus pueblos y hacían tiempo con nuestros bocadillos».