Francisco Pérez ve la vida pasar desde su kiosco del Zaidín y cuida con mimo y esmero a la clientela. Pepe Marín
Una Alhambra con | Francisco Pérez Amaya, kiosquero

«En los kioscos estamos siempre cerca de la gente»

Además de kiosco de prensa, lo de Francis es un punto de información, locker y, en un futuro, lo mismo dispensa cafés y bebidas frías. Hay que reinventarse siempre

Jesús Lens

Granada

Viernes, 9 de enero 2026, 15:32

Es una de las primeras personas a las que veo todas las mañanas. Y, por ende, su amable, cercano y cariñoso saludo es uno de ... los primeros que recibo cada día, antes de los de las camareras y los camareros de las cafeterías a las que voy a desayunar. Para unos es Francis. Para otros, Paquito. Y para todos tiene una sonrisa y una palabra amable. Es el kiosquero del Zaidín, en mitad de la Avenida de Cádiz, y lleva toda una vida allí. En su trabajo hace más, mucho más, que vender periódicos y revistas, como tendremos ocasión de comprobar. Parte de las preguntas de esta charla las hace quien firma, pero otras las harán las clientas y clientes que no dejan de pasar, siempre tuteando a Francis como al amigo, a la persona de confianza que es. Por ejemplo, esta primera...

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–¿Tienes alguna revista de las que traen agenda de regalo?

–¡Qué va! ¡Ya se han terminado! Las que traían agenda fueron las que vinieron en diciembre. En enero ya no quedan.

–¿Hace cuántos años que lleva en su quiosco de la Avda. Cádiz?

–El próximo febrero hago 31 años, que me vine en el año 95. Al principio costó mucho despegar, que los tres primeros años fueron muy malos. El kiosco era muy pequeño y fui metiendo más género, además de tabaco y chucherías, para ampliar el rango de negocio.

–¿Tenía experiencia previa?

–En absoluto, pero sí conseguí clientela fiel desde el principio. Antes de tener el kiosco fui camarero en la cafetería Librada de la Avda. de Dílar, de los 16 a los 20 años. Cuando me vine aquí, clientela de la cafetería venía a comprar.

–¿Cómo lleva lo de no cerrar (casi) ningún día?

–Nosotros vamos con los periódicos. Sólo cerramos el día de Navidad, el de Año Nuevo y el Sábado Santo. Cada vez me cuesta más, que es muy duro y la rentabilidad del negocio no da para meter a una persona y cogerme días libres. Lo único que hago es cerrar 15 días en verano.

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–¿Y desde cuándo cierra por las tardes?

–Desde la pandemia. Ya había detectado antes una cosa curiosa: por las mañanas siempre hay clientela nueva y saludo a alguien distinto. La clientela de la tarde, sin embargo, era siempre la misma a la que ya había visto por la mañana o a la que iba a ver a la mañana siguiente. Nunca venía nadie nuevo. Ni siquiera los lunes, martes y miércoles, los días más fuertes, que es cuando llegan las revistas nuevas.

–¿Se siguen vendiendo periódicos y revistas?

–Sí. Desde los tiempos de esplendor, habrá bajado la venta entre un 40% a un 50%, pero se ha estabilizado la cosa. Las que más se venden son el Pronto y las del National Geographic. La de la Alhambra no para de venderse. La repongo siempre y siempre se agota. Las de cocina y recetas han bajado más.

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–¿Y cromos? ¿Y coleccionables?

–¡También! Sobre todo los cromos de fútbol. Las 'adrenalyn' y las otras que, en vez de pegarse en el álbum, se guardan en archivadores. Y revistas como las de Lego, Playmóbil o Minecraft.

–¿Y es la gente fiel?

–¡Sí! Y las esperan con mucha expectación y gran interés. En ese sentido, animo a la gente a que compre siempre esos productos en el kiosco, que también se pueden suscribir aquí para no perder ni un número y estamos cerca la gente para responder a sus preguntas, aclarar dudas y comentar.

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–¡Menudas tertulias se organizan aquí a veces! Casi parece usted un poco psicólogo...

–(Risas) Aquí veo pasar la vida entera del Zaidín. Viene mucha gente y hablamos de muchos temas. Y jamás he tenido ni un problema de seguridad. Eso sí, a lo largo de tantos años se ha ido 'yendo' mucha de la clientela que, cuando empecé, aún no era demasiado mayor. ¡Pero es que son ya más de 30 años!

–¿Cómo hace para desayunar?

–Me traen el café, buenísimo, y la tostada del Mariano. Aunque la cafetería se llama 'Maracaibo', es el Mariano de toda la vida. Él y su mujer son extraordinarios. Y para otras necesidades, tengo ya el cuerpo educado y entrenado para aguantar. (Risas). Eso sí, mejor el invierno que el verano.

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