Javier Valenzuela disfruta de un bocadillo de habas con jamón en el Bar Aliatar. / ramón L. Pérez

Una Alhambra con Javier Valenzuela | Periodista y escritor

«Cuando estoy lejos tengo nostalgia de las habas con jamón»

Javier Valenzuela se declara políticamente incorrecto al hablar de gastronomía. No soporta las comidas interminables y le gustan los platos rápidos y sencillos

JESÚS LENS Granada

Ya me lo advirtió mientras hablábamos de dónde hacer esta entrevista. «Lo mismo no te gusta lo que te cuento», me decía. «¿Y por qué no me iba a gustar», pensaba yo. Javier Valenzuela me propone quedar en el Bar Aliatar.El del centro. El de toda la vida. «Siempre he sido de los bocadillitos de Aliatar. ¿Te sirve?» ¡Claro que me sirve! Javier acaba de publicar novela nueva, 'La muerte tendrá que esperar', con la editorial Huso. Vive a caballo entre Madrid, Salobreña y Bubión y es un ciclón que no para quieto un instante. No tarda en meterse en harina.

–¿Por qué, el Aliatar?

–Porque aquí me traía mi padre. Fue el primer bar en introducir la fast food en Granada.Es una maravilla. Cinco o diez minutos y ya has comido. (En ese momento llega Carlos, responsable de Aliatar, para llenar los quintos de Alhambra y Javier le pregunta por el tamaño de los bocadillos, que los recordaba más pequeños. «Depende del día», responde Carlos. «Hoy han venido algo más grandes», dice mientras nos pone dos, de habas con jamón).

–No es usted de mucho comer...

–Soy un granadino nómada, como León el Africano, y de muy poco comer, como en las tribus del desierto. El tiempo que ahorro lo invierto en actividades más productivas como caminar, leer, escribir, ver una película... Cuando iba al extranjero en viajes diplomáticos, me excusaba ante el embajador de la República Checa, por ejemplo, y me iba a patear la ciudad, a cruzar el Puente de Carlos.

–¿Y esas ideas, esos proyectos que surgen en las comidas?

–¡Tienen algo de maligno y poco saludable! (Risas). Las buenas ideas surgen con el cuerpo en movimiento, caminando, con la sangre circulando y regando el cerebro. Yo soy epicúreo. De placeres sencillos. Me gusta tomar un vaso de vino con la comida, que ayuda a la digestión y le da chispa al cerebro. La borrachera embota, da resaca y es mala para el hígado.

–¿Le gustan los vinos de Granada?

–Los de Barranco Oscuro, que ha dignificado el vino alpujarreño y de la costa, con su selección de cepas y el trabajo de la tierra.

–¿Dónde le gusta comer en Salobreña?

–En El Pesetas. Es mi bar. Antonio sabe lo que quiero nada más llegar: una cervecita fresquita y la jibia a la plancha con ajos. Me gusta ir a los sitios donde me conocen y la comida rápida y sencilla, que la reivindico siempre. Nada como unos buenos huevos con patatas bien fritas.

–¿Y en Bubión?

–Allí sobrevivo gracias a mis vecinas. Teresa, que me lleva el puchero de hinojos, con sus patatas y su pringá. O Luisa yAngelita, que me llevan productos de la huerta o huevos de sus gallinas. En Madrid hago periodismo, pero en Bubión es donde escribo las novelas, con su fresquito, su silencio y sus pocas interrupciones. Si no fuera por mis vecinas, solo comería latas de atún y bebería agua de las fuentes, que es magnífica. Sabrosa y gustosa. Aún me acuerdo del aguador del Realejo...

–Tánger es escenario de algunas de sus novelas. ¿Le gusta la comida marroquí?

–Sí. El cuscús y el tajine, por ejemplo. Me gusta mucho El Dorado, un restaurante en que me ponen la cerveza Flag, una ensalada y el pescado del día: lubina, dorada... como a mí me gusta.

–¿Le gusta la novela negra mediterránea, con sus comidas?

–Prefiero la norteamericana, en la que sus protagonistas no comen. Lo más, se toman un gimlet. Los cócteles sí me gustan. Se toman de pie, en 10/15 minutos, y puedes seguir la caminata. En La Roka de Salobreña, nada más llegar, Enrique me pone un Old Fashioned, pero con ron en vez de whisky, con su naranja. Me encanta. En las novelas de Vázquez Montalbán me saltaba las páginas en las que hablaba de comida y seguía leyendo.

–¿Cocinas internacionales?

–Adoro la libanesa y la berenjena. El mutabal, por ejemplo. Es la esencia del Mediterráneo. Como el aceite de oliva, que he aprendido a distinguirlo en las catas.

–¿Echa de menos la comida española cuando está fuera?

–Tengo nostalgia de las habas con jamón, que era un plato de lujo en mi infancia, a final de los 50 y primeros 60, un plato gourmet maravilloso.

Menú degustación

  • Un ingrediente Aceite de oliva virgen extra

  • Un plato de la infancia Las lentejas

  • Una tapa para abrir boca Las aceitunas aliñadas

  • Una cocina internacional La libanesa

  • Dulce favorito Mousse de chocolate