El mejor trago de una noche de verano llega con el cóctel

Puesta en escena de algunos de los elementos que componen el cóctel en la preciada atmósfera de Alexander Cocktail Bar. /Alfonso Maya
Puesta en escena de algunos de los elementos que componen el cóctel en la preciada atmósfera de Alexander Cocktail Bar. / Alfonso Maya

La magia de elaborar nuevas y exquisitas bebidas a partir de combinaciones milimétricamente exactas es el arte que consiguen dominar los bartender más virtuosos. En Granada, multitud de bares se suman a la oferta de estos sensacionales brebajes

TATIANA MERINO

Cuentan que, en tiempos de la reina Victoria, llegaban al puerto de San Francisco de Campeche, en México, comerciantes ingleses cargados de mercancías preciadas. Se reunían en tabernas donde se bebían tragos sin mezclar y, en ocasiones, se servían 'dracks' o bebidas a base de ron y ciertas mezclas que el camarero removía con una cuchara de metal. Fue por aquel entonces cuando se vio por vez primera ciertas raíces finas empleadas por el bartender para 'cocinar' una mejor receta en sus mezclas ocasionales de bebidas alcohólicas. Esa determinada raíz, que se conocía como cola de gallo, es la que otorga el nombre que hoy conocemos, 'cock's-tail'. Y aunque hay quien prefiere otorgar el origen etimológico a la lengua gala, lo cierto es que pronto se extendió la costumbre de elaborar bebidas a base de combinaciones entre diversos elementos, como bebidas espirituosas, hierbas, frutas, flores y cualquier otro ingrediente comestible que se pudiera transformar en líquido. Con frecuencia, estas bebidas alcohólicas resultaban repugnantes e incluso tóxicas, en ocasiones, por lo que se optó por disfrazar el sabor mediante zumos de frutas y bebidas carbonatadas.

El amplio mundo de la coctelería hace que se pueda crear una bebida para cada momento. Aunque la fórmula más habitual se ha centrado en un formato de bienvenida o aperitivo, lo cierto es que, dadas sus vastas posibilidades de conjugación, disfrutar de un combinado a modo de postre o incluso degustar un almuerzo maridado únicamente con cócteles no sólo es posible, sino que sorprende al comensal adentrándolo en las maravillas que puede ofrecer este amplio mundo.

Bien sean de corte reconstituyentes, refrescantes o digestivos, es cada vez más habitual encontrar rincones especializados en las magistrales combinaciones, alcohólicas o no, en las barras de los mejores restaurantes.

En verano, las frutas abundan entre las recetas más codiciadas ya que, quizás por lo amable de sus sabores, quizás por lo refrescante de muchas de ellas, es práctica habitual encontrar sorbos tropicales que lucen rebosantes de vigor por estas fechas en nuestra provincia. Cada vez más locales apuestan por esta tendencia que se está consolidando como alternativa enriquecedora en el mundo gastronómico, pues son ya siglos de historia los que acumulan los combinados en nuestra cultura. Así lo atestigua el primer cóctel documentado, que data del siglo XVI. Así, Martins, María de la O, Paripé, Verdi, Sarao y Panema gastrobar son algunos de los establecimientos más demandados cuando de tomar un buen sorbo se trata.

Junto a ellos, Curro Marín es uno de los cocteleros más populares de la capital, habiendo conquistado paladares a golpe de ingenio desde que sacó a la venta su propia ginebra y el apreciado vermú de garage con el que ameniza muchos encuentros gastronómicos de la provincia. Pero si de coctelería hablamos, nada como esa valiosa joya que alberga Granada en los aledaños de la Avenida de la Constitución, Alexander cocktail Bar, un genuino y mágico lugar en el que la familia Maya lleva años regalando instantes únicos para el deleite de sus 'invitados'.

En palabras del gran bartender y colaborador de este periódico gastronómico, Alfonso Maya, quién gestiona actualmente Alexander, tomemos nota de una interesante reflexión: «Soy el más anticuado cuando se trata de acercarme a algo que me gusta de verdad. No puedes dejarte llevar por el físico, porque, muchachos, ya sabes cómo va eso. Las personas, como los cócteles, tienen más que ofrecer aparte de su físico. Por eso, lo primero en lo que me fijo cuando conozco a alguien es su calidad humana. Es tan agradable conocer a personas que no llevan máscaras, que se atreven a ser amables, como un efímero pero suculento cóctel de verano que te conduce directamente a otro tiempo y a otros espacios, al paraíso en la tierra prometida. Pongamos de moda la felicidad: ¿Cuál sería el propósito para este verano? Que el eje no deje de girar, para que el amor siga a la música como la noche sigue al día. Al fin y al cabo, no se trata de cuánto tiempo lleves aquí o de cuántos años tengas. Lo que importa son los kilómetros que hayas viajado».