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El menú de Restaurante Damasqueros, reconocido con un Sol RepsolLo probabas sin guisante y estaba extraordinario. Le añadías uno de los crujientes y dulces guisantes lágrima y estaba para eso. Para derramar lágrimas. Lola Marín es parca a la hora de explicar sus platos. Mientras que otros cocineros emplean tres renglones para describir cada una de sus creaciones, en Restaurante Damasqueros son escuetos: 'Gazpachuelo: pintarroja, quisquilla de Motril y guisante', reza en la hoja con su menú degustación.
Es posible que sea mejor así. Que el protagonismo recaiga íntegramente en el plato, en su sabor, su aroma y sus texturas. Por ejemplo, las de este gazpachuelo, que se ha colocado en un lugar muy alto de cara a un posible Top 10 con los mejores platos del año, en esos inevitables recopilatorios que hacemos en diciembre.
Fue el plato que más me gustó de un menú degustación amplio, variado y repleto de propuestas basadas en el producto granadino, que sale enaltecido de la cocina de Lola Marín, que ha renovado un más que merecido Sol Repsol y que apunta más alto, más lejos, más fuerte; siguiendo el ideario olímpico.
Nada más sentarte a la mesa, la degustación de aceite, con el O-Med ecológico que hacen en Ácula. A este aceite le tengo un cariño especial, que Paco Belmonte ha conseguido que sea uno de mis AOVE de cabecera. Otro día les hablo de algunos otros de mis favoritos. Y para acompañar al aperitivo, 'Calabaza y chorizo y consomé', Jonatan comenzó por una refrescante Milno, la 1925 de Cervezas Alhambra.
Hablo de Jonatan Fernández Quirós con la familiaridad de ser uno de los rostros más reconocibles de la sala granadina. ¡Qué buen tándem está haciendo con Lola, apostando él también por los vinos de Andalucía y, con especial mimo, por los de Granada! Es garantía de éxito en los maridajes y su atención es proverbialmente cercana y profesional.
Como otras veces, no les voy a detallar el menú completo. Apenas unos trazos para mostrar la versatilidad y variedad de los selectos productos locales que desfilaron por la mesa. Como el carpaccio de cerdo San Pascual, el de Dúrcal, con requesón y el ácido de la manzana o el muy sorprendente sedoso de chirimoya , esturión de Riofrío y ciruela que condensa la fruta de la Costa Tropical con la potencia de sabor de una de las joyas del Poniente granadino.
En vinos, pasamos de Los Turistas, un Pedro Ximénez de Montilla Moriles a un blanco que no conocía de la granadina bodega Méndez Moya, un Sauvignon Blanc excelente.
Me encantaron también las mollejas de ternera, boniato y champiñón, un plato muy, muy atrevido que sale airoso del embite y, por supuesto, el pulpo de Motril, col y ajo. Y entonces llegó uno de esos platos de carne que silencian la mesa y reclaman toda la atención: civet de vaca pajuna de Sierra Nevada, patata, kale y holandesa. ¡Tremendo!
Algunos otros vinos: el Carvajal de Jerez, Palomino Fino; el Chapo de Granada, un Pinot Noir excelente y, ¡sorpresa! el orange wine de Bodega García de Verdevique que tanto me gustó cuando lo probé en la cata realizada en Casa Enrique. Y ojo al Entredicho, una osada combinación de uvas que hacen en Jaén.
Terminamos con unas gachas, higo alpujarreño y limón del Valle de Lecrín, otra declaración de principios, acompañadas por un Piamater hecho con Moscatel de Alejandría de Málaga.
Un menú que vale todo un Sol Repsol y que deja un inmejorable sabor de boca.
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