Los momentos dulces de Curro Albaicín
Aunque oficialmente se ha retirado, Curro sigue viviendo momentos dulces repletos de arte, música y pasión
Viernes, 27 de febrero 2026, 00:16
¡Hasta el nombre es bonito!», exclama Curro Albaicín en la puerta de su cueva, en pleno Sacromonte, al recibir sus 'Lágrimas de Boabdil'. ... Un dulce que llega a bordo de esa moto eléctrica de 125 no contaminante y perfectamente acondicionada para repartir de forma sostenible y segura, que mantiene la cadena de frío intacta.
Curro se confiesa dulcero. «Pero me controlo», dice con buen humor. Eso sí: «el 22 de enero cumplí 78 años. Menos mal que en las tartas ya se ponen solo dos velas con el número. Si no, no habría tarta para tanta vela». (Risas). «Nací en 1948 en esta misma cueva en la que sigo viviendo», dice con orgullo.
Está trabajando en otro libro. Tras 'Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte' y su 'Cantes y sentimiento'; toca hablar de la decadencia del barrio tras los hundimientos provocados por las terribles lluvias del año 1963.
Aunque oficialmente se ha retirado, Curro sigue viviendo momentos dulces repletos de arte, música y pasión. Participó en el ciclo 'Lorca en el Generalife' con Manolo Liñán, que llevarán a Francia y Madrid. «Me permite seguir conectado».
Sobre el estado actual del Sacromonte, Curro Albaicín considera que está mal de infraestructuras. Reivindica a Antonio Jara, cuando hizo la Verea de Enmedio, y reclama más atención. Eso sí, destaca los 18 tablaos activos en Granada, de los que ocho o nueve están aquí. Y una reivindicación a la gente de Granada: ¡que suba más al Sacromonte! «Muchas personas solo vienen para San Cecilio o para ver el Cristo de los Gitanos, pero este barrio es maravilloso. ¡Estas vistas, en plena naturaleza!».
Otro de los momentos dulces de Curro Albaicín ha sido el trabajo de recuperación de los bailes y los cantes tradicionales de Granada. Si no hubiera sido por esa labor se habrían perdido. Y es algo que debemos reconocerle y agradecerle.
Y su trabajo en el cine también le deja regusto dulce. Tanto en 'Sacromonte, los sabios de la tribu', el magistral documental de la cineasta granadina Chus Gutiérrez, como en 'Zambra', de José Sánchez-Montes. «Es importante que se queden las cosas documentadas. Que las generaciones venideras sepan lo que fue esto, el flamenco que se hizo aquí y todas las personalidades que por aquí pasaron. De la política, la sociedad y las luminarias de Hollywood. Un flamenco diferente al de otros sitios: se hacía en una cueva, con sus bailes autóctonos». De ahí que se muestre orgulloso de que esos cantes los hayan grabado las y los jóvenes: Marina Heredia, Estrella Morente y los tangos recuperados que cantan Arcángel y Poveda».
Más momentos dulces. «La niñez fue lo más dulce, cuando había 4000 personas en este barrio dedicadas al flamenco. Yo bailaba desde los 4 años… ¡Esas mujeres guapas, cantaoras y bailaoras vestidas de flamencas! Mi madre cantaora, mi padre trabajador… Esa niñez dulce con mis tías y mis primos… Lo añoro. De ahí esa labor de recuperación, casi a modo de deber con el barrio, de devolverle todo lo que me dio. Ese colegio del Ave María en plena naturaleza, cuando nos bañábamos en el río. Era vivir al aire libre, subir a los árboles a coger la fruta y tirarnos rodando por los montes», recuerda Curro con dulzura.
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