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Los momentos dulces de Patty Bonet

La comunicadora y activista Patty Bonet en su reciente paso por Granada para presentar los Premios Desafío recibió la famosa tarta 'Lágrimas de Boabdil

Cristina Ocete, Patty Bonet y Manuel Zambudio

Patty Bonet nos acompaña todas las noches en el espacio televisivo de la ONCE que se emite en TVE. Además de alegrar con los premios ... ha calado entre el público por su simpatía y naturalidad. Por segundo año consecutivo ha sido la encargada de presentar los Premios Desafío. «Lo viví con muchísima ilusión», reconoce. La ciudad, el cariño del público y el aprendizaje compartido con los premiados hicieron que esta segunda experiencia fuese todavía más emotiva. Aunque confiesa que aún tiene pendiente disfrutar Granada con calma: «Las dos veces ha sido ir, presentar y volverme por trabajo. Tengo pendiente vivir la ciudad más días».

Patty lleva a cabo una intensa actividad en redes sociales que aprovecha para dar visibilidad a cuestiones de calado. En sus redes apuesta por mostrar tanto la felicidad como los momentos difíciles. Habla sin filtros de ansiedad, discapacidad visual e inclusión, convencida de que compartir también ayuda a acompañar. «Creo que es importante visibilizarlo porque hay personas que te siguen y encuentran compañía», explica.

Y si algo define su manera de comunicar es el humor. «Siempre opto por el humor como base de todo», asegura. Para Patty, una sonrisa puede transformar cualquier situación y acercar a las personas desde la autenticidad.

Entre confesiones personales y reflexiones, también hubo espacio para descubrir uno de los grandes placeres de la vida: la tarta 'Lágrimas de Boabdil', la más conocida de Tartas Cristina. Manuel Zambudio y Cristina Ocete acudieron al evento para hacer entrega de la tarta. Aunque inicialmente dudó de la combinación de sabores —almendra y mermelada de fresa— terminó completamente sorprendida. «Superó todas mis expectativas», cuenta entre risas.

La tarta acabó compartida con sus compañeros de la ONCE y el resultado fue unánime: éxito absoluto. Para ella, los productos artesanales tienen un valor añadido imposible de replicar. «Sabes que detrás hay esfuerzo, trabajo y muchísimo cariño», afirma. Además, reivindica la importancia de apoyar el comercio local: «Las grandes cadenas pierden esa cercanía. Lo artesanal sabe diferente».

Amante del chocolate, la red velvet y los pequeños placeres cotidianos, Patty define este momento de su vida como una mezcla de sabores intensos: «Lo relacionaría con un chocolate amargo, porque me están pasando cosas muy bonitas y otras algo amargas».

Y quizá ahí esté precisamente la esencia de la vida: aprender a saborear lo dulce incluso cuando aparecen matices intensos. Siempre, eso sí, con humor, buena compañía… y una tarta compartida.

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