Los quesos más premiados de Las RRR de Maracena forman parte de la oferta gastronómica del Parador. / J. L.

Gastrobitácora

Parador y paseo para arrancar 2023

Subir caminando a la Alhambra y darse un homenaje en el Parador el día 1 de enero es toda una declaración de principios y una inmejorable forma de comenzar el año

Jesús Lens
JESÚS LENS Granada

Se lo cuento ahora, aunque ya sea tarde. Apúntenlo para dentro de un año, pero no se lo digan a nadie. Guarden el secreto. Solo hay dos días en que la Alhambra permanece cerrada: el 25 de diciembre y el 1 de enero. Dar un paseo hasta sus dominios se convierte, por tanto, en un ejercicio doblemente reconfortante: se suman la sobrecogedora belleza sin igual del entorno y el silencio y la tranquilidad por la ausencia de turismo masivo.

Y así fue como comenzamos este año, también gastronómico. Purgamos los excesos de la Nochevieja a través de un relajado y moroso paseo de más de una hora y volvimos a hidratarnos y alimentarnos en el Parador de Granada, establecimiento al que ustedes saben que le tengo un cariño, una querencia muy especial. Por el entorno, por supuesto, que comer en plenos jardines del Generalife es un lujazo que podemos darnos en Granada. Por la soberbia cocina de Juan Francisco Castro, uno de los grandes chefs de nuestra tierra. Y por la simpatía y profesionalidad de un equipo de sala en el que las sonrisas francas se dan la mano con la didáctica gastronómica y vinatera.

Si las últimas cañas del 2022 las disfrutamos en Bodegas Castañeda, el Mesón Alegría y la terraza de Las Titas, bajo ese sol de invierno que calienta sin quemar; la primera del año cayó entre el rumor de agua de los pilares del Parador y el susurro de los pájaros, perezosos ellos también. Le añadimos un vermú al aperitivo, en forma de salmorejo de papaya con crujiente y Juanfran nos deleitó con algunos de los platos que conformaron el excelso menú de Nochevieja que el Parador brindó a sus huéspedes.

Por ejemplo, una prodigiosa crema de boletus edulis y castañas con espuma de leche y ajonegro. Se acompañaba de perlas de miel de caña para darle un toque dulce a algunos de los bocados. Poco se habla de las cremas de castañas. Soy muy fan de la de Chikito, también. En cuanto se acaben las fiestas y se impongan las ensaladas, sopas y cremas sobre las lujuriosas carnes, volveremos sobre ella.

Un contundente taco de atún rojo con mermelada de mango, crema de patata y trufa aestivium dio paso a la presa de bellota ibérica con jugo de arándano y jengibre. ¡Cómo le gustan a Juanfran los sabores agridulces tan propios de la gastronomía nazarí! Y qué buena mano tiene para equilibrarlos y que cada bocado sea excelso.

El prepostre, como los vinos, saca pecho de los productos granadinos. Tanto el blanco como el tinto fueron de Muñana y la selección de quesos nos permitió paladear las medallas Súper Gold de Las RRR de Maracena, con su queso de cabra pata negra y el de oveja al romero acompañados por un dulce toque picante, incluidos los festivos peta zeta explotando en la boca. Para terminar, texturas de chocolate con fresas.

Ni que decir tiene que, al salir, tocó darse otra larga caminata por el entorno de la Alhambra. Para rebajar lo mucho y bueno de la comida y solazarnos con esa Granada mágica que nunca dejará de sorprendernos y cautivarnos.