Juan Pedro Ruiz muestra la carne de Pepito, antes de pasar por las brasas, en el Asador Curro. / j. l.

Gastrobitácora

'Pepito', la exquisitez hecha chuleta

Carnicería Carrasco, un templo para los amantes de la carne, llevó al Asador Curro una pieza de ese mítico buey de rubia gallega, el mejor que he tenido la suerte de probar jamás

JESÚS LENS Granada

jesús lens

Vivió en la localidad pontevedresa de Covelo a cuerpo de rey. Se alimentó solo de maíz y hierba fresca hasta alcanzar los 2000 kilos de peso y fue uno más de la familia. Hablamos de 'Pepito', un soberbio buey de la raza rubia gallega, una de las mejores del mundo. Cuando pasó a mejor vida, resultó que su carne era soberbia. Y en Granada tenemos la suerte de que Carnicería Carrasco, una de las grandes de nuestra tierra, sinónimo de calidad a ultranza, se haya hecho con uno de los codiciados lomos de ese ya mítico 'Pepito'.

La semana pasada tuvimos el privilegio de probar un T-bone steak de esa carne portentosa en el Asador Curro, otro templo a la excelencia culinaria. Y créanme cuando les digo que es uno de los bocados más exquisitos que he tenido ocasión de probar.

Tras un vermú de Garaje de Curro, anfitrión de la noche junto a su socio y amigo Bubi Morenodávila; el dueño de Carnicería Carrasco, Juan Pedro Ruiz, hizo una magnífica introducción al mundo de las carnes maduradas y nos contó las bondades de la frisona o la rubia gallega, que están entre las mejores carnes del mundo, codeándose de tú a tú con los wagyu o las carnes nórdicas en los grandes certámenes internacionales. En el World Steak Challenge celebrado en Dublín hace unas semanas, sin ir más lejos, de donde salió muy airosa.

Juan Pedro sube a Galicia una vez cada dos meses de promedio y visita fincas y mataderos con la gente de Gutrei, su proveedor de confianza. Así es como se trae a su carnicería carnes lujuriosas de potente sabor. Siempre material muy seleccionado, carne certificada y con trazabilidad. Como ese lomo de 'Pepito'. O una rubia gallega especial que bajará en unas semanas o, por qué no y llegado el caso, un buey entero, algo que se está pensando.

Antes de entregarnos a las carnes degustamos algunos de los clásicos de Asador Curro, del aceite Malacasta a las croquetas de morcilla, que son una de mis perdiciones. Un jugoso steak tartar de salchichón Joselito y el imprescindible y sin igual carpaccio de quisquilla. A destacar, además de los sabores y las texturas de estas dos últimas propuestas, el trabajo de aliñado en sala, frente al cliente, para que aprecie más y mejor los platos. Y todo ello regado con los vinos de El Lagar de Isilla.

Y entonces, ya sí: las carnes. Comenzamos por una picaña de rubia gallega esplendorosa. Seguimos con un lomo bajo de frisona de 150 días de maduración y con un chuletón de unos siete meses. Y, para rematar, la joya de la corona. Honrábamos al animal con cada bocado de Pepito. Sabor persistente, láctico, de una carne sin igual. Como les decía antes, de lo mejor que he probado nunca.

Que en una carnicería de Granada haya ahora mismo a la venta un lomo de Pepito es un raro, un extraño privilegio. Eso sí: barato, barato; lo que se dice barato, no es. Es un capricho. Un lujo. ¡Un lujazo! Si les gustan las buenas carnes, las selectas piezas de raza gallega, en Carnicería Carrasco tienen un templo donde las veneran y las cuidan con mimo y delectación. De cara a la Navidad...