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Perdices, para comer como reyes

Perdices, para comer como reyes

Un capricho, una delicatessen que además de resultar una exquisitez, aporta numerosas propiedades beneficiosas al organismo

Jesús Lens

Granada

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Viernes, 26 de abril 2024, 00:14

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Lo primero: ojito dónde piden perdices, no sea que les den gato por liebre… aunque no haya ánimo alguno de engaño. En Granada, por ejemplo, si les ofrecen perdices en un sitio popular, lo más probable es que a su mesa lleguen patatas asadas con sal y pimienta. Y si las piden en Murcia, serán de color verde y con forma de cogollo de lechuga, igualmente acompañadas de sal y pimienta y regadas con un chorreón de AOVE.

Dicho lo cuál, no es fácil encontrar sitios donde tengan la perdiz como plato habitual, que sigue siendo una exquisitez, casi, casi comida de reyes y elemento esencial de los banquetes cortesanos.

Como hemos comentado otras veces al hablar de productos excelsos y especiales, no serán precisamente sus cualidades nutricionales las que nos lleven a comer perdices si se nos ponen a tiro. Eso sí, una vez en el plato, no debemos sentirnos culpables, que su carne es muy preciada, también, por su contenido en proteínas y vitamina B, lo que las hace idóneas para deportistas: es un bocado que se transforma en energía con facilidad.

Por cuanto a minerales, la perdiz es fuente de hierro, potasio, zinc y magnesio y contribuye a proteger el sistema nervioso. Como las perdices son aves que están en continuo movimiento, su carne apenas acumula grasa y, al provenir de caza salvaje, no han sido alimentadas con piensos por lo que está libre de aditivos y otros componentes añadidos. Ojo al plomo… de los balines, eso sí. Aporta omega 3 y es buena para combatir el colesterol. Pero cuidado si tiene ácido úrico: comer como un rey siempre arrostra ciertos riesgos y peligros.

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